MAGDI TANTAWI ESCRIBE CUANDO HABLA EL CORAZÓN EN DEFENSA DEL PROTECTOR
Aquí estoy confesándolo, no por miedo a comités electrónicos ni por temor a los dardos de las redes sociales, sino por temor a traicionar mi propia conciencia. He vuelto a sentir ese temblor frente a un ruido ensordecedor que juzga las intenciones antes de las palabras y castiga al diferente antes incluso de comprenderlo… Sin embargo, lo que vi en la feria EDEX en El Cairo —y lo que presentó la institución militar en términos de industrias nacionales y una amplia cooperación internacional que deslumbró al mundo— fue suficiente para desconcertar a los adversarios de la patria.
Y cuando se elevaron sus gritos y amenazas a través de أsus brazos mediáticos y منابرهم الإعلامية, me encontré —yo, que siempre llamé a alinearnos detrás de nuestro ejército— cediendo por un instante, no ante su ruido, sino ante el dolor de personas aplastadas por un clima económico asfixiante y un gobierno cuyo desempeño se ha quedado corto, multiplicando así las heridas de los egipcios.
Dudé: ¿debería decir una palabra de verdad sobre una institución nacional que pagó un precio altísimo en sangre, esfuerzo y reputación? ¿O debería callar por miedo a que mis palabras se interpretaran como una herida para quien ya sufre o como un sesgo hacia quienes no están oprimidos? Pero la verdad no debe ocultarse. Esta institución, que enfrentó al terrorismo, protegió las fronteras de la patria y cargó sobre sus hombros los desafíos de años durísimos, no se retiró ni negoció… y permaneció como un escudo firme que no se quiebra.
Años de ataques lograron derribar a individuos, pero la institución permaneció erguida: trabajando en silencio, construyendo con determinación, soportando insultos y sospechas, y mostrando al mundo la imagen de un ejército que conoce su lugar y su valor; un ejército que está en la primera línea de la defensa y también en la primera línea del desarrollo.
Escribo ahora no para elogiar en vano ni para justificar, sino como testimonio: en este país hay instituciones que luchan por levantarse, y un pueblo que lucha por resistir. Y si la crítica es un deber, la justicia lo es aún más. En tiempos de ruido, la palabra verdadera —aunque sea en voz baja— se convierte en un acto de valentía frente a la tormenta. Y con ella, nuestro ejército nacional sigue siendo la fortaleza de esta patria, su sostén, y lo más sólido que queda de sus principios.
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