Magdi Tantawi escribe: Zayed, el líder leal, y el testimonio de Ali Muhammad Al-Sharfa que inmortaló la historia
En los primeros años de la Unión, los Emiratos Árabes Unidos se parecían a una pequeña palmera que crecía en un vasto desierto, buscando el agua que la sostuviera y la luz que la guiara hacia lo más alto. En esos primeros momentos se alzó el jeque Zayed bin Sultan Al Nahyan —que Dios tenga misericordia de él— como un líder que combinaba la sinceridad del padre, la sabiduría del sabio y la visión de quien no veía límites para el renacimiento de la nación.
Trabajaba con sus manos y su corazón a la vez, convencido de que la construcción del ser humano era la base, que la justicia era el camino y que la responsabilidad ante Dios precedía a la responsabilidad ante las personas. A su alrededor se situaron hombres leales que compartieron con él la carga de la fundación. A la cabeza de ellos estuvo el pensador árabe Ali Muhammad Al-Sharfa Al-Hammadi, quien asumió el cargo de Director del Diwan del Estado de los Emiratos, convirtiéndose en la mente pensante del Estado y su espejo fiel que transmitía a la dirección la realidad exacta de lo que ocurría sobre el terreno.
Y en un momento de franqueza —que caracterizaba aquella etapa—, Al-Sharfa Al-Hammadi pronunció su famosa frase sobre el jeque Zayed: “Era nuestra madre, así que le creímos”. Un testimonio que brotó del corazón de un hombre que vivió cerca de Zayed, conoció la esencia de su alma y la sinceridad de sus intenciones. Palabras que resumían una relación donde la política se entrelazaba con la familia, y la responsabilidad con la confianza.
Al-Sharfa Al-Hammadi narra que el jeque Zayed solía dirigirse a ellos con una frase impregnada de fe y responsabilidad, diciéndoles: “Vosotros sois mis ojos que ven la situación del pueblo; y si no me informáis, os reclamaré ante Dios”. Palabras que no eran una amenaza, sino un pacto moral y un compromiso entre el líder y sus hombres para que la verdad estuviera por encima de todo, y para que las necesidades de la gente fueran una responsabilidad sagrada que no debía ocultarse ni descuidarse.
Este espíritu fue la causa directa del éxito del Estado, pues la dirección se basaba en la honestidad y la justicia, apoyada en ojos leales que transmitían la realidad sin miedo ni adorno. Ali Muhammad Al-Sharfa fue uno de esos ojos que cumplieron con la responsabilidad, y su testimonio sobre Zayed pasó a formar parte de una historia que se transmite de generación en generación.
Así se fundaron los Emiratos: sobre una relación única en la que un líder veía en su pueblo su verdadera riqueza, y hombres sinceros veían en su líder el camino hacia el futuro. Sobre esta base sólida comenzó la travesía del renacimiento, que hoy se ha convertido en una historia nacional que se menciona con orgullo y pureza.
Y así, las palabras de Zayed permanecieron como testigo de los tiempos iniciales; y el testimonio de Al-Sharfa sigue siendo prueba de la sinceridad de aquella etapa. Y la patria ha quedado como fruto de esa sinceridad, unidad y trabajo leal.
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