Por el pastor Dr. Girgis Awad
En verdad, las palabras no bastan para describir a este hombre sabio, el pensador árabe Ali Al-Shorafa: sincero en sus palabras, inspirador en sus escritos y orientador en sus planteamientos e ideas. Cada vez que lo leo, crecen mi amor, mi estima y mi respeto hacia él, debido al pensamiento y la sincera llamada que porta para exaltar el valor del ser humano, corregir el curso del discurso religioso y retornar a la referencia divina, lejos de los conflictos humanos y las interpretaciones contrapuestas.
En su artículo «El retorno a la referencia divina», el pensador árabe Ali Muhammad Al-Shorafa nos ofrece una clara advertencia sobre el peligro de supeditarse a las «tradiciones humanas» o someterse de forma absoluta a los edictos y juicios de los antepasados cuando estos se transforman de razonamientos humanos —sujetos a debate y revisión— en referencias sagradas que compiten con el texto divino. Y es ahí donde radica la catástrofe.
En este planteamiento se manifiesta una elevada dimensión humana y de fe que trasciende los límites de las religiones y las sectas para tocar la esencia de la relación entre el ser humano y su Creador, y entre el ser humano y su semejante. El llamado a criticar el sectarismo, el rechazo a la instrumentalización de la religión en conflictos políticos, el retorno al texto divino y la afirmación de la dignidad humana son valores que encuentran eco en el pensamiento cristiano, al tiempo que concuerdan con la esencia del mensaje islámico.
El profesor Ali Al-Shorafa parte en su artículo del llamado a retornar al Sagrado Corán como una referencia divina unificadora, rechazando las referencias humanas contrapuestas que han contribuido a crear una especie de «religión paralela» en la que se confunde el texto divino con la interpretación humana, y donde los razonamientos se convierten en dogmas indiscutibles.
Aquí me viene a la memoria la advertencia de Jesucristo sobre el peligro de anteponer las tradiciones y los mandatos humanos a los mandamientos de Dios, cuando dice:
«En vano me rinden culto, enseñando doctrinas que son preceptos humanos... invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición».
La verdadera fe no debe ser prisionera del fanatismo humano, sino una llamada constante a regresar al espíritu del amor, a las enseñanzas de Dios y a los valores que preservan la dignidad humana e impulsan al bien y a la paz.
Entre las cuestiones clave que enfatiza el profesor Ali Al-Shorafa figura el rechazo a convertir la religión en una ideología política, en un medio para alinearse en torno a intereses personales o en un instrumento para lograr beneficios materiales bajo consignas religiosas. Cuando la fe se transforma en afiliaciones partidistas y la religión en un medio de lucha por el poder, esta pierde su mensaje y su esencia espiritual y humana. La misión de la religión es reformar al ser humano, edificar la conciencia y consolidar los valores de la bondad, la misericordia y la paz, no transformar la fe en una batalla por el poder terrenal; lo cual concuerda con las palabras de Cristo:
«Mi reino no es de este mundo».
Uno de los aspectos más destacables del planteamiento del profesor Ali Al-Shorafa es su afirmación de que la dignidad humana es el criterio que desenmascara la falsedad de la religiosidad violenta, y que la violencia comienza cuando se despoja al ser humano de su humanidad y se ve al otro como un enemigo solo por diferir en religión, pensamiento o doctrina. Aquí palpamos un gran valor humano en la fe cristiana, y encontramos en el Sagrado Corán:
«Voy a poner en la tierra a un sucesor (califa)».
Los teólogos y filósofos, entre ellos Al-Ghazali e Ibn Arabi, abordaron el concepto de la khalifa (sucesión humana) como una responsabilidad y una confianza, vinculada con el conocimiento, la voluntad y la capacidad de edificar la tierra y establecer la justicia. De ahí que el amor y la misericordia se conviertan en el criterio fundamental de la sinceridad de la fe; pues la religión que impulsa al hombre al odio o a agredir al diferente se ha alejado de su espíritu divino.
Asimismo, el profesor Ali Al-Shorafa señala que la verdadera reforma comienza con la transformación del pensamiento, el cese del adoctrinamiento ciego y el estímulo a la reflexión, de modo que el individuo sea capaz de distinguir entre hechos y rumores, y entre una fe consciente y un discurso extremista. Este llamado al pensamiento consciente encuentra un claro eco en las Sagradas Escrituras. Una mente consciente no teme a la pregunta y la verdad no necesita de la violencia para demostrar su existencia. Lo más peligroso que puede sufrir una sociedad es que el ser humano deje de pensar y se convierta en un mero seguidor que repite sin comprender.
El profesor Ali Al-Shorafa confirmó que el Islam llama a la sabiduría, a la buena exhortación y a unirse al cable de Dios rechazando la división; valores que convergen con la llamada cristiana al amor y a la paz. Dice Cristo:
«Bienaventurados los pacificadores».
Ambos mensajes se encuentran en un espacio humano más amplio: ser un puente de paz y no un combustible para el conflicto.
A mi juicio, el valor del artículo radica en recuperar la esencia de la religión: amor en lugar de odio, misericordia en lugar de violencia, razón en lugar de adoctrinamiento y humanidad en lugar de fanatismo. Cuanto más se acerca el hombre a Dios, más se acerca al ser humano.