Lectura del artículo "En el recuerdo de Dios se sosiegan los corazones" del pensador árabe Ali Al-Shurafa: Hacia la recuperación de la tranquilidad a través del discurso divino

Mar 20, 2026 - 14:25
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Lectura del artículo "En el recuerdo de Dios se sosiegan los corazones" del pensador árabe Ali Al-Shurafa: Hacia la recuperación de la tranquilidad a través del discurso divino

Por: Bahjat Al-Obaidi

El planteamiento del gran pensador árabe, el profesor Ali Mohammed Al-Shurafa Al-Hammadi, en su artículo titulado: "En el recuerdo de Dios se sosiegan los corazones", se presenta como un intento serio de redescubrir al ser humano desde su interior; no a través de la teorización abstracta, sino mediante la reconexión con la fuente primaria de sentido: Dios. El versículo coránico que utiliza como punto de partida no es una mera frase retórica recitada en momentos de serenidad, sino que es —en realidad— la clave para comprender la crisis del hombre contemporáneo, quien posee casi todo... excepto la tranquilidad.

Nuestro pensador, el profesor Ali Al-Shurafa, parte de una idea decisiva: la turbulencia no es un síntoma psicológico accidental, sino una consecuencia directa de la desconexión del ser humano con el discurso divino. Cuando el hombre se aleja del recuerdo de Dios (Dhikr), no solo pierde un rito religioso, como algunos piensan, sino que pierde su propio orden interno; pierde la brújula que equilibra sus deseos y sus límites, su miedo y su esperanza, su existencia y su significado. Por ello, Al-Shurafa no presenta el "recuerdo" como un acto de adoración aislado, sino como un estado de conciencia permanente, una presencia que mantiene al individuo alerta ante sí mismo, sus actos y su destino.

En este contexto, el profesor Al-Shurafa redefine el concepto de Dhikr —como suele hacer con muchos términos— para sacarlo de la estrechez de la repetición verbal hacia la amplitud de la presencia existencial. Para él, recordar a Dios no es simplemente repetir Su nombre, sino mucho más: es vivir en Su significado, que Dios esté presente en tus decisiones, en tu comportamiento, en tu relación con los demás y en tu postura frente al bien y al mal. Aquí, la tranquilidad se transforma de un sentimiento temporal en un estado permanente de una vida en armonía con la Fitra (la naturaleza innata) que Dios creó equilibrada.

La propuesta de Al-Shurafa no se detiene en la dimensión individual, sino que trasciende hacia una visión más amplia: la crisis de las sociedades es, en esencia, una crisis de alejamiento de este recuerdo vivo. Cuando Dios está ausente en el hombre, la tranquilidad se evapora y es reemplazada por el miedo, la codicia o el egoísmo; entonces las relaciones se desintegran y la vida se convierte en un conflicto. Sin embargo, al volver a Dios, el sistema de valores regresa automáticamente: justicia, misericordia y benevolencia, que no son simples lemas, sino reflejos directos de la presencia de Dios en la conciencia.

En el fondo de este análisis destaca la esencia del método de Al-Shurafa: el regreso al Corán, no como un texto para ser leído, sino como un discurso para ser vivido. Él sostiene —con toda razón— que el Corán no fue revelado para ser un patrimonio preservado, sino para ser un método de vida y una guía práctica que oriente al ser humano en los detalles de su existencia. De ahí que el versículo "En el recuerdo de Dios se sosiegan los corazones" no sea solo una información, sino una ley humana. La tranquilidad no es una opción psicológica, sino el resultado natural de la conexión con Dios, así como la angustia es el resultado natural de la desconexión de Él.

Al-Shurafa profundiza en este entendimiento al vincular el recuerdo con la protección. El recuerdo de Dios no es solo una fuente de consuelo, sino un escudo moral que protege al hombre de los extravíos. Es como una alarma interna que le despierta antes de errar y le hace volver antes de perderse, convirtiendo el Dhikr en un elemento preventivo y no solo en un refugio tras la caída; a esto se refiere al señalar que el recuerdo es una "inmunización del ser humano contra el pecado".

Lo que destaca de este planteamiento es que no se hunde en la abstracción, sino que permanece ligado a la realidad humana. La tranquilidad aquí no es un estado místico aislado, sino una condición para la estabilidad psicológica y social. El hombre tranquilo es menos violento, menos tenso, más capaz de dar y más propenso a la justicia. Así, el recuerdo pasa de ser un asunto individual a ser la base para construir una sociedad equilibrada.

El artículo revela una visión intelectual coherente que ve al ser humano compuesto de cuerpo, mente y espíritu, y que el desequilibrio entre estas dimensiones es el origen del sufrimiento. Así como el cuerpo necesita alimento y la mente conocimiento, el espíritu solo se sacia con la conexión con su Creador; de lo contrario, el hombre permanecerá en un estado de carencia constante, sin importar cuánto poder posea.

De aquí surge el valor de este artículo: no se limita a interpretar un versículo, sino que reconstruye la relación entre el hombre y su Señor sobre una base consciente y directa, lejos de la complejidad y las acumulaciones. Es una invitación explícita a volver al origen, al discurso divino en su pureza original, donde la religión no es una carga, sino un camino hacia la liberación de la angustia; no es una restricción, sino la llave de la tranquilidad.

Finalmente, el profesor Ali Al-Shurafa coloca al lector ante una realidad ineludible: el ser humano no encontrará su paz fuera de este camino. Podrá posponer el enfrentamiento, llenar su tiempo o acumular logros, pero seguirá careciendo de esa paz interior mientras no regrese a Dios. En esto reside la fuerza de este planteamiento: no es complaciente, sino que pone el dedo directamente en el núcleo de la crisis... y propone la solución desde la misma fuente: desde Dios, donde comienza la tranquilidad y donde termina el viaje de la angustia.

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