La visión del gran pensador árabe Ali Muhammad Al-Shurafa Al-Hammadi sobre el instinto sano y su concordancia con el camino de Dios.

Aug 3, 2026 - 14:56
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La visión del gran pensador árabe Ali Muhammad Al-Shurafa Al-Hammadi sobre el instinto sano y su concordancia con el camino de Dios.

El escritor e investigador Ahmed Shaaban, miembro de la Fundación Internacional "Mensaje de la Paz" (Resalat Al-Salam), habla sobre la visión del gran pensador árabe Ali Muhammad Al-Shurafa Al-Hammadi respecto a los valores y su armonía con la naturaleza humana primordial (fiṭra). En este contexto, plantea una pregunta y dice:

¿Por qué la naturaleza humana coincide con los valores y difiere con los intereses?

Al reflexionar sobre el alma humana, encontramos que esta se reconforta con la justicia, admira la benevolencia, halla tranquilidad en la verdad y aborrece la injusticia, la traición y la perfidia. Esto nos lleva a formular una pregunta fundamental:

¿Por qué la naturaleza humana concuerda con los valores, mientras que difiere respecto a los intereses?

El Sagrado Corán respondió a esta pregunta en aleyas comprehensivas, cuando el Altísimo dijo:

﴿ وَنَفْسٍ وَمَا سَوَّاهَا ۝ فَأَلْهَمَهَا فُجُورَهَا وَتَقْوَاهَا ۝ قَدْ أَفْلَحَ مَنْ زَكَّاهَا ۝ وَقَدْ خَابَ مَنْ دَسَّاهَا ﴾ [الشمس: 7-10]

«Y por el alma y Quien le dio forma armónica, e inspiró en ella su perversidad y su piedad. Habrá triunfado quien la purifique, y habrá fracasado quien la corrompa.» [Al-Shams: 7-10]

Estas aleyas revelan una verdad de suma importancia: el alma humana no fue dejada en la ignorancia respecto al camino del bien y del mal, sino que Dios le inspiró la percepción de ambos caminos y, posteriormente, le otorgó la libertad de elección. Por esta razón, el Corán no hizo que el éxito fuera el resultado directo de esta inspiración, sino la consecuencia de lo que el ser humano elige tras ella: «Habrá triunfado quien la purifique, y habrá fracasado quien la corrompa.»

A partir de aquí, comprendemos el secreto de la coexistencia del bien y del mal en la vida del ser humano. El propósito no es que sucumba a la perversidad, sino que sea responsable de su elección. Pues un valor solo es tal si la persona lo elige por su propia voluntad, y la justicia solo es justicia si se antepone a la injusticia a pesar de tener la capacidad de cometerla.

En cuanto a los intereses, son un asunto distinto: cambian según las personas, las circunstancias y las épocas. Lo que un individuo considera un beneficio, otro puede verlo como un perjuicio; y lo que favorece a una nación, puede dañar a otra. Por ello, los intereses han sido la causa de numerosos conflictos, mientras que los grandes valores han permanecido como objeto de consenso entre todos los seres humanos.

La verdadera batalla no es entre el ser humano y los demás, sino entre el ser humano y sí mismo. En cada situación, se encuentra ante dos caminos: el camino de la purificación del alma y el camino de su corrupción.

¡Oh, ser humano! ¿Cuál de los dos caminos elegirás?

¿Responderás a lo que Dios ha depositado en tu naturaleza de valores de justicia, misericordia, verdad y benevolencia, purificando así tu alma y elevándola?

¿O harás que el interés inmediato prevalezca sobre la naturaleza primordial, abriendo la puerta a la perversidad a expensas de los valores?

El futuro del ser humano, e incluso el futuro de las civilizaciones, se determina por la respuesta a esta pregunta. Cuanto más triunfen los valores sobre los intereses estrechos, más se elevará la humanidad; y cuanto más predominen los intereses desvinculados de los valores, más aumentarán el conflicto, la injusticia y la corrupción.

En el marco del proyecto de la Fundación Internacional "Mensaje de la Paz", presidida por el gran pensador árabe Ali Muhammad Al-Shurafa Al-Hammadi, los objetivos superiores (maqāṣid) del Sagrado Corán emergen como el sistema de valores que restablece el equilibrio entre la naturaleza primordial y el interés, capacitando al ser humano para elegir el camino de la purificación y no el de la corrupción.

De ahí surge la siguiente interrogante: Si la naturaleza humana coincide en la percepción de estos valores, ¿puede acaso constituir la base para la construcción de una ciencia universal de la ética?

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