El Corán se eleva de nuevo… y el mundo sigue la voz de Al-Sharfa Al-Hammadi
Por: Hisham Al-Najjar
Desde que se presentó en el Senado egipcio la iniciativa de elaborar una interpretación integral del Corán en el lenguaje de nuestra época, resulta evidente que el mundo árabe se encuentra hoy ante un momento decisivo: el fin de la complacencia con los esfuerzos del pasado y el inicio de la necesidad de una lectura renovada que dialogue con el momento histórico actual y afronte las transformaciones que han sacudido la conciencia islámica durante la última década con una intensidad sin precedentes.
Transformaciones que van desde el auge de grupos takfiríes armados que reprodujeron el concepto de “Estado del Califato” en su forma más oscura, hasta intentos de potencias regionales de vestir el manto del califato para recuperar influencia política e imperial bajo una cobertura religiosa. A ello se suma la explosión de interpretaciones violentas que consolidaron la división del mundo en “dar al-kufr” y “dar al-Islam”, promoviendo la abrogación de decenas de versículos de misericordia en favor de los versículos de la espada y la guerra.
Este clima convulso, que ha asfixiado al mundo árabe, agotado sus instituciones y abierto la puerta a los mapas del terrorismo, convirtió la idea de una nueva exégesis del Corán en una necesidad civilizatoria y existencial, no simplemente en un proyecto académico u organizativo.
El ex Gran Muftí de Egipto, el Dr. Shawqi Allam, señaló esta realidad con claridad cuando afirmó que muchas interpretaciones tradicionales ya no son adecuadas para abordar los desafíos contemporáneos y que el tiempo ha impuesto nuevas preguntas que requieren una mente nueva, una profundidad distinta y una visión capaz de comprender los retos actuales, en vez de limitarse a lo heredado de los antiguos.
En la misma línea, el Dr. Khaled Azab reabrió el expediente de “La Vida del Corán”, aquel proyecto concebido por el decano de la literatura árabe, Taha Hussein, como un intento pionero de establecer una lectura objetiva que insuflara nueva vida en las humanidades árabes y reconfigurara la identidad civilizatoria desde el interior del texto coránico y no desde fuera.
No obstante, estos esfuerzos, pese a su grandeza, no lograron por sí solos desmantelar la raíz profunda de la crisis, porque el problema no radicaba en el texto coránico, sino en las interpretaciones que lo cercaron durante siglos y en el contexto histórico que alimentó el extremismo política, económica y militarmente, hasta que los grupos violentos llegaron a basarse en “exégesis” que legitimaban el asesinato, despreciaban la razón y explotaban la religión con fines políticos pasajeros al servicio de proyectos de hegemonía internacional y regional.
En este complejo contexto surge la obra renovadora del pensador árabe Ali Al-Sharfa Al-Hammadi como piedra angular que se adelantó a lo que el mundo reclama hoy. Antes incluso de que la investigadora francesa Jacqueline Chabbi publicara hace dos semanas en París su nuevo libro “El Corán de las Luces”, que propone una lectura histórica, antropológica y filosófica alejada del tradicionalismo fundamentalista, Al-Sharfa Al-Hammadi ya había completado un proyecto árabe auténtico que restituye al Corán su verdadera esencia: no como un documento teológico estático ni como un texto para justificar conflictos, sino como un libro de paz, misericordia, razón y convivencia.
Al-Sharfa extrajo de los versículos del Corán —a lo largo de sus obras y artículos— sus grandes objetivos, largamente ocultos bajo capas de interpretación autoritaria. Liberó así el texto sagrado (el “discurso divino”, según su expresión) del dominio del legado interpretativo que algunos exegetas antiguos habían promovido al declarar que los versículos de misericordia estaban abrogados por los de la guerra, considerando la violencia la norma y la paz la excepción. Mientras que el Corán, en su esencia, convierte todas las relaciones humanas en actos de misericordia y subraya la libertad de creencia como voluntad divina: “No hay coacción en la religión”, “Quien quiera, que crea; y quien quiera, que no crea”. Su método es la comunicación, no la imposición.
