Escrito por Magdi Tantawi Cuando las posturas políticas se mezclan con las relaciones entre los pueblos

Jun 17, 2026 - 09:31
 0
Escrito por Magdi Tantawi Cuando las posturas políticas se mezclan con las relaciones entre los pueblos

Uno de los errores más graves que pueden cometer las naciones es permitir que las disputas políticas o las posturas transitorias se transformen en juicios generales sobre pueblos enteros. Los pueblos no son los gobiernos, y los gobiernos no son los pueblos; la historia no se reduce a las posiciones de ciertos individuos, sin importar qué tan alto griten o qué tan graves sean sus ofensas.

Las relaciones egipcio-sudanesas han pasado por muchas etapas de acercamiento y distanciamiento, pero lo que no se puede negar es que entre ambos pueblos existen profundos lazos históricos, sociales y humanos que la geografía moldeó, los intereses unificaron, y largas décadas de convivencia, comunicación y parentesco consolidaron.

Es lamentable que, de vez en cuando, surjan voces extremistas aquí o allá que intenten deliberadamente ofender, sembrar el odio o retratar la relación entre ambos pueblos como si fuera una relación de rivalidad y enemistad. Esto ocurre mientras la realidad confirma que millones de sudaneses encontraron en Egipto una segunda patria que los acogió en momentos de dificultad, y que millones de egipcios siguen viendo a Sudán como un país hermano, unido a Egipto por lazos innegables.

No cabe duda de que algunas prácticas mediáticas y discursos políticos a lo largo de muchos años han contribuido a profundizar los malentendidos y a despertar susceptibilidades mutuas. Sin embargo, responsabilizar a todo un pueblo por lo que hacen individuos o corrientes específicas sigue siendo una injusticia que ni hace justicia ni construye un futuro.

Cualquier pueblo tiene derecho a exigir respeto y a rechazar las ofensas a su historia, su tierra o sus símbolos. Los egipcios tienen derecho a enfadarse cuando su patria o su pueblo son objeto de difamación, del mismo modo que los sudaneses tienen derecho a rechazar cualquier ofensa que los afecte. No obstante, este derecho debe ejercerse en el marco del respeto mutuo, no bajo la generalización y el insulto colectivo.

Egipto, con su historia, su civilización y su estatus, no necesita menospreciar a nadie para demostrar su valor. Asimismo, el valor de las naciones no se mide por su capacidad para insultar, sino por su capacidad de autocontrol, de elevar el diálogo y de defender el derecho con argumentos y una conducta digna.

La experiencia nos ha enseñado que las voces ruidosas en las redes sociales no representan a los pueblos, y que aquellos que se alimentan del odio son una minoría en todas partes. En cambio, la mayoría silenciosa de egipcios y sudaneses es consciente de que lo que une a ambos pueblos es mucho mayor que cualquier disputa pasajera o campaña temporal de incitación.

Sigue siendo el deber de las personas sensatas de ambas partes rechazar el discurso de odio, distinguir entre la crítica a las políticas y la ofensa a los pueblos, y recordar que el respeto no resta dignidad, sino que la reafirma; y que las relaciones entre las naciones no se construyen con arrebatos emocionales, sino con sabiduría, equidad y buen juicio.

Las grandes naciones no se ocupan de demostrar su grandeza a través de rivalidades, sino que su grandeza se manifiesta en su capacidad para preservar su dignidad y, al mismo tiempo, respetar a los demás. Esa es la verdadera fuerza que permanece cuando el ruido de las consignas se apaga y las batallas de palabras llegan a su fin.

What's Your Reaction?

Like Like 0
Dislike Dislike 0
Love Love 0
Funny Funny 0
Angry Angry 0
Sad Sad 0
Wow Wow 0