Magdy Tantawy escribe La ingratitud de los corazones cuando se agota la energía humana

Jan 10, 2026 - 16:37
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Magdy Tantawy escribe La ingratitud de los corazones cuando se agota la energía humana

La vida, en su esencia, es un intercambio de energía antes de ser un intercambio de intereses. El ser humano no vive aislado ni puede continuar solo; nos recargamos unos a otros con la palabra, con la actitud, con la intención, con la justicia y con la misericordia. Y como Dios nos enseñó en Su Libro: «Si Dios no contuviera a unas personas mediante otras, la tierra se corrompería». Ese “impulso” no es siempre conflicto, sino un equilibrio que preserva la vida y evita su colapso.

Pero ¿cómo puede una persona seguir recargando las baterías de los demás cuando está exhausta por dentro? ¿Y cómo se le puede exigir dar continuamente cuando no encuentra a quien le devuelva ni siquiera un poco de gratitud, ya sea dentro de su familia pequeña o extensa, entre sus amigos y compañeros, o incluso con desconocidos en la calle?

Se ha extendido un fenómeno peligroso: la negación del bien recibido, una ingratitud que se desliza silenciosamente hacia los corazones hasta cubrirlos de oscuridad, de modo que ya no ven lo bueno, no sienten el favor ni distinguen entre quien hizo el bien y quien hizo el mal. Con esa oscuridad, las almas se vuelven estrechas y de rápida combustión; las personas se odian unas a otras sin una causa clara, y las relaciones se transforman en escenarios de tensión en lugar de ser espacios de seguridad.

De ahí comprendemos por qué escuchamos a diario sobre crímenes sin sentido entre parientes, vecinos y amigos, como si los corazones hubieran perdido su sensibilidad y como si el espíritu se hubiera retirado de las relaciones, quedando solo un cuerpo que se mueve con nerviosismo y violencia. No hay para esta situación, sino Dios, quien la descubra y la sane.

Vivimos, en efecto, una era de ingratitud; no porque el bien haya desaparecido, sino porque los corazones se han cansado y no encontraron quien los repare, quien les devuelva su energía y quien reconozca su agotamiento. Cuando el ser humano se vacía por completo, o se retira en silencio o estalla frente a las personas más cercanas a él.

No hay salvación de este declive sino regresando al sentido original: devolver su valor al agradecimiento, a la reciprocidad del bien, a la misericordia sencilla y a la palabra amable; y comprender que salvar a una persona exhausta puede ser más grande que mil sermones, y que recargar los corazones solo es posible con corazones vivos que reconocen el favor y no lo niegan.

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