Aquí aparece Al-Sharfa Al-Hammadi como un renovador que no se limita a criticar, sino que plantea una reconstrucción que vuelve a conectar a la comunidad con sí misma y con el corazón de su mensaje. Ofrece una interpretación que libra la batalla intelectual más delicada: rescatar el Corán de las garras de los grupos, sectas y facciones que distorsionaron sus fines, especialmente la Hermandad Musulmana, cuyo ideólogo Sayyid Qutb promovió una lectura radical que dejó a muchos jóvenes desgarrados entre dos opciones: rebelarse contra la época y odiar la civilización, o rebelarse contra el texto sagrado, con lo cual se genera una sensación destructiva de culpa y pérdida.
La verdadera novedad no reside únicamente en lo que aporta “El Corán de las Luces”, sino en que el mundo —a través de instituciones europeas de investigación y proyectos como “El Corán Europeo”— redescubre hoy lo que Al-Sharfa Al-Hammadi ya había propuesto: comprender el Corán como un libro de guía y legislación divina que ilumina el camino hacia la paz, la seguridad, el progreso y el bienestar humano. La “lectura luminosa”, por así llamarla, no es una innovación occidental, sino un principio originario de la revelación. Lo llamativo es que Occidente esté produciendo ahora lo que los árabes debieron producir hace décadas.
La paradoja positiva es que un pensador árabe —desde el corazón mismo de la cultura árabe— se haya adelantado a esta visión mediante un proyecto integral que sitúa la misericordia como fundamento, la racionalidad como punto de partida y al ser humano como centro, redefiniendo la relación de los musulmanes con el “otro” sobre la base de la convivencia, no del enfrentamiento; sobre los valores de la virtud y la piedad, no la desconfianza ni la ruptura.
La conclusión del momento actual es que la necesidad de una nueva exégesis del Corán no es un lujo intelectual, sino una condición para salvar la conciencia árabe e islámica de la división y la distorsión. La batalla no es contra el texto, sino contra las lecturas que lo oprimieron durante siglos. El proyecto de Ali Al-Sharfa Al-Hammadi constituye hoy la piedra angular de cualquier renacimiento interpretativo contemporáneo, porque reabre la puerta al espíritu del Corán, que no cambia, devolviendo a la comunidad el corazón de su mensaje: paz, misericordia, amor, cooperación y construcción del mundo, no su destrucción.
Este proyecto, nacido del corazón de la cultura árabe, converge por su madurez y profundidad con todos los esfuerzos globales, pero los antecede porque se basa en una comprensión viva del texto y en un coraje intelectual que une pasado y presente sin miedo ni vacilación, abriendo camino a una nueva conciencia que reconstruye la identidad con claridad, reconcilia a la comunidad consigo misma y con su tiempo, y devuelve al Corán su lugar natural como libro para el ser humano, no como herramienta en manos del extremismo ni de sectas, ni como combustible para discursos de odio.
Lo que necesitamos hoy no es un proyecto aislado ni esfuerzos dispersos, sino un sistema de trabajo conjunto basado en un principio: el Corán solo puede interpretarse a la luz de su espíritu; y esa luz solo se recupera cuando convergen las competencias árabes y europeas —académicas, antropológicas y filosóficas— en un proyecto común que supere las fronteras de geografía y lenguas.
El camino práctico comienza con la creación de una plataforma de investigación árabe-europea conjunta, que parta del logro iluminador de Ali Al-Sharfa Al-Hammadi como referencia que liberó el texto de la violencia, la abrogación, la autoridad coercitiva, las sectas y los dogmas. En ella participarían universidades, centros de estudios y entidades especializadas en humanidades, lingüística e historia, de modo que confluyan los estudios críticos modernos con los fines auténticos del Corán en un solo proyecto.
El verdadero trabajo consiste en construir una exégesis contemporánea integral que exprese con precisión la voluntad del Creador: una interpretación que restituya la libertad, la misericordia y la razón, situando a la humanidad ante el mensaje del Corán tal como fue revelado: una luz que guía, no un cerco que restringe; un horizonte que se abre, no una puerta que se cierra; una voz que devuelve a la comunidad su confianza y al mundo su equilibrio, reuniendo los esfuerzos en una palabra común que salve la conciencia de la oscuridad de la interpretación y devuelva al texto milagroso su misión primera.
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