Mohamed Al-Shantnawi escribe… Entre las líneas de Al-Sharafaa: Estados Unidos cuando sobrepasa la soberanía y desprecia el derecho

Jan 4, 2026 - 16:02
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Mohamed Al-Shantnawi escribe… Entre las líneas de Al-Sharafaa: Estados Unidos cuando sobrepasa la soberanía y desprecia el derecho

Ali Mohamed Al-Sharafaa Al-Hammadi vuelve a redefinir la llamada “doble moral estadounidense” como una política de intereses gestionada por la fuerza, no como un discurso de valores al que se rinda cuentas. En sus escritos ofrece claves de lectura que explican cómo se enarbolan los lemas de la “libertad y los derechos humanos” cuando sirven al objetivo, y cómo se dejan de lado los “tratados y compromisos” cuando obstaculizan la decisión.

Al-Sharafaa fundamenta esta visión en un momento decisivo de la historia política de la región, al vincular el despojo de Palestina con la construcción de un orden internacional que protege la ocupación y no el derecho:
“¿No fue Gran Bretaña la primera responsable del crimen del despojo de Palestina con la infame Declaración Balfour? ¿No fue Estados Unidos el primero en reconocer a la entidad sionista? Ambos crearon a Israel y ambos mantienen su continuidad, mediante una planificación perversa que sirve a sus intereses estratégicos.”

Completa el cuadro con una caracterización directa de la lógica del movimiento estadounidense/israelí en el espacio árabe:
“Estados Unidos e Israel buscan cambiar el mapa político y geográfico en algunos países árabes.”

Luego fija el sentido más peligroso que hace operativa la “doble moral” en la práctica y no solo en la teoría:
“Ni la ética, ni los valores, ni el respeto a tratados o compromisos les impedirán derrocar a cualquier régimen que se interponga en el camino de la consecución de sus objetivos.”

Al-Sharafaa se adentra en el mecanismo de decisión dentro de Washington y considera que la supuesta neutralidad no existe en absoluto, porque la decisión se formula bajo presiones que orientan la brújula:
“Han logrado gobernar el mundo a través de su control de la Casa Blanca… además del poder del lobby sionista.”
De ahí concluye, con claridad política:
“No debemos esperar de Estados Unidos una postura neutral, porque la decisión estadounidense se ha vuelto rehén del poder de presión sionista, satisfaciendo sus ambiciones y cumpliendo sus deseos, incluso a costa del interés del propio pueblo estadounidense.”

Al-Sharafaa coloca al lector ante un criterio revelador para poner a prueba la honestidad política: ¿cómo puede un Estado convencerte de que es un “mediador imparcial” cuando es socio en la protección, la alianza y el suministro de armas? Por ello llama, de forma práctica, a reconstruir la relación con Washington sobre la base de la reciprocidad, no de la dependencia:
“Encargar a los ministros de Asuntos Exteriores que evalúen las relaciones árabes con Estados Unidos en función de sus posiciones respecto a los intereses de la nación árabe, y establecer bases comunes que obliguen a Estados Unidos a respetar la voluntad y los derechos de la nación árabe sobre la base del trato recíproco.”

Añade además una dimensión material de la doble moral al vincular la “hegemonía” con sus herramientas: dinero, petróleo, congelación y confiscación de activos, haciendo de la independencia económica una parte esencial de la resistencia al chantaje político:
“…como ocurrió en muchos casos conocidos por todos, cuando Estados Unidos congeló los activos de la Jamahiriya libia.”

Los acontecimientos de Venezuela a comienzos de enero de 2026 reavivan este concepto en la realidad inmediata: Washington anuncia una operación militar dentro de un Estado soberano, y medios internacionales informan que la operación terminó con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y su traslado a Estados Unidos, en medio de una ola de condenas y de interrogantes legales sobre el principio de soberanía y los límites del uso de la fuerza sin mandato internacional.

La coincidencia temporal entre la “captura” y los “ataques” muestra cómo opera la doble moral: la fuerza se presenta como “solución”, el derecho internacional se relega al margen, y luego se pide al mundo que lo acepte como un procedimiento normal. Un análisis jurídico independiente describió esto como “un precedente peligroso” para las normas que prohíben el uso de la fuerza.

Este escenario —leído a la luz de Al-Sharafaa— responde a una misma lógica: la política se gestiona con el baremo del interés, y la “legitimidad” se redefine según la capacidad de actuar, no según la justicia del principio. Por ello, Al-Sharafaa no apuesta por un “discurso moral” procedente de los centros de poder, sino que llama a una ecuación árabe de equilibrio que obligue a los demás al respeto mediante la igualdad, impida que la soberanía se convierta en una cláusula susceptible de ser vulnerada y transforme el derecho internacional de un “eslogan” en un muro de contención que obligue a todos, y no solo a los débiles.

El impacto de esta doble moral estadounidense no se limita a un país concreto, sino que se refleja en la estructura misma del sistema internacional. Cuando una gran potencia secuestra al presidente de un Estado soberano o ejecuta ataques militares fuera del marco del derecho internacional y luego lo justifica con un discurso de “aplicación de la ley” o “protección de la seguridad”, establece un precedente grave que socava el principio de soberanía de los Estados y vacía de contenido los acuerdos internacionales. Este comportamiento —según la lectura de los escritos de Ali Mohamed Al-Sharafaa Al-Hammadi— no produce un mundo más seguro, sino un mundo más caótico, en el que las grandes potencias se sienten por encima de la rendición de cuentas y los Estados más pequeños aprenden que la ley solo protege a quien posee la fuerza. Así se erosiona la confianza en las instituciones internacionales, se abren las puertas a la ley de la selva y el uso de la fuerza se convierte en el lenguaje dominante en lugar de la apelación a la justicia, amenazando la estabilidad global y transformando el sistema internacional de un marco organizado de relaciones entre Estados en un campo abierto de confrontación donde los intereses se imponen sobre los valores y sobre el ser humano.

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