La ocupación más peligrosa de la historia... La ocupación de la forma de pensar
En el marco del proyecto intelectual de la Fundación Internacional Message of Peace (Mensaje de la Paz), presidida por el pensador árabe Ali Muhammad Al-Shurafa Al-Hammadi
Desde los albores de la historia, la humanidad ha conocido diversas formas de ocupación: la ocupación de la tierra, la ocupación de los recursos y la ocupación de las decisiones políticas. Los pueblos resistían al ocupante hasta recuperar su tierra y su libertad, y cuando el invasor se retiraba, pensaban que la batalla había terminado.
Sin embargo, la historia revela una realidad distinta.
El ocupante puede abandonar la tierra, pero permanecer instalado en las mentes.
Y es aquí donde comienza el tipo de ocupación más peligroso.
La ocupación de la tierra priva a una nación de una parte de su territorio; en cambio, la ocupación de la forma de pensar la priva de su capacidad para construir su propio futuro. La tierra se puede recuperar, pero si la mente se rinde a otro, puede permanecer cautiva durante generaciones.
Por ello, el verdadero conflicto entre las naciones nunca ha sido una mera lucha por las fronteras, sino que ha sido —y sigue siendo— un conflicto sobre cómo se piensa.
Aquel que logra moldear la forma de pensar de una nación no necesitará ocuparla militarmente, porque esa nación reproducirá lo que él desea, lo defenderá e incluso puede que ataque a cualquiera que intente liberarla.
Es por esta razón que el Noble Corán no comenzó construyendo un Estado ni cambiando un sistema político, sino que empezó liberando la mente.
Lo primero que enfrentó en el ser humano fue la imitación ciega, como dice el Altísimo:
﴿وَإِذَا قِيلَ لَهُمُ اتَّبِعُوا مَا أَنْزَلَ اللَّهُ قَالُوا بَلْ نَتَّبِعُ مَا أَلْفَيْنَا عَلَيْهِ آبَاءَنَا﴾
«Y cuando se les dice: "Seguid lo que Dios ha revelado", responden: "No, seguiremos aquello en lo que encontramos a nuestros padres"».
El problema no radicaba en los padres, sino en la paralización de la mente y en la transformación del ser humano de un buscador de la verdad a un mero seguidor sin reflexión.
Por eso, se repiten en el Corán los llamados al pensamiento, al razonamiento, a la reflexión profunda y a la observación, hasta convertirse en una metodología permanente y no en simples predicaciones.
El Corán no quiere un ser humano que repita lo que escucha, sino uno que comprenda, sondere, ponga a prueba y elija con conocimiento de causa.
De aquí comprendemos que la ocupación más peligrosa no le impone una opinión al ser humano por la fuerza, sino que le hace creer que esa opinión es suya y que esa comprensión es su elección, cuando en realidad es el producto de un sistema ideológico en cuya construcción no participó.
Cuando se ocupa la forma de pensar, los significados de las palabras cambian, los conceptos se confunden y lo falso se convierte en verdadero y lo verdadero en falso, no porque la verdad haya cambiado, sino porque la balanza de medición ha cambiado.
Aquí comienza el viaje de la decadencia.
El ser humano ya no se pregunta: ¿qué es la verdad?, sino que pregunta: ¿qué dice la gente?
No busca la prueba, sino a quien le dé la razón.
No apela a la razón, sino a lo acostumbrado.
Esta es la ocupación que no se ve con los ojos, pero que cambia el destino de las naciones.
Las civilizaciones no colapsan el día en que sus ejércitos se debilitan, sino el día en que pierden su independencia intelectual. Una nación puede poseer las fábricas más modernas, las universidades más potentes y los ejércitos más grandes, pero seguirá siendo incapaz de crear si su forma de pensar es importada, rígida o teme hacerse preguntas.
Por lo tanto, la liberación de la mente no es un lema cultural, sino una necesidad civilizatoria.
De ahí radica la importancia del proyecto adoptado por la Fundación Internacional Message of Peace (Mensaje de la Paz): no parte del conflicto con las personas ni de la enemistad con la historia, sino que aboga por la reconstrucción del ser humano a través de los propósitos coránicos, para que su mente recupere la libertad y sea capaz de distinguir entre la verdad y la ilusión, entre lo permanente y lo variable, y entre la religión y el razonamiento humano.
Las naciones que liberan su tierra sin liberar sus mentes pueden volver a perder su tierra. En cambio, las naciones que liberan sus mentes poseen la capacidad de recuperarlo todo.
Por ello, la batalla del futuro no será entre quien posee armas y quien no las tiene, sino entre quien posee una mente libre y quien vive tras los muros ideológicos construidos por otros.
Si queremos un verdadero renacimiento, debemos comenzar por donde comenzó el Corán...
liberando la forma de pensar.
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