Mohamed El Shentnawi escribe: El divorcio amenaza la seguridad social – Para el pensador Ali Al-Shurafa, una puerta de salvación, no un sermón moral
En una tarde pesada en un hogar árabe cualquiera, el padre permanecía en silencio frente a las facturas que se acumulaban, mientras la madre intentaba reparar lo que se había roto entre ellos. Todo parecía en pie, pero el sentido se escapaba, como el agua que se filtra por una grieta invisible. Entonces comprendí que la crisis familiar no siempre se manifiesta en escenas ruidosas, sino en un murmullo que se apaga poco a poco: una comunicación que se desgasta, expectativas que crecen sin acuerdo y lecturas religiosas apresuradas que presentan el divorcio como un botón de escape inmediato. Fue en ese momento cuando mis ojos se detuvieron en un título contundente: “El divorcio amenaza la seguridad de la sociedad” de Ali Mohamed Al-Shurafa Al-Hammadi, y la primera página se abrió ante mí no como un sermón, sino como una puerta de salida y una hoja de ruta.
Al-Shurafa propone un paso tan simple como decisivo: redefinir el matrimonio como pacto y no como intercambio. El pacto implica un compromiso de misericordia, una gestión del desacuerdo y un espacio seguro para las palabras aplazadas; mientras que el intercambio convierte la relación en un libro contable de ganancias, pérdidas y liquidaciones. El autor establece un criterio claro: el principio es la afectividad y la compasión, y el divorcio, una excepción regulada, nunca un castigo ni un acto de orgullo herido. El problema, señala, no está en el texto sagrado, sino en una interpretación humana que olvida sus propósitos cuando busca salidas rápidas.
El libro enlaza directamente el hogar con la calle: la desintegración familiar no se queda en lo privado, sino que se manifiesta como violencia silenciosa en las escuelas, deserción educativa y disminución de la productividad. Cuando el diálogo se rompe en una habitación, el ruido se propaga por toda la ciudad. Por ello, Al-Shurafa propone una política de “seguridad blanda”: prevención que reduzca los riesgos antes de que ocurran, orientación familiar profesional que acompañe en lugar de juzgar, y un discurso religioso y mediático que explique derechos y deberes con un lenguaje responsable, que traduzca el texto divino a la vida cotidiana con serenidad.
Hay un capítulo particularmente notable que distingue entre la revelación divina y la interpretación humana. La primera es una luz única; la segunda, vulnerable a los deseos y a las dinámicas del poder. El criterio que propone el autor es simple y decisivo: toda comprensión que derive en injusticia, opresión o pérdida de la dignidad de los cónyuges o de los hijos, es una interpretación desviada del espíritu del texto. Con este criterio, el divorcio se convierte en el último recurso, precedido por un camino claro: sinceridad segura, entrenamiento en la escucha, mediación que proteja la dignidad y etapas obligatorias de reconciliación antes de cualquier decisión definitiva.
Al-Shurafa no deja al lector en las generalidades; propone herramientas concretas: centros de orientación basados en una referencia coránica equilibrada, programas de habilidades para la comunicación y la resolución de conflictos, inclusión de la educación familiar en los planes de estudio como competencia vital, y medidas legales que aseguren procesos de reconciliación y la protección de los derechos de los hijos mediante documentos claros. No se trata de añadidos decorativos, sino de una auténtica arquitectura de seguridad que protege el pacto.
Al final de la lectura, la escena inicial se siente menos pesada, no porque los problemas hayan desaparecido, sino porque la brújula ha vuelto a su lugar. Lo que propone Ali Mohamed Al-Shurafa Al-Hammadi no es solo una lección de paciencia, sino un método práctico para construir la tranquilidad: recuperar el sentido del matrimonio, mejorar la interpretación y diseñar políticas que se alineen con la misericordia. Cuando el hogar se reconstruye, la calle se calma; y cuando la familia se preserva, se preserva la sociedad.
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