La visión de Al-Shorafa sobre la unidad de los mensajes celestiales frente a los discursos de división
Por: Ismail Eid
En una época en la que los discursos de división religiosa se intensifican, surge la necesidad de revisiones intelectuales serenas que reinterpreten los textos fundacionales con un espíritu cercano a sus propósitos supremos. Entre estas lecturas, destaca la visión del pensador árabe Ali Mohammed Al-Shorafa Al-Hammadi, quien sostiene que el Noble Corán no presenta al cristianismo como un adversario dogmático, sino que lo reconoce como un mensaje celestial que comparte con el Islam la esencia del monoteísmo y el llamado al bien.
Al-Shorafa enfatiza que el Corán establece el criterio de salvación en la fe en Dios, el Juicio Final y las buenas obras, tal como se menciona en el versículo:
«Ciertamente, los que creen, los que siguen la fe judía, los cristianos y los sabeos; cualquiera que crea en Dios y en el Último Día y actúe con rectitud, tendrá su recompensa con su Señor».
Este versículo fundamenta un entendimiento que trasciende las fronteras de las pertenencias estrechas hacia un horizonte humano más amplio, donde los valores priman sobre las identidades y el ser humano es valorado por sus actos rectos y su conducta ética.
El discurso coránico no se limita al reconocimiento del "otro", sino que se extiende al elogio de las cualidades humanas de algunos seguidores de Cristo, describiéndolos con piedad y misericordia, y señalando su cercanía emocional con los creyentes. Esto refleja una valoración ética y humana que no puede ignorarse en ninguna lectura justa del texto coránico.
Sin embargo, la problemática —según este enfoque intelectual— no reside en el texto mismo, sino en las acumulaciones de interpretaciones generadas por circunstancias históricas y conflictos políticos. Con el tiempo, estas han contribuido a consolidar una imagen conflictiva entre los seguidores de las religiones, convirtiéndose en dogmas intelectuales a pesar de su alejamiento del espíritu del texto y sus propósitos integradores.
La recuperación de esta dimensión de los propósitos (Maqasid) abre la puerta a un entendimiento más equilibrado de la relación entre los musulmanes y la "Gente del Libro", basado en cimientos sólidos, entre los que destacan:
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La unidad de la fuente divina de los mensajes celestiales.
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La centralidad del monoteísmo y los valores éticos.
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El respeto a la libertad de creencia como un principio coránico inalienable.
Desde esta perspectiva, la coexistencia no es solo una opción política o social, sino una extensión natural de un entendimiento religioso más vasto y justo. La religión, en la esencia de su mensaje, no vino para instaurar conflictos entre los seres humanos, sino para establecer la balanza de la justicia, fortalecer los valores de la misericordia y llamar a la cooperación en el bien.
Releer los textos con esta conciencia no significa anular las diferencias dogmáticas, sino liberarlas del uso exclusivista y devolverlas a su marco natural como diferencias que no anulan lo común humano ni justifican la ruptura o el odio. Cuando prevalecen los valores universales como la justicia, la benevolencia y la dignidad humana, las causas del conflicto retroceden y la religión se convierte en un puente para el acercamiento, no en una barrera de separación.
Finalmente, esta lectura es una de las perspectivas posibles, pero nos recuerda que los grandes textos siempre albergan horizontes más amplios de comprensión, y que la responsabilidad del ser humano no reside solo en creer en ellos, sino en comprender su verdadero mensaje para construir un mundo más pacífico, misericordioso y humano.
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