Magdy Tantawy escribe:Cuando la política se corrompe, la religiosidad se altera

May 26, 2026 - 19:48
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Magdy Tantawy escribe:Cuando la política se corrompe, la religiosidad se altera

Las crisis de los musulmanes a lo largo de la historia no han brotado de la religión en sí misma, sino que han sido el fruto de la mala política y de la desviación de la acción política de los valores de la justicia, la misericordia y la Shura (el consejo mutuo).

Cada vez que la política se corrompe, la comprensión de la religión se altera y esta se transforma, pasando de ser un mensaje de guía a un medio de conflicto o una herramienta en manos de los políticos.

El Islam llegó para liberar al ser humano de la servidumbre de los hombres y para establecer una sociedad basada en la verdad, la justicia y la misericordia. Sin embargo, muchos políticos a lo largo de las épocas mezclaron la santidad de la religión con sus propios intereses. Así, la jurisprudencia se empleó a veces para servir al poder y justificar la injusticia, hasta el punto de que la gente comenzó a confundir los errores de la política con los preceptos de la religión.

A partir de ahí, la mala religiosidad comenzó a manifestarse de múltiples formas:

Excesos y extremismo.

Excomunión (Takfir) y exclusión.

Fanatismo y división.

Y miedo a pensar y a la libre interpretación (Iytihad).

Pues cuando la libertad se ausenta, la mente teme;

cuando la injusticia prevalece, el odio se propaga;

y cuando la política se transforma en una lucha por intereses, la religión se convierte en un arma en manos de los rivales, no en una luz para guiar a las personas.

Los conflictos políticos desde la Gran Fitna (la gran discordia) han provocado profundas divisiones en el cuerpo de la nación. Luego se sucedieron épocas en las que se fabricó una religiosidad superficial, que se preocupa más por las apariencias que por los valores y que distrae a la gente con disputas, mientras retroceden los significados de la misericordia, la justicia, el trabajo y la ciencia.

En muchas ocasiones, el común de los musulmanes no fue más que víctima de esta instrumentalización política de la religión, donde se vinculó la obediencia a Dios con la sumisión a la situación política existente, y se asoció la oposición con la apostasía de la religión, hasta que la nación perdió su capacidad de crítica, revisión y renovación.

Lo más peligroso que puede afectar a la religión es que se convierta en una herramienta política,

y lo más peligroso que puede afectar a la política es que se vista con el ropaje de la santidad.

La religión es un mensaje de moral y guía,

mientras que la política es un esfuerzo humano que acierta y se equivoca.

Cuando ambos campos se mezclan sin control, la verdad se pierde entre la santidad del texto y los intereses de los políticos.

El renacimiento de los musulmanes no se logrará si no es mediante el retorno de una conciencia que distinga entre la religión divina perfecta y las experiencias políticas humanas propensas al error,

y mediante la revitalización de los valores del Corán en cuanto a justicia, misericordia, libertad de elección y respeto al ser humano.

A la religión no la corrompe sino la mala política,

no la desfigura sino la ignorancia y el fanatismo,

y no la salvan sino las personas de sabiduría y verdad.

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