Los líderes y residentes de Portland están resistiendo al ICE. Ahora Trump está enviando tropas
Un día después de la segunda investidura del presidente Donald Trump, el alcalde de Portland, Oregon, sabía que una “ciudad santuario” como la suya enfrentaría cuatro años difíciles
“Debemos unirnos para vivir los valores compartidos de nuestra ciudad: libertad frente al miedo y refugio ante el exceso federal en los días venideros, sin importar lo que enfrente nuestra ciudad”, dijo el alcalde Keith Wilson en una carta al concejo municipal el 21 de enero.
En los últimos ocho meses, la ciudad ha reafirmado ese compromiso al unirse a una demanda contra la administración Trump y emitir una notificación de violación de zonificación para una instalación del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) que ha estado en el centro de protestas casi constantes durante todo el verano.La mayoría de las protestas frente a la instalación del ICE, a unos 3 km al sur del centro, han sido pacíficas, pero ocasionalmente han terminado con el uso de gas lacrimógeno y el cierre de la instalación durante varios días en el verano.
El sábado, el presidente Donald Trump cumplió su promesa de convertir la ciudad en objetivo de su próximo despliegue de la Guardia Nacional, diciendo en una publicación en redes sociales que ordenaba al secretario de Defensa, Pete Hegseth, “proporcionar todas las tropas necesarias” a Portland, una ciudad que describió como “devastada por la guerra”, para proteger las instalaciones del ICE que, según él, están “bajo asedio” por Antifa y “otros terroristas domésticos”.
Trump ha dicho, sin pruebas, que “terroristas pagados” están causando estragos en Portland.
La semana pasada, Trump volvió a centrar la atención en Antifa —el grupo poco organizado de izquierdistas y anarquistas conocido por su anonimato y manifestaciones enmascaradas y destructivas— designándolo como una “gran organización terrorista”. La Casa Blanca destacó incidentes en Portland, hogar de una de las organizaciones más antiguas de Estados Unidos con el nombre Antifa, en sus declaraciones sobre la designación.
Esto es lo que sabemos sobre lo que le espera a la ciudad famosa por sus protestas ruidosas y su política progresista, mientras su enfrentamiento con las autoridades federales de inmigración se vuelve más tenso.
Ser una ciudad santuario “orgullosa” podría poner en riesgo los fondos federales
A pesar del enojo del presidente, Portland ha reafirmado su estatus de ciudad santuario, haciéndolo lo primero que se ve en su sitio web oficial. Ahora el concejo municipal avanza hacia una ordenanza que lo haría legalmente vinculante, prohibiendo que cualquier organismo gubernamental de Portland ayude en la aplicación de la ley migratoria federal, excepto para proporcionar información que ya esté disponible al público en general.
La decisión podría ser costosa para Portland. La administración anunció que retendría una variedad de subvenciones federales —incluyendo fondos de FEMA, subvenciones para carreteras y mejoras aeroportuarias— de las ciudades que clasificó como “jurisdicciones santuario”, incluidas algunas que no usan ese término. Para Portland, eso pone en riesgo US$ 350 millones.
Portland se unió a otros 15 gobiernos locales en una demanda federal contra la administración Trump a principios de este año, y un juez bloqueó al Gobierno para que no congelara esos fondos. Pero la administración está apelando, negando que estén recortando fondos federales “de manera indiscriminada o generalizada”.
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