Magdi Tantawi escribe El Islam verdadero entre la adhesión a los principios y la flexibilidad del tiempo y el lugar
El islam es una gran religión, un método de vida completo, un camino recto que no tiene defectos y que no cambia con el paso del tiempo ni con el lugar. Es un mensaje de Dios Todopoderoso para toda la humanidad, un mensaje que no puede estar sometido a las divergencias humanas ni influenciado por sus caprichos. Sin embargo, hoy nos encontramos ante un estado de contradicción y confusión, pues esta noble religión sufre numerosas interpretaciones y lecturas erróneas que pueden alejarla de su esencia verdadera.
Lamentablemente, vemos hoy a algunas personas intentando encerrar el islam en un molde fijo, como si insistieran en que adopte una forma que refleje exclusivamente la época en la que viven o las transformaciones sociales que atraviesan las comunidades. Hay quienes llaman a un “islam moderno”, afirmando que se adapta a las exigencias de la vida contemporánea y acompaña los rápidos avances en tecnología, sociedad y política. Pero la verdad es que el islam no necesita “acompañar” al tiempo; es el tiempo el que debe acompañar al islam.
Lo más lamentable es que estas personas, en su intento por mostrar un islam “moderado” o “adaptado” a la era actual, podrían pasar por alto la esencia de la religión y alejarse de los principios que no cambian con el cambio de las personas o las sociedades. El islam es la religión de la misericordia, la justicia y la benevolencia, y no una religión que los seres humanos manipulen según sus deseos. Ningún individuo o grupo puede tomar de esta religión solo aquello que le conviene y dejar lo que no se ajusta a sus preferencias. Si el islam representa la ley divina, entonces no es una religión que se determine en función de necesidades humanas temporales ni de variables políticas o sociales.
Hoy podemos encontrarnos ante un islam distorsionado, donde se han mezclado conceptos y alterado principios bajo etiquetas como “islam moderado”, “islam funcional” u otros términos que no tienen relación alguna con la esencia de la religión. Aquellos que promueven este tipo de islam olvidan que no es simplemente una ideología susceptible de ser cambiada o modificada según las circunstancias, sino un método divino inmutable que no puede cambiar ni desaparecer. Es una religión de misericordia que jamás ha fomentado la violencia o el extremismo, sino que siempre ha llamado a la paz, la tolerancia y la justicia.
Al mismo tiempo, aferrarnos a los principios inmutables del islam no significa rechazar el progreso, la ciencia o el desarrollo. El islam, con sus grandes valores y principios humanos, tiene una enorme capacidad para adaptarse a cualquier época y lugar. Pero esta adaptación no implica alterar los principios fundamentales que trajo el profeta Muhammad —la paz sea con él—, sino aplicarlos de manera adecuada al contexto contemporáneo. No puede haber un islam del pasado distinto al islam del presente, porque el islam es uno y no cambia con el paso de las personas ni de las épocas.
El problema no reside en la diversidad de opiniones o en el ijtihad, sino en el exceso o la negligencia en la interpretación de la religión en función de los deseos humanos. El islam revelado al Mensajero de Dios —la paz sea con él— no estuvo limitado a un tiempo o lugar específicos, sino que es una religión para toda la comunidad y para toda la humanidad. Por ello, cualquier intento de presentar el islam de una manera distinta de los conceptos establecidos en el Sagrado Corán y explicados por el Mensajero fiel no es más que una distorsión de esta gran religión.
Sí, debemos rechazar todos los intentos de alterar, modificar o adaptar la religión según los deseos de algunos. Pero, al mismo tiempo, debemos saber que el islam es una religión integral, firme en sus principios y lo suficientemente amplia para acoger a cualquier persona o sociedad que desee adherirse a sus nobles valores. Si el islam llama a la justicia, la igualdad y la benevolencia, entonces no cambia con el paso del tiempo; permanece sólido como una montaña firme, protegiendo a la humanidad de los desvíos y guiándola lejos de los caminos del extravío.
El islam es una religión de valores y misericordia, no una religión de poder o dominación. Es una religión para la humanidad y no para ideologías estrechas. Aunque los desafíos de esta época de profundos cambios sean grandes, el islam seguirá siendo, en su esencia, una fuente de pureza, justicia e igualdad. Y si queremos vivir nuestro islam verdadero, debemos aferrarnos a los principios firmes que Dios Todopoderoso reveló, sin permitir que nadie los manipule, distorsione o altere su noble significado.
Por eso, el islam que debemos vivir hoy es el islam de la misericordia y la justicia, el islam de la cooperación y la benevolencia, un islam que elimina la necesidad de justificar el extremismo o alterar sus principios. Este es el islam que descendió de Dios, y este es el islam que debe permanecer hasta el Día del Juicio, en todo tiempo y lugar.
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