Bahgat El-Obeidi analiza la propuesta del gran pensador árabe, el profesor Ali Mohamed Elshorafa Elhamadi: entre la firmeza del mensaje y el peligro de inventar religiones

Apr 2, 2026 - 16:50
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Bahgat El-Obeidi analiza la propuesta del gran pensador árabe, el profesor Ali Mohamed Elshorafa Elhamadi: entre la firmeza del mensaje y el peligro de inventar religiones

Cuando se replantean los grandes postulados con un lenguaje revelador, el objetivo no es repetir lo ya sabido, sino desenmascarar el cúmulo de ambigüedades que se ha acumulado a su alrededor. Esto es precisamente lo que hace la propuesta de nuestro gran pensador árabe, el profesor Ali Mohamed Elshorafa Elhamadi, al reorientar la brújula hacia una verdad aparentemente simple, pero profundamente esencial: que la religión ante Dios es una sola, y que su denominación nunca ha sido fruto del esfuerzo humano, sino una revelación divina concluyente que no admite negociación ni reformulación según los caprichos de las épocas.

Desde aquí se hace evidente la paradoja —señalada en su importante artículo La nueva religión—, una paradoja dolorosamente clara: Abraham (la paz sea con él), a quien se le atribuye erróneamente lo que se denomina “religión abrahámica”, es el mismo que denominó a los seguidores del monoteísmo como “musulmanes”. ¿Cómo puede entonces presentarse lo inmutable como algo nuevo? ¿Y cómo se puede atribuir a un profeta del monoteísmo puro un proyecto —la llamada “religión abrahámica”— que encierra en su esencia semillas de dilución y confusión? No se trata de una simple contradicción intelectual, sino de un desliz peligroso en la comprensión de la esencia del mensaje.

Y como la historia no perdona a los ingenuos, nuestro distinguido maestro, el profesor Elshorafa Elhamadi, acierta al vincular pasado y presente cuando señala —en este importante artículo de advertencia— los intentos anteriores de fragmentar la religión mediante un torrente de narraciones e interpretaciones que desgarraron la unidad del discurso, creando religiones dentro de la religión y corrientes que terminaron enfrentándose hasta derramar sangre en su nombre. Lo que vemos hoy no es una ruptura con ese camino, sino su continuación con herramientas más sutiles y discursos más sofisticados, pero con el mismo objetivo: desmantelar el origen y reconstruirlo al servicio de intereses pasajeros ajenos a la verdad.

En medio de esta niebla, el Corán —como siempre subraya el profesor Elshorafa Elhamadi— permanece como una luz que no se apaga. No solo por ser un texto sagrado, sino porque constituye un criterio con el que se mide toda desviación y una referencia a la que se remite toda discrepancia. Aquí no hay lugar para interpretaciones arbitrarias ni para intentos de “modernizar” la religión vaciándola de su contenido, sino un retorno sincero a un discurso divino que ha conservado —y conservará eternamente— su capacidad de guía, siempre que se comprenda correctamente.

Lo más peligroso de este panorama no es solo la invención de nuevas denominaciones, sino la promoción de una disolución moral presentada como liberación, cuando en realidad es una caída en el caos de los instintos. Cuando se desmantelan los valores y se redefine al ser humano como una entidad sin límites, el resultado inevitable no es la libertad, como se pretende, sino la pérdida de sentido y el colapso de la estructura que mantiene la cohesión social. Aquí se revela la precisión de la advertencia de nuestro gran pensador: no se trata simplemente de un desacuerdo intelectual, sino de un proyecto para redefinir al ser humano mismo.

Por ello, su advertencia sobre la “nueva religión” no es un rechazo a la renovación en su sentido positivo, sino una negativa al falseamiento que se disfraza de renovación. La religión no se inventa, no se reconfigura ni se fragmenta según los deseos humanos. Tal como fue revelada, es completa en sus fundamentos y clara en sus propósitos. Lo que se requiere del ser humano es recibir el mensaje divino en el Corán —como insiste el profesor Elshorafa Elhamadi— con una mente consciente y un corazón sincero.

La propuesta de nuestro maestro no se limita a la crítica, sino que abre la puerta a un retorno a las raíces, a esa fuente pura que aún no ha sido contaminada por las acumulaciones humanas. Es una propuesta que no solo describe el peligro, sino que señala el camino: una conciencia que protege, una ética que resguarda y una referencia que no cambia.

En una época en la que las voces se multiplican y los discursos se entrelazan, la voz auténtica es aquella que devuelve al ser humano a su naturaleza original, no la que embellece su extravío. Por ello, la batalla de la conciencia hoy no es entre lo antiguo y lo nuevo, sino entre una verdad firme y una falsedad que se renueva en sus formas, aunque sea antigua en su esencia.

Aquí radica la responsabilidad de todo pensador: no solo rechazar la falsedad, sino desenmascararla; no solo advertir, sino señalar el camino. Y eso es precisamente lo que ha hecho con claridad el profesor Ali Elshorafa Elhamadi, lo cual, sin duda, le es digno de reconocimiento, al colocar al lector ante una elección ineludible: o una conciencia que salva, o una negligencia que tiene un alto costo.

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