El Dr. Moataz Salah El-Din escribe: La gran alegría árabe por la victoria de la selección de Egipto... Cae la hoja de higuera de quienes siembran la discordia entre los pueblos árabes
La clasificación de la selección egipcia para los octavos de final de la Copa del Mundo no fue simplemente un logro deportivo que se suma al palmarés del fútbol egipcio; más bien, se transformó en una escena árabe de profundo significado, que reveló el gran y sincero amor que los corazones de los pueblos árabes albergan hacia Egipto, quitando las máscaras a todos aquellos que apostaron por fracturar las relaciones entre los hijos de una misma nación.
Desde el océano hasta el golfo, y desde las capitales árabes hasta las comunidades de expatriados en Europa y las Américas, las plataformas de redes sociales se llenaron de escenas espontáneas que mostraban a multitudes árabes vitoreando a Egipto, celebrando su victoria y deseándole éxito en el resto del camino. Esto no fue por directriz de nadie ni el resultado de una campaña mediática, sino una expresión honesta surgida desde el alma de los pueblos.
Estas imágenes llegaron para hacer caer las últimas hojas de higuera de aquellos que pasaron años intentando sembrar el odio entre los pueblos árabes a través de campañas de desinformación, ejércitos electrónicos y tribunas mediáticas que vivían de avivar las discrepancias y encender las rivalidades, hasta hacer creer a algunos que las relaciones entre los pueblos árabes se habían derrumbado y que el afecto se había terminado.
Sin embargo, la verdad resplandeció en el momento del triunfo deportivo. Los pueblos árabes pronunciaron su palabra con total claridad: Egipto no es un país lejano para ellos, sino el corazón de la nación árabe; su éxito es el éxito de cada árabe, y alegrarse por él es un instinto natural que las campañas de incitación no pueden borrar.
La afición árabe demostró que es mucho más consciente que los promotores de la discordia y enemigos de la nación, y que sabe distinguir entre las diferencias políticas pasajeras y los lazos de hermandad que la unen a través de la historia, el idioma, la cultura y el destino común. Lo que une a los árabes es demasiado grande para ser sacudido por publicaciones en redes sociales o campañas mediáticas financiadas.
Vale la pena detenerse detenidamente ante este momento, porque confirma que la verdadera apuesta debe hacerse por los pueblos y no por las voces que se alimentan de la división. El público árabe demostró que sus corazones siguen latiendo con amor y aprecio mutuo, y que rechaza a cualquiera que intente convertir la diferencia en enemistad o la diversidad en conflicto.
Asimismo, esta ocasión ratifica que el deporte puede ser un puente para la unidad y el acercamiento, y un mensaje de paz entre los pueblos, tal como lo había declarado previamente la Fundación "Mensaje Global de la Paz" (Global Message of Peace Foundation), liderada por su fundador, el gran pensador árabe, el profesor Ali Mohamed Al-Shurafa Al-Hammadi. Los pueblos árabes poseen una capacidad única para redescubrir los puntos comunes humanos y nacionales que algunos intentan difuminar.
La alegría de los árabes por la clasificación de la selección egipcia no fue una mera celebración futbolística, sino una declaración popular de que la nación árabe aún conserva una gran reserva de amor y solidaridad, y que todo aquel que apostó por su fragmentación ha perdido su apuesta.
De este modo, la selección egipcia no solo venció en el terreno de juego, sino que con ella vencieron los valores de la fraternidad árabe. Cayó la hoja de higuera de todos los que intentaron lucrar con las diferencias, y los pueblos árabes permanecieron como siempre han estado... más cerca unos de otros de lo que imaginan los promotores de la discordia, y más capaces de unirse en torno a cualquier logro árabe que inspire orgullo y esperanza.
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