Magdy Tantawy escribe ..Medios de la saciedad en tiempos de hambre

Dec 13, 2025 - 10:31
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Magdy Tantawy escribe ..Medios de la saciedad en tiempos de hambre

Cuando el presentador Amr Adeeb aparece en una pantalla de enorme influencia para describir una empanada de salchicha a domicilio con chile picante, y sugiere al chef que, antes de meterla al horno, le “estrelle” dos huevos y la remate con crema y miel, no estamos ante una receta pasajera, sino ante un instante revelador de una dolorosa desconexión con el pulso de la gente.

Una pantalla que abre sus puertas para dirigirse a un pueblo cuyas muelas giran bajo las ruedas de una economía que gime y grita.
Entonces las palabras se vuelven grasa derramada sobre el fuego del hambre,
y la receta se transforma en un espejo implacable que refleja una brecha amplia entre quien habla y quien escucha.

El problema no está en la comida,
ni en un placer que Dios ha permitido.
El problema es exhibir la saciedad en tiempos de búsqueda de un mendrugo,
presentar el sabor como si fuera noticia,
mientras los hogares cuentan los días y no las comidas,
y decirle a la gente, en silencio o a gritos: coman como comemos nosotros o callen.

Así, cuando los medios se separan de la realidad de las personas,
cuando se dirigen a estómagos vacíos con el lenguaje de mesas abundantes,
la palabra se vuelve más pesada que la piedra,
y la voz elevada se convierte en un telón que oculta el vacío del sentido.
La pantalla pasa de ser una ventana de conciencia a un muro frío.

Sí, sabemos que Dios nos creó en grados por una sabiduría,
y creemos que el sustento está en Sus manos.
Pero también sabemos que Dios no ama herir los sentimientos de Sus criaturas,
que la palabra es un depósito de confianza,
que el púlpito es una responsabilidad,
y que quien posee el micrófono posee un impacto:
o puede ser bálsamo,
o puede ser sal sobre las heridas.

Los medios no son una cocina para la ostentación,
ni una sala de exhibición del lujo.
Son un puente entre la verdad y la gente.
Si el puente se derrumba, cae la confianza;
si la misericordia se ausenta, llega la ira,
y el enojo habla en lugar de la esperanza.

En tiempos de hambre, la gente necesita un discurso que se le parezca,
que entienda su dolor,
que consuele su paciencia
y que señale el camino,
no una receta que aumente la distancia,
ni una risa que se parezca a la burla.

La palabra, cuando sale de la pantalla,
o es pan que todos comparten,
o es un cuchillo que hiere a quien no posee nada.
La diferencia entre ambas
es la conciencia de quien habla.

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