Magdy Tantawi escribe: El amor cuando se convierte en conciencia, no en posesión
El amor es una de las palabras más utilizadas y menos comprendidas, ya que muchos confunden el amor con el deseo, el amor con la costumbre y el amor con la posesión, hasta el punto de que cada apego se llama amor, cada celo se llama fidelidad y cada control se llama interés.
El amor, en su esencia, no es un sentimiento pasajero que nace de una mirada, ni una emoción temporal creada por las circunstancias, sino que es un estado de conciencia en el que el ser humano ve el valor del otro y respeta su existencia, su libertad y su dignidad. Así, no busca poseerlo, sino hacer de él alguien feliz, y no piensa en lo que toma de él, sino en lo que le ofrece.
Cuando el amor es sincero, se convierte en una fuerza que construye al ser humano y no lo destruye, impulsándolo hacia la honestidad, el trabajo, la compasión y la entrega. Lo hace más equilibrado y menos egoísta, porque el verdadero amante no se ve a sí mismo como el centro del universo, sino que ve que la vida tiene un significado que se completa al compartirlo con los demás.
En cuanto al amor basado en el interés, es un trato temporal que termina cuando acaba el beneficio; el amor basado en la admiración por la apariencia física se marchita con el cambio de los rasgos; y el amor basado en la necesidad se convierte en una carga si desaparecen los motivos de esa necesidad. En cambio, el amor basado en el conocimiento, el respeto y la confianza es el más capaz de perdurar, porque se relaciona con la persona misma y no con lo que posee.
El amor no se limita a la relación entre un hombre y una mujer, pues existe el amor de los padres y los hijos, el amor de un amigo, el amor a la patria, el amor a la verdad y el amor al bien. De hecho, las formas más sublimes de amor son aquellas que trascienden el ego para servir al ser humano dondequiera que esté, sin esperar nada a cambio.
Una de las ilusiones más peligrosas es que el amor significa anular la mente; el amor maduro no es enemigo de la razón, sino que se ilumina con ella. La emoción que no está guiada por la conciencia puede convertirse en un apego dañino, un sacrificio ciego o una dura decepción. En cambio, el amor que une el corazón y la mente es el más capaz de continuar y enfrentar los altibajos de la vida.
El amor no consiste en encontrar a una persona perfecta, pues esto es imposible, sino en comprender que la perfección no es una condición para el afecto, que la diferencia no impide el acercamiento y que el error no anula el valor del ser humano, siempre que esté dispuesto a reconocerlo y corregirlo.
Por esta razón, el amor sigue siendo una prueba de la moral antes de ser una experiencia de los sentimientos. Quien no conoce la honestidad no conoce el amor; quien no respeta la libertad no conoce el amor; y quien no posee compasión no puede dar amor, por mucho que hable de él.
Al final, el amor no es una palabra que se dice, ni una promesa que se escribe, ni una ocasión que se celebra, sino que es un estilo de vida que se manifiesta en cada situación, en cada elección y en cada sacrificio sincero. Es el lenguaje que entienden el corazón sano y la mente sabia, y es el puente sobre el cual el ser humano cruza desde los límites del yo hacia la inmensidad de la humanidad.
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