Magdy Tantawi escribe.. De Japón a Emiratos, cuando descubres que el futuro no es patrimonio exclusivo de nadie

Oct 2, 2025 - 12:20
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Magdy Tantawi escribe.. De Japón a Emiratos, cuando descubres que el futuro no es patrimonio exclusivo de nadie

Cuando visité Japón por primera vez, sentí que estaba ante la cima de lo que la civilización humana podía alcanzar en cuanto a sofisticación y orden. Todo allí parecía preciso, limpio y calculado: desde el movimiento de los trenes hasta la forma de servir la comida, pasando por la sonrisa del empleado que se inclina con respeto ante ti aunque no entienda tu idioma.
En aquel momento repetía para mis adentros: *“Europa necesita un siglo para alcanzar el planeta Japón”*. Creía haber llegado al final de la escalera civilizatoria, y que nada podía compararse con aquel nivel de organización, respeto y valoración del ser humano.
Pero lo que nunca imaginé es que, años después, me encontraría en un país árabe joven, que aún no ha cumplido cincuenta años desde su fundación, y diría: *“Incluso Japón podría necesitar tiempo para llegar a lo que han alcanzado los Emiratos Árabes Unidos”*.

**Un asombro no pasajero:** en los Emiratos, la fascinación no fue momentánea ni meramente visual, sino una sensación real de sistema integrado: seguridad casi absoluta, una ley que gobierna a todos, dignidad garantizada para cualquiera que viva en esa tierra sin importar su nacionalidad, color o creencia. Encontré en los Emiratos lo que muchos echan en falta en sus propios países: respeto, eficiencia, justicia. No había ruido ni consignas vacías, solo una voz clara: trabajo, trabajo y más trabajo.

**De la arena al liderazgo:** ¿cómo un Estado con apenas unas décadas de existencia pudo transformarse en un centro global de economía, turismo, tecnología y tolerancia? La respuesta no es un milagro, sino una visión. Los Emiratos no partieron simplemente de cero, sino de una profunda convicción de que el ser humano es la clave de todo éxito.
Invirtieron en educación y no en la ignorancia, en creatividad y no en dependencia, en generar oportunidades en lugar de esperar milagros. Decidieron mirar hacia adelante y escribir su propia historia con sus propias manos, en lugar de vivir de recuerdos de glorias pasadas.

**Una lección, no una amenaza:** lo que ocurre en los Emiratos no es una bofetada a ningún país, sino una lección; no es un desafío a la identidad, sino una inspiración sobre cómo los Estados jóvenes pueden construir su lugar con mérito, lejos del victimismo o la autoflagelación. Es una experiencia que dice al mundo que el éxito no se mide por la edad, sino por la acción, y que las naciones no se respetan por sus consignas, sino por cuánto respetan a sus hijos y a todos los que viven en ellas.

**No comparación, sino aprendizaje:** nadie aquí pide que los países se conviertan en copias de los Emiratos, del mismo modo que los Emiratos no pueden ser una copia de Japón o de Suecia. Pero todos estamos llamados a reflexionar sobre estos modelos exitosos, no para compararnos, sino para aprender. Para darnos cuenta de que el sueño solo necesita un liderazgo que crea, un pueblo que trabaje y un entorno que lo respalde.

**En conclusión:** mi viaje de Japón a los Emiratos no fue solo geográfico, sino también intelectual y humano. En el primero vi un ejemplo de civilización refinada; en el segundo, un testimonio vivo de que el futuro puede construirse en una patria que hace medio siglo no figuraba en el mapa de las potencias.
La experiencia de los Emiratos nos dice a todos: la dignidad es posible, y el renacimiento no es patrimonio de quienes llegaron antes, sino de quienes tienen voluntad y visión. ¿La tenemos nosotros?

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