El sacrificio es para quien puede permitírselo... no una deuda en nombre de la religión

May 24, 2026 - 22:37
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El sacrificio es para quien puede permitírselo... no una deuda en nombre de la religión

Escribe: Atef Zayed

Cada año, con la llegada de la temporada del Hach (peregrinación) y del Udhiyah (el sacrificio), se intensifican las campañas publicitarias que envuelven los rituales religiosos con el lenguaje del mercado: plazos, ofertas, facilidades y sistemas de pago mensual. A veces, parece como si se le exigiera al ser humano contraer obligaciones financieras solo para sentir que ha cumplido plenamente con su deber religioso. Ante esto, surge una pregunta importante: ¿Quiso Dios dificultad para Sus siervos, o misericordia? ¿Se han transformado algunos rituales, que originalmente dependen de la capacidad económica, en una carga psicológica y social que asfixia a los pobres y a la clase media?

El Hach, en su esencia, no es un viaje de ostentación, ni una competencia social, ni un proyecto comercial. Es la mayor lección práctica de igualdad humana. Todos se despojan de las vestiduras del orgullo y visten el mismo Ihram (vestimenta blanca de la peregrinación): el rico y el pobre, el gobernante y el ciudadano común, el blanco y el negro; todos de pie en una misma fila ante Dios, sin títulos ni privilegios. Es como si el mensaje para toda la humanidad fuera: el valor del ser humano no está en lo que posee, sino en la piedad, la misericordia y la sinceridad que lleva en su interior.

El Islam decretó que el Hach es obligatorio solo para quien tenga los medios para realizarlo, confirmando lo que dice Dios Todopoderoso:

﴿وَلِلَّهِ عَلَى النَّاسِ حِجُّ الْبَيْتِ مَنِ اسْتَطَاعَ إِلَيْهِ سَبِيلًا ۚ وَمَن كَفَرَ فَإِنَّ اللَّهَ غَنِيٌّ عَنِ الْعَالَمِينَ﴾

"Dios ha prescrito a los hombres la peregrinación a la Casa [Sagrada], para quien tenga los medios de emprender el viaje. Y quien lo niegue, sepa que Dios no necesita de las criaturas."

(Palabra de Dios Todopoderoso)

Por lo tanto, la capacidad (financiera y física) es una condición fundamental para el precepto. No se le pide al ser humano que se agote con deudas ni que viva bajo la presión del sentimiento de culpa por no haber podido ir. Los actos de adoración en el Islam se basan en la misericordia y en la eliminación de las dificultades, no en quebrar a la persona psicológica o económicamente. Cuando algunos rituales se convierten en temporadas de consumo que presionan a la gente humilde y la empujan a endeudarse, nos alejamos de la sabiduría original de la religión.

En cuanto al Udhiyah (el sacrificio), es un ritual grandioso que encarna los valores de la generosidad, la solidaridad y el alimentar a los necesitados; sin embargo, no es un deber para quien no tiene los medios. Dios Todopoderoso no impone a nadie una carga mayor de la que puede soportar. Por ello, cargar a la gente con un sentimiento sutil de culpa a través de la publicidad emocional, o transformar este ritual en una "cuota mensual", abre una gran interrogante ética y religiosa sobre los límites de lucrar con la religión, incluso cuando esto se disfraza de obra benéfica.

De ahí la necesidad de devolver el equilibrio a la conciencia religiosa, y reafirmar que el Islam es una religión de misericordia, no de presiones psicológicas. A quien no tiene los medios no se le reprocha; al contrario, se le justifica y se le recompensa por su buena intención. Cuántas personas tenían la capacidad ayer y hoy se ven abrumadas por las circunstancias, y lo último que necesitan es a alguien que duplique su sentimiento de impotencia en nombre de la virtud.

El verdadero objetivo del Hach y de todos los demás rituales no es sobrecargar a las personas, sino refinar el alma, reavivar la conciencia y educar al ser humano en la justicia, la misericordia y la humildad. El Hach es una gran escuela espiritual que le recuerda al ser humano su realidad, y lo invita a liberarse de la esclavitud del dinero y de las apariencias, para regresar a Dios con un corazón más puro y más humano.

Cuando comprendamos estos significados, nos daremos cuenta de que la religión vino para preservar la dignidad humana, no para convertir los dolores económicos de la gente en un nuevo mercado de ganancias bajo llamativos lemas religiosos.

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