Dr. Abdulradi Radwan escribe... El pensamiento reformista: entre Al-Shurafa y Mahathir Mohamad
El desempeño en el ámbito político —que los distinguió por una profunda singularidad de pensamiento derivada de una visión perspicaz y basada en la experiencia práctica y su aplicación en la realidad— no es el único denominador común entre Ali Al-Shurafa y Mahathir Mohamad, ex primer ministro de Malasia.
Más bien, los unen tres elementos más amplios y de mayor impacto:
La investigación de la política legítima: Una inmersión profunda en los aspectos y dimensiones de la política islámica tal como la establece el Sagrado Corán, reflejada en los estudios y modelos de la teoría política en el pensamiento islámico.
La aplicación práctica: El esfuerzo incansable por aplicar los valores, principios y fundamentos de dicha política en la realidad, a través de los canales oficiales en las instituciones de los países islámicos.
La crítica consciente: Un análisis profundo de las condiciones del mundo islámico en el intento de formular una respuesta a la dolorosa pregunta sobre el renacimiento: ¿Por qué se han rezagado los musulmanes y por qué han avanzado los demás?
Sin embargo, Ali Al-Shurafa se distingue por su proyecto de reforma integral, el cual se basa en dos grandes fundamentos:
El primer fundamento (La renovación religiosa): Se logra presentando reflexiones coránicas que revelan la verdadera religión de Dios en el discurso divino, el cual es inexpugnable ante la falsedad. El objetivo es purificar el discurso religioso heredado de las distorsiones y desviaciones del camino recto.
El segundo fundamento (El renacimiento civilizatorio): Consiste en la recuperación de la prosperidad de la nación aplicando la ley de Dios y Su método, con sus valores de justicia, misericordia, bondad, compasión mutua, fraternidad humana, solidaridad y unidad, evitando la división en la religión y las disputas que conducen al fracaso civilizatorio.
En este contexto, la cuestión de la "verdadera religiosidad" en el mundo islámico se presenta como un magnífico ejemplo de la crítica consciente ofrecida por ambos pensadores.
En una importante declaración, Mahathir Mohamad afirma: "Nos llamamos musulmanes, pero no seguimos las enseñanzas del Islam". Señala que la tragedia de debilidad y humillación que aparenta el mundo islámico hoy en día no se debe únicamente a la fuerza del adversario, sino al alejamiento de los musulmanes de las enseñanzas del Corán y los valores del Islam, que alguna vez fueron la fuente de su fuerza y unidad.
Este planteamiento de Mahathir, que vincula la formalidad de la religiosidad con el estado de declive civilizatorio, encuentra su contraparte en los profundos abordajes de Al-Shurafa. Sus múltiples enfoques y densos estudios tratan este asunto bajo diversos títulos y propósitos (fundamentales, éticos, devocionales o de creencias), girando en torno a la verdadera esencia del Islam y las exigencias del pacto establecido con Dios mediante la profesión de fe (Shahada).
Al-Shurafa establece de manera clara y decisiva que el pacto con Dios solo se cumple mediante el compromiso total con Su ley y Su método expuesto en el Sagrado Corán. Asimismo, considera que el empoderamiento civilizatorio de los musulmanes está condicionado a la materialización de estas exigencias.
Para ello, Al-Shurafa extrae de sus reflexiones coránicas las leyes y valores éticos y de fe que condicionan la victoria y el empoderamiento, presentándolos como prerrequisitos existenciales necesarios:
1. La victoria no es una promesa incondicional
El triunfo en la Tierra es una ley divina ligada al cumplimiento de sus causas y condiciones. Si estas fallan, la victoria se retrasa o el poder desaparece, tal como dice el Corán: "Si ayudáis a Dios, Él os ayudará y afirmará vuestros pasos". Esta ayuda consiste en respaldar Su ley con sus valores éticos, sociales y civilizatorios.
2. La fe sincera acompañada de buenas obras
El Corán hace de la fe en Dios una premisa necesaria, ya que es la fuerza interna que forja a una persona capaz de sacrificarse y lograr metas. Dios vinculó el empoderamiento a ambas condiciones: "Dios ha prometido a quienes de vosotros crean y obren rectamente que les hará sucesores en la Tierra".
3. La piedad (Taqwa) y la excelencia (Ihsan)
Representan el control ético y de comportamiento que protege a la sociedad de la desviación y la hace merecedora de la ayuda divina: "Ciertamente, Dios está con quienes le temen y con quienes hacen el bien". La piedad no es solo temor en el corazón, sino un estilo de vida basado en el cumplimiento de los mandatos de Dios.
4. La división y la disputa son los primeros factores de debilidad
El Corán advierte severamente: "Y obedeced a Dios y a Su Mensajero, y no disputéis, no sea que flaqueéis y perdáis vuestra fuerza". La disputa conduce a la pérdida de poder, siendo el inicio de la caída de las naciones. La salvación radica en la unidad metodológica y de acción.
5. La justicia es el pilar del empoderamiento
El establecimiento de la justicia no es una recomendación, sino una obligación: "Ciertamente, Dios ordena la justicia". Las sociedades basadas en la opresión y la corrupción no pueden obtener el apoyo de Dios, ya que atraen sobre sí mismas su propia caída.
6. Preparación y posesión de la fuerza contemporánea
Es necesario estar capacitados para librar batallas materiales y morales que impidan al enemigo apoderarse de los recursos de la nación. La fuerza en el concepto coránico abarca lo militar, lo económico, lo científico y lo organizativo. La nación fuerte combina la fe verdadera con el poder disuasorio.
7. No hay victoria sin perseverancia y vigilancia constante
El empoderamiento se rige por la regla civilizatoria de "una mano construye y otra lleva el arma". Se exige paciencia para soportar las adversidades, mantener el compromiso, enfrentar la agresión y perfeccionar el trabajo.
8. La reforma interna del ser
El Corán estableció una gran regla en el cambio civilizatorio: "Ciertamente, Dios no cambia la condición de un pueblo hasta que ellos cambian lo que hay en sí mismos". El camino hacia la prosperidad y la victoria comienza, inevitablemente, reformando las creencias, el pensamiento y el comportamiento del propio individuo antes de intentar transformar a la sociedad.
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