Magdy Tantawy escribe: “El jeque Zayed en los ojos de Ali Mohammed Al-Shurafa Al-Hammadi: Un líder del tamaño de una nación y un espíritu que no se quiebra”

Oct 4, 2025 - 18:24
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Magdy Tantawy escribe: “El jeque Zayed en los ojos de Ali Mohammed Al-Shurafa Al-Hammadi: Un líder del tamaño de una nación y un espíritu que no se quiebra”

Cuando los grandes hablan de los grandes, el discurso se convierte en un testimonio histórico que trasciende la tinta y el papel, y se transforma en un espejo fiel que refleja la esencia de los grandes líderes.
Eso es exactamente lo que sentimos cuando el pensador árabe Ali Mohammed Al-Shurafa Al-Hammadi, quien fue director general del Departamento de Protocolo del Estado de los Emiratos Árabes Unidos durante el mandato del jeque Zayed, plasma su testimonio sobre un hombre que no fue solo gobernante, sino sabio, conciencia de una nación, voz de la verdad y corazón palpitante de arabidad y humanidad.

Zayed… su referencia era el cielo y su corazón, la tierra

Al-Shurafa Al-Hammadi afirma que el jeque Zayed, que en paz descanse, no tenía otra referencia que Dios.
No era prisionero de los cálculos políticos ni de los vaivenes de los intereses.
Actuaba con la convicción interior de que la verdad no se negocia, la dignidad no se vende y el ser humano es lo más valioso del universo.

Dice Al-Shurafa sobre su mentor y gobernante:

“Era valiente al decir la verdad, firme e inquebrantable cuando se trataba de la honestidad, y no temía la censura cuando se encontraba en el camino de Dios.”

Esa fe profunda y esa convicción excepcional hicieron de Zayed un hombre que marcaba la diferencia en cada circunstancia, trazando un rumbo claro cuando los caminos se confundían.

Octubre de 1973… cuando Zayed decidió que el petróleo no vale más que la sangre

Inolvidables son los momentos que el destino graba en la frente de la historia, como aquel episodio relatado por Al-Shurafa Al-Hammadi.
Durante la guerra de Octubre, el jeque Zayed preguntó por la posición de los ministros árabes del petróleo en una reunión decisiva.
Le respondieron que los países habían acordado reducir la producción de petróleo hacia Occidente en un 5%.

Tras un silencio breve, Zayed pronunció palabras que aún resuenan como un juramento:

“Comuníquense inmediatamente con el ministro Mani’ Al-Otaibi e infórmenle de la decisión histórica de los Emiratos: detener las exportaciones de petróleo al 100%.

No fue una simple decisión política, sino un grito de dignidad, la voz de un líder que proclamó:

“El petróleo árabe no es más valioso que la sangre árabe.”

Una frase que se convirtió en símbolo de orgullo y prueba de que Zayed no temía pagar el precio si con ello protegía la sangre de sus hermanos.

Zayed y el ser humano… la misericordia sin fronteras

Zayed no fue solo un líder de Estado, sino un padre para toda persona necesitada.
No dormía sin preguntar por el pobre ni descansaba hasta asegurarse de que la ayuda llegara a quien la necesitaba.

Solía decir:

“La verdadera riqueza no es el dinero, sino el ser humano.”

Por eso lanzó innumerables iniciativas dentro y fuera del país:

  • Apoyó la educación y la salud en cada emirato.

  • Enviaba ayuda humanitaria a los rincones más lejanos de Asia y África.

  • Mandaba aviones de socorro a víctimas de terremotos en la India, hambrunas en Somalia o guerras en el Líbano, sin preguntar por religión, raza ni color.

Zayed y la unión… un sueño hecho realidad con sabiduría y nobleza

El proyecto de la unión emiratí, en sus inicios, parecía un sueño imposible.
Pero Zayed lo vio como un destino inevitable, que debía forjarse con sus propias manos, con paciencia inagotable y sabiduría que asombró a propios y extraños.
Construyó el edificio de la federación junto a sus hermanos gobernantes.

Dijo una vez:

“La unión vive en mi corazón y en mi ser; trabajo por ella día y noche y la pongo por encima de cualquier otra consideración.”

Y logró su propósito: los Emiratos surgieron de un desierto árido como una nación moderna, comparable a las grandes del mundo, nacida del seno de la sinceridad y alimentada por la lealtad, bajo la guía de un hombre que solo se asemeja a las cumbres.

Zayed en Jerusalén… en el Golán… en cada hogar árabe

Su arabidad no fue un eslogan, sino sangre que corría por sus venas.
Jamás se demoró en apoyar una causa justa ni en ponerse del lado de un oprimido.

En Palestina, su voz, sus posiciones y su apoyo político, humano y material nunca faltaron.
En el Líbano, mantuvo una postura honorable en cada crisis, desde la invasión hasta la guerra civil.
Y en Siria, extendió la mano de los Emiratos en los momentos más difíciles.

Repetía constantemente:

“Somos árabes… lo que duele a un árabe nos duele a todos, y lo que le alegra nos alegra también.”

Zayed permanece… en la conciencia antes que en las imágenes

Hoy, más de dos décadas después de su partida, su legado sigue vivo porque no fue un hombre común, sino una patria encarnada en un solo ser.
Un sueño hecho realidad, una voz de verdad en tiempos en que las voces se dispersan.

El testimonio del pensador árabe Ali Mohammed Al-Shurafa Al-Hammadi no es solo una narración, sino un documento de amor y lealtad, escrito por quien vivió en el corazón de Zayed y conoció de cerca la pureza de su alma, la nobleza de sus metas y la grandeza de su humanidad.

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