El pensador árabe Ali Al-Shurafa Al-Hammadi escribe: La filosofía del Hach en la disolución de las diferencias entre los musulmanes

May 25, 2026 - 23:38
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El pensador árabe Ali Al-Shurafa Al-Hammadi escribe: La filosofía del Hach en la disolución de las diferencias entre los musulmanes

El Hach (la peregrinación) es un acto de adoración en el que se reúnen musulmanes de todos los rincones de la Tierra, de diferentes países y razas. Se congregan con un único propósito en una misma tierra, lo que refuerza el valor de la igualdad entre todos. Este deber sagrado confirma que no existe superioridad entre las personas, independientemente de su estatus terrenal, excepto por la piedad que reside en sus corazones y sus buenas acciones

Durante la temporada de la peregrinación a la Sagrada Casa de Dios, las personas de todas partes del mundo se ven a sí mismas como iguales en vestimenta y alojamiento. Las diferencias se disuelven cuando el rey y el vagabundo, el rico y el pobre, el fuerte y el débil se igualan. Todos miran con anhelo hacia el cielo, pues no hay nadie más grande que Dios, ni nadie más rico que el Único, ni más soberano que el Viviente, el Sustentador. La peregrinación a la Casa de Dios tiene como objetivo el conocimiento mutuo entre los musulmanes para lograr intereses y beneficios comunes, como dice el Altísimo:

 «Para que den testimonio de los beneficios que les esperan y mencionen el nombre de Dios en días determinados sobre las reses de que Él les ha proveído. ¡Comed, pues, de ellas y alimentad al necesitado y al pobre!» (Al-Hach: 28).

Este viaje espiritual representa una práctica real de comunicación y conocimiento mutuo entre las personas. Asimismo, el ser humano se desprende de las impurezas y pecados acumulados en su vida, recurriendo a Dios a través del recuerdo (*dhikr*) y la súplica (*dua*) durante las circunvalaciones (*tawaf*) y el recorrido (*sa'i*). Allí, cada individuo se ve absorto en su propio ser, y cada persona se esfuerza respondiendo al llamado de Dios y rogándole que perdone los pecados que ha cometido, anhelando Su arrepentimiento y complacencia. Al regresar a su patria tras el Hach o la Umrah, el ser humano reflexiona, examina sus acciones y consolida su relación con Dios en su adoración y en su trabajo. Vuelve a la cordura, comprende la realidad de su creación, extrae fuerza de su Señor y, de este modo, su alma se eleva. Regresa a su país con una fe fortalecida y habiendo comprendido el verdadero valor de la vida terrenal —que no es más que un disfrute ilusorio— para corregir su camino y mejorar su comportamiento, logrando así vivir una vida feliz, tranquila y satisfecha con el sustento que Dios le ha otorgado.

Si meditáramos correctamente en el Libro de Dios, comprenderíamos el asunto sin ambigüedades ni confusiones: el Islam fundamenta su estructura sobre la moral, y los preceptos de los actos de adoración no son más que medios que nos conducen a la plenitud del monoteísmo, a la elevación moral y a la purificación y santificación del alma.

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