Magdy Tantawi escribe El pudor en tiempos de tribulaciones
En un mundo donde el espacio digital se ha convertido en un escenario abierto para el intercambio de noticias y en una época en la que los acontecimientos se aceleran y aumentan las sacudidas sociales, el pudor sigue siendo el único medio para preservar la dignidad humana. En esta era en la que los medios de comunicación y los dispositivos electrónicos revelan los secretos de los demás como si fueran un espectáculo en un escenario descubierto, nos volvemos más necesitados que nunca de regresar a los valores que distinguieron a nuestras sociedades desde los primeros tiempos, especialmente al valor del “pudor” o “proteger la intimidad”.
En una de aquellas veladas, nos sentamos alrededor de una lujosa mesa en una casa del Golfo. En ese momento, mientras los invitados conversaban con los anfitriones en un ambiente lleno de cordialidad y respeto, y entre risas y comentarios cruzados, llegó la respuesta espontánea del anfitrión, repetida por todos: “Cubramos lo que hemos visto y perdonad cualquier falta”. Esta frase armonizaba con el espíritu del momento, y los invitados respondieron con cortesía: “Por Dios, no hemos visto sino lo mejor”.
A pesar de su sencillez, aquella escena refleja un gran valor arraigado en las sociedades tradicionales del Golfo, donde el pudor no era solo un acto, sino una conducta moral profunda y una expresión de respeto por la privacidad. Las familias solían ocultar los defectos de los demás y sus errores, y si ocurría algo indeseado, se evitaba hablar de ello. Se decía: “Quien cubre una falta, Dios le cubrirá la suya”, un principio sublime que encaja plenamente en este contexto.
Pero ¿acaso no es distinta la situación hoy? En nuestra realidad contemporánea, algunos creen que revelar secretos se ha convertido en una forma natural de vivir. Nos hundimos en los detalles de la vida ajena, seguimos sus noticias privadas y presumimos de esa información creyendo que satisface nuestra curiosidad o muestra nuestro conocimiento. Los escándalos se han convertido en tema recurrente en los encuentros sociales e incluso en un medio de lucro. Las redes sociales promueven historias escandalosas como si fueran noticias importantes, sin que nos demos cuenta de lo opuesto que resulta esto a las enseñanzas de nuestra religión y a nuestra moral.
En el Islam, Dios Todopoderoso nos exhorta al pudor en sus versículos, y el Mensajero de Dios, la paz sea con él, nos enseñó que quien cubre a un musulmán en esta vida, Dios lo cubrirá en la otra. Esto demuestra que el pudor no es solo un acto moral en este mundo, sino también una promesa divina de recompensa en el más allá.
En estos tiempos, necesitamos urgentemente regresar a esos principios firmemente arraigados en los corazones de nuestros antepasados. Debemos aprender a pasar por alto los errores ajenos y a vivir en un mundo equilibrado donde cada persona respete la privacidad del otro. El pudor no es solo un acto de “ocultar”, sino un gesto de misericordia y perdón que protege a la sociedad de caer en el fango de la difamación y el chisme.
Cuánto necesitamos el pudor hoy. Los ojos de la gente están siempre pendientes de los errores de los demás y buscan descubrir sus secretos, olvidando que nadie está libre de fallos y que cada persona tiene su intimidad que debe ser respetada. Necesitamos volver a esas conductas que prevalecían en tiempos pasados, cuando las personas respetaban la privacidad de unos y otros y creían que el secreto de la felicidad estaba en cubrir los defectos.
Al final, debemos entender que el pudor no se limita a lo que hacemos hacia los demás, sino que incluye también lo que hacemos hacia nosotros mismos. La estabilidad social solo se logra cuando sus integrantes poseen un espíritu de tolerancia y humildad, y cuando se arraiga en sus corazones que el pudor no es solo un deber social, sino un pilar de la moral islámica que garantiza la seguridad y la armonía de la comunidad.
Rescatemos este valor en nuestra vida diaria. Esforcémonos por ser de aquellos que cubren lo que ven, no de quienes buscan los defectos para exponerlos. Tal vez algún día necesitemos que alguien cubra nuestras faltas, así como nosotros lo hicimos con los demás.
En conclusión, hoy necesitamos el pudor más que nunca. No es solo una conducta, sino un proyecto de construcción de una sociedad que valora la privacidad, respeta la esencia del ser humano y trasciende la superficialidad hacia la profundidad de la ética. Conservemos el pudor, porque en él hay vida.
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