Magdy Tantawi escribe: Entre la dignidad política y los cálculos de poder: El Golfo no es un escenario de conflictos por delegación

Mar 29, 2026 - 12:52
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Magdy Tantawi escribe: Entre la dignidad política y los cálculos de poder: El Golfo no es un escenario de conflictos por delegación

En un momento regional de extrema sensibilidad, algunas declaraciones de Donald Trump ya no son simples posturas pasajeras, sino indicadores de un desequilibrio más profundo en la forma en que algunas grandes potencias ven a la región: una visión que la reduce a una zona de influencia y no a socios de igual a igual.

Sin embargo, la respuesta a este desequilibrio no debe ser emocional, sino mediante la construcción de una postura colectiva del Golfo más sólida y clara, que proteja los intereses vitales ante cualquier otra consideración y redefine las relaciones internacionales sobre la base de la reciprocidad, no de la dependencia.

Los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCF) se enfrentan hoy a una verdadera prueba, no solo en cómo gestionar sus alianzas, sino en su capacidad para evitar verse arrastrados a conflictos que se les podrían imponer bajo diversos títulos, mientras ellos pagan el costo directo. Las experiencias cercanas y lejanas confirman que las "guerras subsidiarias" (proxy wars) no logran la seguridad, sino que abren puertas a un desgaste prolongado que afecta la estabilidad interna, amenaza la estructura económica y pone en juego intereses vitales, desde la seguridad energética hasta la integridad de los corredores estratégicos.

Desde esta perspectiva, cualquier discurso sobre una confrontación con Irán debe leerse con una balanza de precisión: ¿Sirve realmente a la seguridad del Golfo o lo involucra en un conflicto cuyos cálculos trascienden sus fronteras? Las grandes potencias, encabezadas por Estados Unidos, gestionan sus políticas según sus intereses cambiantes y se reposicionan cuando es necesario, mientras que los países de la región siguen siendo los más afectados por los resultados de cualquier escalada. Esta es una realidad que no resta importancia a las alianzas, pero impone una reevaluación bajo la óptica de los intereses y no bajo la emoción de la confianza absoluta.

Los últimos años han demostrado que la dependencia total de la protección externa no genera una seguridad sostenible, sino que crea una fragilidad estratégica que limita la toma de decisiones y debilita la capacidad de iniciativa. Por el contrario, la construcción del poder real comienza desde el interior: una economía cohesionada, una decisión soberana independiente, una integración regional efectiva y una inversión a largo plazo en el capital humano y la tecnología.

La protección de los intereses vitales del Golfo no se logra librando las batallas de otros, sino evitándolas cuando no sirven a esos intereses. No se logra mediante un alineamiento radical, sino poseyendo la capacidad de equilibrio. El momento actual requiere un tipo de valentía diferente: la valentía de decir "no" cuando el precio es la estabilidad, y la valentía de trazar un camino independiente incluso ante las complejidades del escenario internacional.

El Golfo no es el escudo de nadie, ni el combustible para los conflictos ajenos. Es un centro de gravedad estratégico que posee los elementos necesarios para ser un actor influyente y no un campo de batalla. Preservar este papel comienza con una decisión clara: que la prioridad sea siempre, y ante todo, los intereses del Golfo.

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