Magdi Tantawi escribe: Ali Mohamed Al-Shurafa... Un llamado humanitario para salvar al ser humano
En una época en la que chocan los intereses y se expanden los espacios de odio, miedo y discriminación, la voz de la sabiduría se convierte en una necesidad y no en un lujo, y el llamado a la paz y a la misericordia pasa a ser un proyecto de salvación para toda la humanidad, no meras consignas que se proclaman en conferencias y seminarios.
Entre las voces intelectuales árabes que han buscado presentar de nuevo el mensaje del Islam como un mensaje de misericordia, justicia y paz, destaca el pensador árabe Ali Mohamed Al-Shurafa. Su visión insta al ser humano a regresar a la esencia de los valores divinos que preservan la dignidad de las personas, protegen sus derechos y logran la estabilidad de las sociedades.
La esencia de la visión de Al-Shurafa no se basa en el fanatismo, el conflicto sectario ni el monopolio de la verdad; al contrario, se fundamenta en un llamado a todas las personas hacia el conocimiento mutuo, la cooperación, la justicia y la misericordia, considerándolos la base que Dios ha querido para los seres humanos en su vida terrenal.
De hecho, cuando el Noble Corán se dirigió a las personas, no lo hizo a un grupo en específico, sino que Alá el Glorioso dijo:
"¡Oh, humanos! Los hemos creado a partir de un varón y una mujer, y los hemos dividido en pueblos y tribus para que se conozcan unos a otros. El más honorable de ustedes ante Dios es el que más Le teme".
Aquí se manifiesta la filosofía humanitaria que Al-Shurafa reafirma en su proyecto intelectual: ningún ser humano es superior a otro, excepto por sus buenas obras, su piedad y su comportamiento basado en el bien y la justicia.
Al-Shurafa partió de una profunda convicción de que la humanidad ha pagado un precio muy alto debido a la explotación de la religión para lograr intereses políticos, económicos o de poder. Asimismo, sostiene que mucha de la sangre derramada a lo largo de la historia fue el resultado de interpretaciones desviadas que alejaron a las personas de los verdaderos propósitos del Corán.
De ahí surge su llamado a releer el mensaje divino, apartándolo de la cultura de la excomunión (takfir), el odio y la violencia, y a regresar al Corán como el referente supremo que convoca a la libertad, la paz y el respeto por el ser humano.
Al-Shurafa enfatiza que el verdadero Islam no puede ser una religión de asesinato o terrorismo, ya que Alá el Glorioso describió la misión del Profeta diciendo:
"Y no te hemos enviado sino como misericordia para los mundos".
Por lo tanto, la misericordia aquí no es solo para los musulmanes, sino para todos los mundos con todas sus religiones, etnias y culturas.
Del mismo modo, considera que la construcción de las naciones no se logra con consignas y divisiones, sino mediante la justicia, el trabajo, la ciencia, el respeto a la ley, la protección de los derechos humanos y la difusión de una cultura de tolerancia y cooperación entre los miembros de una misma sociedad.
En el marco de su llamado universal, Al-Shurafa cree que la humanidad actual necesita un proyecto ético global que devuelva al ser humano su humanidad y enfrente las olas de extremismo, decadencia, explotación y codicia que amenazan la estabilidad del mundo.
El llamado de Al-Shurafa no está dirigido contra nadie, ni representa un conflicto con ninguna religión, doctrina o cultura. Es, más bien, una invitación abierta para todo ser humano que desee el bien para los demás y que anhele que el mundo viva en seguridad, paz y justicia.
Él siempre reitera que el diálogo sincero entre los seres humanos, el respeto por las creencias de los demás y la cooperación en aquello que beneficie a la humanidad es el verdadero camino para apagar el fuego de las guerras y el odio que han agotado a los pueblos y destruido el futuro de las generaciones.
El pensador Ali Mohamed Al-Shurafa ha intentado presentar un modelo intelectual que vincula la fe con las buenas acciones, y la verdadera religiosidad con el servicio al ser humano —no con su explotación—, devolviendo a la religión su estatus como una fuerza para construir la civilización y la moral, y no como una herramienta de destrucción y conflicto.
Por todo ello, su visión representa un amplio clamor humanitario que invita al mundo entero a detenerse ante una pregunta crucial y existencial:
¿Fue creado el ser humano para matar a su hermano humano, o para construir junto a él una vida donde predominen la paz, la justicia y la misericordia?
Es un llamado a revivir la conciencia humana y a regresar a los valores que preservan la dignidad del hombre, cumpliendo así el propósito de Dios en la Tierra: que las personas vivan amándose y cooperando entre sí, en lugar de vivir en conflicto y combatiéndose unas a otras.
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