Por: El investigador Ahmed Shaaban Muhammad
Miembro del Patronato de la Fundación Global Mensaje de la Paz en El Cairo
Durante una reunión en la sede de la Fundación Global Mensaje de la Paz en El Cairo con la delegación indonesia, el núcleo de mi intervención giró en torno a la amplitud de la visión con la que se mueve la fundación en su empeño por consolidar los supremos propósitos del Corán en todos los rincones del mundo.
La naturaleza del encuentro exigía exponer la idea de forma concisa; sin embargo, su significado merece una pausa y una aclaración, ya que revela un aspecto fundamental del carácter universal del proyecto que abandera la institución.
Llevar los propósitos supremos del Corán al mundo implica necesariamente encontrarse con una realidad de profunda diversidad: pueblos, lenguas, culturas, experiencias y formas de pensar heterogéneas.
Y es ahí, precisamente, donde reside el valor.
La lengua no son solo palabras
Los antropólogos se muestran apasionados por la preservación de las lenguas para evitar su extinción; esto se debe a que cada idioma no es una simple colección de vocablos distintos para designar las mismas cosas, sino que alberga consigo una historia, una cultura, una memoria y una forma singular de concebir el mundo.
Si la pérdida de una lengua supone la pérdida de una porción de la experiencia humana, la pluralidad de culturas y de patrones de pensamiento implica también la existencia de múltiples perspectivas para contemplar los valores y propósitos humanos.
En este punto me detuve ante un significado de vital trascendencia:
Si los propósitos supremos son únicos, ¿por qué nuestra visión humana de ellos tendría que ser unidireccional?
La justicia es un propósito único, pero un pueblo puede reflejar en su experiencia la dimensión de la igualdad, mientras que otra vivencia resalta la importancia de proteger a los vulnerables, una tercera enfatiza la justicia económica y una cuarta aporta una valiosa aportación sobre la independencia del poder judicial.
Ocurre exactamente lo mismo con la misericordia, la paz, la libertad, la dignidad y demás valores.
El valor es uno solo, pero la experiencia humana desvela sus facetas desde ángulos diversos.
Lo que le falta a una visión lo complementa otra
Llegamos así a la esencia de la idea que quise esbozar en mi intervención.
Cuando la Fundación Mensaje de la Paz entra en contacto con múltiples culturas, no se halla simplemente ante grupos destinados a escuchar su mensaje, sino ante bagajes humanos de los que se puede aprender.
Una determinada cultura puede atesorar una experiencia avanzada en convivencia.
Otra puede aportar un aprendizaje sólido en materia de solidaridad.
Una tercera ofrece un modelo ejemplar de respeto a la diversidad.
Y una cuarta revela una aplicación distinta de la justicia, la misericordia o la paz.
De este modo, la diversidad de visiones se convierte en una fuente de complementariedad.
Lo que le falta a un enfoque puede completarlo otro, y aquello que una experiencia no advirtió puede ser revelado por una vivencia diferente.
Esto no implica alterar los propósitos, sino ampliar nuestro conocimiento sobre las vías para alcanzarlos.
¿Por qué me quedé perplejo?
Este fue el punto que más atrajo mi atención.
Me quedé fascinado ante la amplitud de miras de la Fundación Global Mensaje de la Paz.
La fundación lleva los altos propósitos del Corán al resto del mundo, pero al mismo tiempo no presupone poseer de antemano todo el conocimiento necesario sobre sus aplicaciones.
Se entrelaza con diversos esquemas intelectuales y culturales, abriendo espacio a lo que cada experiencia humana pueda aportar a los medios para alcanzar dichos propósitos.
Si se detecta una carencia, el conocimiento la suple.
Si una cultura revela un nuevo matiz, se aprovecha.
Y si una sociedad ofrece una experiencia de éxito en la realización de un valor humano, esa vivencia se vuelve digna de estudio y aprendizaje.
A mi juicio, esto representa una expansión de la visión y no una renuncia al marco de referencia.
Los propósitos permanecen firmes, mientras que el conocimiento humano sobre cómo realizarlos está en constante evolución.
La universalidad no es una clonación
A partir de aquí, el concepto de universalidad se distorsiona de la pretensión de moldear a todos los seres humanos bajo un mismo patrón.
La verdadera universalidad no anula la diversidad, sino que busca aquello que une a esa diversidad.
No exige a los pueblos renunciar a sus experiencias, sino que brinda a cada vivencia la oportunidad de ofrecer lo mejor de sí misma.
Podemos sintetizar esta idea en la siguiente ecuación:
Unidad de propósitos con multiplicidad de visiones equivale a complementariedad humana.
En este marco, la delegación indonesia, al igual que las demás delegaciones y culturas con las que se reúne la fundación, pasa a ser mucho más que una receptora de un mensaje.
Se convierten en socios de un amplio diálogo humano sobre cómo transformar la justicia, la misericordia, la libertad, la paz y la dignidad de propósitos supremos a una realidad vivida por el ser humano.
El mundo es un socio para completar el cuadro
Este es el aspecto que merecía mi reflexión tras concluir la intervención.
No nos dirigimos al mundo para decirle: «Poseemos el cuadro completo».
Por el contrario, le llevamos propósitos en cuya universalidad creemos, al tiempo que escuchamos el caudal de experiencias y conocimientos que ha acumulado, los cuales pueden ampliar la capacidad de todos para hacerlos realidad.
La firmeza del referente no implica el cierre del conocimiento.
Más bien, es la claridad del propósito la que permite el mayor grado de apertura; conocemos la meta y, a partir de ahí, nos beneficiamos de cada experiencia humana que contribuya a alcanzarla.
Aquí radica, a mi modo de ver, uno de los significados más relevantes de la visión de la Fundación Global Mensaje de la Paz:
Ir al mundo con aquello que une al ser humano y regresar del mundo con aquello que acrecienta nuestro conocimiento sobre el ser humano.
Ninguna cultura agota por sí sola todos los ángulos del saber, ni existe experiencia humana que posea la imagen completa.
Los propósitos son únicos, las visiones son múltiples y lo que le falta a una perspectiva lo puede completar otra, hasta conformar, entre el conjunto de las experiencias humanas, una imagen más completa y abarcadora.