Cuando el musulmán decide, sin coacción, entrar en la religión del Islam, significa que ha estudiado los preceptos de Dios, ha comprendido los propósitos de sus legislaciones, prohibiciones y mandatos, y se ha comprometido a aplicar Su ley y Su camino en las transacciones y relaciones humanas para prósperar la Tierra, instaurar la misericordia, establecer la justicia y difundir la paz; así como a cumplir el mandato divino de cooperar en la piedad y la devoción, y no en el pecado y la agresión. Todo ello con el fin de lograr la seguridad y la estabilidad del ser humano, y fomentar el desarrollo y el progreso para elevar su vida en lo científico y en lo moral, honrarlo, proteger su libertad, asegurar sus derechos y preservar su libertad de elección en su fe, religión y ritos, sin más autoridad sobre él que su propia conciencia y el compromiso con su pacto con Dios.
No existe justificación para diferir sobre las palabras de Dios en Su Libro Claro, pues la lengua con la que Dios se dirige al ser humano es un árabe claro, sin enigmas ni ambigüedades para todo aquel que lea y hable la lengua árabe. Por ello, el argumento de Dios contra quienes intentaron complicar la comprensión de los versículos y sus propósitos se plasma en Su palabra: (Y ciertamente hemos facilitado el Corán para el recuerdo, ¿habrá pues quien reflexione?) (Al-Qamar: 22).
Así, Dios desmiente a quienes han engañado a la gente con interpretaciones y con la invención de causas de discordia y confusión, en un intento de impedir que las personas reflexionen sobre el Gran Libro de Dios, para así dominar con sus propios conceptos las mentes ajenas y erigirse en autoridad islámica sobre los versículos coránicos. Con ello buscan alcanzar objetivos opuestos a la voluntad divina de bien y rectitud para el ser humano, evitando que la gente se libere del dominio de los exegetas, los tradicionistas y los autores de narraciones falsas que conducen a la gente hacia una religión paralela al Islam; cuando Dios ha hecho del Gran Corán la única referencia del Islam, para que la gente se una tras sus legislaciones y su camino, los cuales los sacan de las tinieblas a la luz y liberan sus mentes del dominio e infiltración de los oscurantistas. Estos últimos los arrastran hacia la falsedad, los alejan de la luz de los versículos coránicos y los dirigen hacia sus propios intereses, al servicio de objetivos contrarios al mensaje de Dios para la humanidad, el cual llama al bien, la paz, la tolerancia, el honor del ser humano y la igualdad entre todos.
No existe superioridad de un ser humano sobre otro excepto por las buenas obras, lo que proporcione en la causa de Dios con escucha, obediencia y compromiso con Su pacto, y la aplicación de Su ley y Su camino sin desviarse de ellos ni un solo ápice; solo entonces se confirma la veracidad de su fe en el Islam.