Dr. Georges Awad escribe: La absurdidad de la obediencia ciega – La teoría del rebaño

Nov 10, 2025 - 15:12
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Dr. Georges Awad escribe: La absurdidad de la obediencia ciega – La teoría del rebaño

En una de las provincias del este de Turquía, en una mañana que no difería mucho de las demás, un pastor observaba su rebaño sobre un acantilado rocoso. No sabía que aquel día quedaría registrado en la historia, no por ser especial o extraordinario, sino porque sería un testimonio de la absurdidad de la obediencia ciega.

En el año 2005, en la aldea de Güves, al este de Turquía, el pastor salió con sus ovejas hacia un prado fértil. Mientras atravesaba colinas y valles, ocurrió lo impensable:
una oveja saltó desde un precipicio hacia el vacío de la muerte.
Lo asombroso fue que más de mil quinientas ovejas la siguieron —sin pensar, sin razonar— cayendo una tras otra.
Unas cuatrocientas cincuenta murieron, mientras que las demás sobrevivieron porque los cuerpos acumulados amortiguaron la caída.

El pastor, horrorizado, gritaba y pedía auxilio, pero nadie escuchaba. El rebaño había entregado su razón no al pastor, sino a la estupidez y a la pérdida de conciencia.

Esta historia insólita refleja un fenómeno bien conocido en psicología: el comportamiento gregario o “comportamiento del rebaño”, donde los individuos siguen a la mayoría sin analizar ni evaluar las consecuencias, sólo porque otros lo hacen.

Aunque el suceso sea real y trágico, representa con fidelidad una amarga realidad humana. No se limita a los animales, sino que se manifiesta también en organizaciones, grupos —e incluso comunidades religiosas— que se sustentan en la lealtad ciega y la obediencia absoluta a los líderes, en la supresión de la conciencia y en la manipulación de las verdades religiosas al servicio de los intereses y ambiciones.

Así como las ovejas siguieron a las demás hacia la perdición sin pensar, también algunos seres humanos siguen a sus líderes ciegamente, incluso si los conducen al abismo, amparándose en consignas como “obediencia y sumisión” o “camino divino”, sin reflexión ni entendimiento.
En esos ambientes, la mentira, la hipocresía, el engaño, la amenaza y la manipulación se vuelven costumbre, hasta que el fraude se normaliza y la falsedad se convierte en una “verdad” aceptada.

El episodio de las ovejas nos recuerda el peligro de perder el pensamiento crítico y muestra cómo el comportamiento del rebaño puede llevar incluso al ser humano —la criatura racional— a finales desastrosos cuando entrega su mente a otros.

Como dijo el apóstol Pablo sobre quienes:

“Habiendo perdido toda sensibilidad, se entregaron a la impureza para cometer toda clase de actos indecentes con avidez.” (Efesios 4:19)
La impureza y la codicia son, en efecto, formas de degradación moral.

Lo asombroso no fue el primer salto, sino los cientos que le siguieron: más de mil quinientas ovejas lanzándose una tras otra, sin dudar, sin mirar atrás, ignorando los gritos del pastor. Saltaban como si aquello fuera lo más natural del mundo.
Y al final del cuadro: cuerpos apilados, respiraciones apagadas y un pastor paralizado, sin saber si lo que veía era realidad o pesadilla.

El rebaño… está dentro de nosotros, no fuera

A veces reímos de la historia y decimos: “¡Qué ovejas tan tontas!”
Pero, ¿no nos ha ocurrido seguir la opinión de la mayoría sólo porque era la mayoría?
¿No hemos aplaudido, gritado, condenado o amado simplemente porque “los demás” lo hicieron?

El rebaño no vive sólo en las montañas: vive dentro de nosotros, en nuestras sociedades, en nuestros grupos religiosos —como la Hermandad Musulmana y otras muchas agrupaciones— cuya voz suena suave y su discurso halagador, pero que esconden lo contrario de lo que muestran.

Como dijo el poeta:

“Te esquiva como el zorro, te endulza con su lengua,
pero te hiere con la punta de ella.”

Su voz nos susurra cada día:
“No seas diferente... camina con los demás.”
“No pienses, porque pensar te hace extraño.”
“Si quieres seguridad y pertenencia, sé parte del rebaño.”

Y en tiempos de miedo, buscamos el calor del grupo para escondernos en él.
Pero la tragedia comienza cuando esa obediencia se vuelve costumbre, cuando cedemos nuestro pensamiento y miramos con los ojos de otros.
Ahí empieza el peligro: cuando saltar del precipicio se vuelve más fácil que mantenerse de pie a solas.

La voz de la sabiduría dice: sé la oveja diferente

En un mundo lleno de ruido, presiones y tendencias efímeras, no pasa nada si te detienes y preguntas: “¿Por qué?”
No pasa nada si dudas, si te equivocas, si piensas con una voz distinta.
Cada vez que te veas arrastrado por una corriente colectiva, pregúntate:
¿Estoy convencido? ¿O sólo temo parecer diferente?

La conciencia es un don. La conciencia es poder.
Aunque reine la ignorancia y la oscuridad, la luz siempre terminará por surgir.

Recordemos siempre: la primera oveja que saltó no sabía que cientos la seguirían.
Comprendamos lo que significa la obediencia ciega y preguntémonos siempre hacia dónde nos conduce el camino.

Sé la oveja que se detuvo, miró y pensó… y eligió el camino de la salvación.
No es necesario caminar con la mayoría.
Sé tú mismo, sé el pensador.

Que Dios los guarde y los bendiga.

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