Osama Ibrahim escribe… El pensador árabe Ali Al-Shurfa desmonta las mentiras de los grupos terroristas y pide volver al discurso divino

Dec 6, 2025 - 14:56
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Osama Ibrahim escribe… El pensador árabe Ali Al-Shurfa desmonta las mentiras de los grupos terroristas y pide volver al discurso divino

He reflexionado profundamente sobre el contenido del libro «Los musulmanes entre el discurso religioso y el discurso divino» del investigador y gran pensador árabe, el profesor Ali Mohamed Al-Shurfa Al-Hammadi. Esta obra constituye una llamada de alerta frente a una de las enfermedades más peligrosas que han afectado a nuestras sociedades islámicas durante siglos: un discurso religioso distorsionado y erróneo, frente al alejamiento de los musulmanes del discurso divino auténtico, representado en el Corán, cuyas claras aleyas portan los principios de tolerancia, igualdad y misericordia.

Entre las razones que expone el pensador árabe Ali Al-Shurfa figura la interpretación equivocada del Corán, que ha tenido gran impacto en la aparición de lo que hoy se denomina “yihad islámica” en la época moderna.
Cuando observamos las declaraciones que emiten los “terroristas” de vez en cuando, vemos que recurren al islam para justificar sus actos sangrientos, afirmando que representan la yihad a la que llama el Corán, y alegando que el islam permite usar la violencia como medio de defensa personal o para defender la religión en las sociedades musulmanas.

El libro muestra que los musulmanes de hoy se enfrentan a dos interpretaciones contradictorias del Corán:
– Una que se ajusta a la esencia del mensaje islámico de paz, igualdad y armonía social.
– Y otra basada en una lectura errónea del texto divino, sometida a los deseos personales de individuos y grupos para promover ideas que sirven a sus propios intereses.

El pensamiento terrorista parte de una visión desviada del concepto de ijtihad, resaltando textos coránicos sobre la violencia y la firmeza religiosa de forma selectiva, presentándolos al público como base para justificar el uso excesivo de la fuerza.

El punto más destacado del libro es la distinción entre el discurso divino y el discurso religioso. El primero —según el autor— es el texto coránico original que llama a la justicia, la tolerancia, la igualdad y el rechazo de la violencia. El segundo son interpretaciones fragmentadas basadas en las opiniones de los compañeros del Profeta y relatos históricos que los extremistas de hoy manipulan para derivar de ellos normas que justifican el asesinato, la destrucción y la esclavitud de las mujeres en beneficio de sus intereses.

El libro también aborda cuestiones de gran importancia, como el conflicto suní-chií surgido tras la muerte de Al-Husayn, donde los instigadores de la discordia introdujeron relatos falsos y referencias contradictorias que alimentaron la lucha sectaria, con un costo enorme a lo largo de la historia.

Entre los temas más peligrosos que subraya Al-Shurfa está la mala interpretación del concepto de “renovar el discurso religioso”, que algunos entendieron como una invitación a modificar el texto divino. Esto se debe a la dominación de los discursos de ciertos clérigos en la escena religiosa. Por ello, el autor insiste en que el concepto correcto debe ser “corregir el discurso islámico”, no simplemente renovarlo.

Asimismo, el autor analiza lo que denomina “insuficiencia del discurso religioso”, es decir, su limitación a los pilares de adoración sin abordar asuntos vitales de la vida cotidiana y las interacciones humanas que hacen progresar a las naciones.

El libro destaca también cómo algunos han distorsionado la imagen del islam, lo que permitió a los extremistas en Occidente difundir su veneno islamófobo y promover el odio entre sus pueblos. Además del impacto de ese discurso distorsionado en el mundo occidental, Al-Shurfa advierte de su peligro sobre los propios musulmanes en sus tierras, subrayando la necesidad de depurar la herencia islámica de las israeliyyat y los hadices fabricados.

El autor explica que la esencia del islam ha permitido y fomentado la pluralidad durante siglos, algo que hoy niegan los grupos religiosos extremistas. Esta pluralidad fue una de las razones de la multiplicidad de escuelas jurídicas, pues los sabios entendieron la necesidad de armonizar el mensaje divino con el tiempo y el lugar. Sin embargo, los extremistas contemporáneos politizaron la religión mediante una comprensión torcida de la sharía.

No existe en el islam nada que impida que el individuo decida cómo seguir su religión según su libre voluntad, sin necesidad de coincidir con la opinión mayoritaria o minoritaria de los clérigos. El autor añade que la interpretación correcta del islam permite a los musulmanes convivir pacíficamente con otros en igualdad.

También señala lo fácil que es manipular o malinterpretar el texto divino mediante varios métodos, entre ellos:
Aislar fragmentos del texto según la conveniencia del intérprete.
– Tratar el Corán como frases separadas, cuando en realidad es un libro coherente cuyas aleyas se explican mutuamente.
El concepto de abrogación, utilizado para afirmar que los versículos de combate suprimen decenas de aleyas que llaman a la tolerancia, el perdón y la convivencia pacífica.
– Recurrir a hadices atribuidos falsamente al Profeta.

Lo más llamativo es que la mayoría de los textos que utilizan para justificar la violencia pierden su supuesta connotación agresiva al revisar su contexto, las aleyas anteriores y posteriores, y las circunstancias de la revelación.

El autor señala especialmente los temas más manipulados, como la yihad y el supuesto llamado a matar enemigos. Al-Shurfa se esfuerza en refutar estas interpretaciones extremistas, explicando que el Corán regula el concepto de yihad dentro de un marco ético y jurídico coherente.

Otro asunto importante que aborda el libro es el estatus de la mujer en el islam. Los grupos terroristas han distorsionado los textos divinos relativos a la mujer y los han reemplazado con principios basados en costumbres y tradiciones ajenas al mensaje coránico.

A partir de todo ello, el profesor Ali Al-Shurfa sostiene que es imprescindible enfrentar esta versión distorsionada de la religión regresando a las enseñanzas auténticas del discurso divino, a los verdaderos principios del islam basados en la paz, la tolerancia y la igualdad, en perfecta armonía con los derechos humanos.

El autor llama a seguir el Corán y la Sunna auténtica que no contradice su mensaje, para cerrar la brecha que ha dividido a la umma. Subraya también la necesidad de que los predicadores adopten un discurso religioso coherente con el texto divino, contribuyendo así a la unidad y al progreso de la comunidad musulmana.

Y concluye nuestro gran pensador árabe diciendo que no hay salida del oscuro túnel que vivimos hoy sino volviendo al discurso divino, del cual extraemos la luz que ilumina nuestras mentes, eleva nuestras almas y las llena de misericordia, amor y justicia. Nos invita a inspirarnos en el Libro de Dios los caminos de la paz, a comprender Su voluntad en Sus aleyas para vivir con bienestar y esfuerzo agradecido, con obediencia aceptada y recompensa grandiosa, “el Día en que ni los bienes ni los hijos servirán, salvo quien llegue a Dios con un corazón puro”.


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