Magdy Tantawi escribe: Todos actuamos ante Dios... y todos somos necios

May 13, 2026 - 20:34
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Magdy Tantawi escribe: Todos actuamos ante Dios... y todos somos necios

Una de las cosas más peligrosas a las que ha llegado el ser humano en esta era es que ya no solo engaña a la gente, sino que intenta engañar al mismo Dios, como si Él no conociera lo secreto y lo más oculto, y como si las apariencias fueran capaces de falsificar las realidades ante el Creador de los cielos y la tierra.

Hemos visto cómo la religiosidad se transforma para muchos en un gran teatro:

Vestimentas especiales,

barbas largas,

oraciones frente a las cámaras,

discursos rimbombantes

y consignas sobre la virtud.

Pero cuando caen las máscaras, aparecen la codicia, el odio, el fanatismo y el amor al poder y al dinero.

La desgracia es que esta actuación ya no se limita a la gente común, sino que ha penetrado en algunos de los propios hombres de religión.

Hay quienes hablan de misericordia mientras siembran la discordia;

quienes alzan el lema del amor mientras desprecian a los demás;

y quienes hablan en nombre de Dios como si fueran los agentes exclusivos del Paraíso y del Infierno.

Algunos jeques, sacerdotes y rabinos han caído en la misma trampa.

En lugar de que la religión sea un camino para salvar al hombre, para algunos se ha convertido en un medio de influencia, control e intimidación. Cada grupo afirma poseer la verdad absoluta y que Dios solo los escucha a ellos y solo está satisfecho con ellos.

La dolorosa realidad es que la humanidad entera vive en un estado de estupidez colectiva:

Nos matamos unos a otros en nombre de Dios,

robamos en nombre del patriotismo,

mentimos en nombre de la sabiduría,

y engañamos en nombre de la moral;

y luego, nos paramos con toda desfachatez a decir que somos "la gente de la verdad".

¿Cómo puede el ser humano creer que engaña a Dios cuando sabe que Dios dice:

"Él conoce la traición de los ojos y lo que esconden los pechos"?

¿Cómo imagina un clérigo, un político o un comunicador que es capaz de falsificar la verdad para siempre, mientras que la propia historia desenmascara a todos, tarde o temprano?

El tipo de estupidez más peligroso no es la ignorancia, sino la pretensión de saber; no es la incredulidad explícita, sino la hipocresía escondida tras palabras sagradas.

Cuántas personas sencillas no alzan consignas religiosas, pero ante Dios son más sinceras y puras que miles de oradores. Y cuántos hombres de religión llenan el mundo con sus prédicas mientras sus corazones rebosan de soberbia, codicia y fanatismo.

Dios no necesita representantes,

ni ejércitos que comercien con Su nombre,

ni oradores que griten a la gente mientras sus actos desmienten sus palabras.

Dios quiere a un ser humano honesto,

justo,

misericordioso,

que no dañe a los demás

y que no explote la religión para lograr sus propios intereses.

La humanidad solo se salvará cuando deje de adorar a las personas, a las sectas y a las apariencias, y regrese a la esencia de los verdaderos valores divinos:

La justicia,

la misericordia,

la honestidad,

la libertad del hombre

y su dignidad.

En cuanto a seguir engañándose a uno mismo y fingir virtud, esto no generará más que odio y colapso.

Lo lamentable es que muchos se enfadarán con estas palabras porque se han acostumbrado a escuchar lo que les consuela, no lo que los deja en evidencia. Pero la verdad permanece clara:

Dios no se deja engañar,

la historia no perdona,

y las máscaras, por mucho que duren, caerán algún día.

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