Magdi Tantawi escribe: Ali Muhammad Al-Shurafa Al-Hammadi… el grito de la razón frente a los mercaderes de la religión
En una época en la que las voces se confunden y los púlpitos se multiplican, la voz de la verdad ya no se escucha entre el estrépito de las fatwas, el chirrido del takfir y el olor a sangre. Es un tiempo en el que todos hablan en nombre de Dios, y algunos que se atribuyen el manto de la religión utilizan los textos sagrados como armas para desgarrar a la nación y dividir sus corazones. En este escenario cubierto de humo surge el pensador árabe Ali Muhammad Al-Shurafa Al-Hammadi como una voz excepcional que proclama una revolución intelectual contra todas las formas de falsificación que han distorsionado el mensaje del Islam, y llama con valentía a volver al discurso divino, puramente coránico, lejos del discurso religioso humano forjado por los siglos, los intereses y las pasiones.
En su valiente obra «Los musulmanes entre el discurso religioso y el discurso divino», Al-Shurafa libra una dura batalla intelectual contra la rigidez mental y el autoritarismo de la institución religiosa, afirmando que los males que padecen hoy los musulmanes no provienen del Islam, sino de la interpretación desviada de sus enseñanzas y del discurso que se quiso convertir en un arma de obediencia ciega en lugar de un medio de guía y razón. Para Al-Shurafa, la religión no es un conjunto de cadenas ni de órdenes prefabricadas, sino un mensaje de misericordia, justicia y libertad, mediante el cual Dios se dirige al ser humano directamente, sin intermediarios ni tutela, liberando la mente de la superstición, el alma del miedo y la sociedad del odio.
Al-Shurafa pone el dedo en la llaga al distinguir claramente entre el discurso divino, cuyo origen es el Corán, y el discurso religioso, que es producto de seres humanos que interpretaron y, en ocasiones, se equivocaron. El primero es inmutable y eterno porque procede de Dios; el segundo es variable, sujeto a las condiciones del tiempo, el lugar y los intereses políticos o sectarios. Aquí comienza la tragedia de la umma: cuando el discurso humano se convierte en sagrado, se eleva por encima de la revelación, y el criterio de la fe pasa a ser la obediencia a los hombres y no la comprensión del Libro de Dios. En ese momento, la luz coránica se apaga y la reemplazan las tinieblas del fanatismo, la división y la sangre.
El pensador no vacila en denunciar la contradicción entre el mensaje del Corán —de tolerancia, justicia y humanidad— y el discurso religioso extremista que siembra odio y discriminación. Sostiene que el discurso divino está dirigido a toda la humanidad, al hombre como vicario de Dios en la Tierra, no como seguidor de una tribu, secta o doctrina; mientras que el discurso religioso ha convertido la fe en fronteras, muros y conflictos absurdos donde se derrama sangre en nombre de Dios, aunque Dios nada tenga que ver con ello. De ahí su valiente llamado a aferrarse únicamente al Corán, no para rechazar la herencia histórica, sino para distinguir entre lo revelado y lo opinado, entre lo eterno y lo circunstancial.
Lo más notable del pensamiento de Al-Shurafa es que no se limita a la crítica: propone un proyecto intelectual integral para reconstruir la conciencia islámica sobre una base coránica auténtica. Aboga por una nueva lectura del texto coránico con una mente abierta y un espíritu reflexivo, lejos de la tutela religiosa que ha reducido la comprensión a memorización y la piedad a obediencia. Cree que la verdadera reforma comienza liberando al ser humano de la esclavitud del pensamiento heredado, y que la fe sólo se completa cuando nace de la conciencia y la comprensión, no del miedo o la imitación.
En su libro, Al-Shurafa declara con claridad que el musulmán no necesita intermediarios entre él y su Creador, y que el Corán basta por sí solo para guiar a la humanidad hacia la verdad, pues es la palabra de Dios, “a la que no se le acerca la falsedad ni por delante ni por detrás”. Y mientras los musulmanes sigan abandonando ese Libro sublime por las obras de los hombres, no debe sorprender que se extravíen del camino, sustituyendo la luz de la revelación por las sombras del fanatismo. Por ello, su llamado decisivo es volver al origen divino, a la fuente pura que ofrece a la humanidad misericordia, no castigo; amor, no odio; razón, no rigidez.
«Los musulmanes entre el discurso religioso y el discurso divino» no es simplemente un libro de pensamiento religioso, sino un manifiesto reformador y revolucionario que invita a redescubrir el Islam desde su esencia, lejos de las acumulaciones históricas y los muros del sectarismo. Es un recordatorio sincero de que Dios no encomendó a los clérigos la tarea de interpretar su voluntad, sino que reveló un Libro en árabe claro, dirigido a toda mente capaz de entender y reflexionar.
En una época en la que la voz del anatema suena más fuerte que la del pensamiento, aparece Ali Muhammad Al-Shurafa Al-Hammadi como una conciencia viva que recuerda a la umma que su salvación no está en el encierro, sino en el retorno al Corán; que el camino de la luz comienza cuando el musulmán distingue entre lo que verdaderamente dijo Dios y lo que los hombres añadieron con falsedad.
¿Ha llegado la hora de que la nación escuche la voz de la razón y despierte de su letargo antes de ser devorada por las tinieblas del discurso humano?
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