Magdy Tantawy escribe: El poder blando de Egipto... ¿Por qué no hemos sabido aprovecharlo?
Mientras caminaba por las calles de Tokio me llamó la atención algo que no esperaba: un pequeño cartel en el que se leía “Centro Islámico”. El número de musulmanes en Japón es muy reducido, casi inexistente, pero lo que realmente me sorprendió no fue el cartel, sino aquel joven japonés que me recibió con un acento egipcio perfecto, utilizando expresiones como “¿ʿAmel eih ya basha?” o “¿Da kalam bardu?”, antes de añadir con orgullo que había estudiado en la Universidad de Al-Azhar y que quería a los egipcios como a su propia familia.
No fue un incidente aislado.
En Indonesia, el país musulmán más poblado del mundo, la escena se repitió: encontré jóvenes que hablaban con acento egipcio, que recitaban el Corán con las voces de nuestros recitadores como Abdel Basset, Al-Minshawi y Al-Husari. Algunos soñaban con viajar a El Cairo, no para actuar ni para comerciar, sino para estudiar en Al-Azhar. En Brunéi, Senegal, Malí y Turquía… lo mismo.
Y cuando viajé con la aerolínea Royal Air Maroc, descubrí que el contenido del avión —películas y canciones— era totalmente egipcio: Abdel Halim, Shadia, Adel Imam… En las calles de Rabat caminé al ritmo de “Amal Hayati”, junto a una tienda que vendía ejemplares del Corán con las voces de los sheijs egipcios.
Me pregunté entonces: ¿por qué Egipto sigue tan presente en el corazón de los pueblos, pese a todo? Y al mismo tiempo, ¿por qué hemos sido incapaces de aprovechar ese enorme poder blando que generaciones anteriores construyeron con su espontaneidad, su arte y su conocimiento?
### Al-Azhar… la diplomacia espiritual olvidada
Al-Azhar no es solo una universidad, es una institución espiritual con más de mil años de historia, que fue durante siglos un faro para los estudiantes de todo el mundo. Sus graduados eran embajadores de Egipto sin portar su pasaporte: aprendieron en él, regresaron a sus países llevando consigo el árabe, el pensamiento moderado y una nostalgia por la ciudad de El Cairo.
Pero ¿dónde está hoy Al-Azhar en la estrategia exterior de Egipto? ¿Tenemos un plan claro para fortalecerlo como puente de influencia cultural y religiosa? ¿O lo hemos reducido a cuestiones internas y a la defensa de sí mismo de vez en cuando?
### El arte egipcio… cuando El Cairo era el “Hollywood de Oriente”
Durante décadas, el cine egipcio fue la ventana de los árabes al mundo, y la música egipcia era lo que se escuchaba en los cafés de Bagdad, Jartum o Túnez. ¿Quién no conoce a Umm Kulthum? ¿Quién no lloró con Faten Hamama? ¿Quién no rió con Ismail Yasin?
El arte egipcio no se “exportaba” con campañas, llegaba por sí solo, porque expresaba al ser humano árabe común y estaba adelantado a su tiempo.
Pero luego nos distrajimos, la producción decayó, el enfoque se redujo a la ganancia rápida, la superficialidad y la imitación. Mientras tanto, otros países comenzaron a exportar su arte con inteligencia, construyendo un poder blando a través de la “drama”.
### El poder blando no es un lujo
Parece que hemos olvidado que el poder blando no es un lujo, sino un arma silenciosa cuyo impacto no es menor que el de la política, la economía o la fuerza militar. Incluso puede ser más duradero y profundo.
Cuando los pueblos te quieren, te reciben sin condiciones. Cuando influyes en sus corazones, te adoptan sin coerción ni imposición.
Turquía invirtió en sus telenovelas, Corea del Sur conquistó el mundo con el *K-pop* y sus dramas, Estados Unidos domina con su cultura de consumo, *Netflix* y Hollywood. Nosotros tenemos algo más profundo y más antiguo, pero parecemos alguien que posee un tesoro sin saber cómo usarlo.
### Conclusión
Ya es hora de despertar.
Lo que tenemos no es solo nostalgia del pasado, sino herramientas reales para construir influencia cultural, religiosa y de conocimiento. Tenemos a Al-Azhar, la lengua, la historia, el arte, la ubicación geográfica; tenemos un pueblo que ama la vida y que domina el relato, la risa y la creatividad.
Solo necesitamos una visión.
Necesitamos reordenar nuestras prioridades, dar al poder blando el apoyo oficial y estratégico que merece. Así como se construyen ejércitos, puertos y fábricas, también se construyen institutos culturales, se producen películas y series, y se apoya a Al-Azhar, no solo para que sobreviva, sino para que lidere.
Ojalá despertemos antes de que se desvanezca nuestra imagen en los corazones de aquellos que aún ven en nosotros algo hermoso.
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