El doctor Abdel-Radi Radwan, exdecano de Dar Al-Ulum, escribe: Vivamos con conciencia… (18)

La caída de la falsa conciencia sobre las lanzas de los guardianes de la identidad

Jan 23, 2026 - 11:40
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El doctor Abdel-Radi Radwan, exdecano de Dar Al-Ulum, escribe: Vivamos con conciencia… (18)

 

Es la voz que grita con fuerza frente a los intermediarios de la falsa conciencia, los mercaderes de una iluminación engañosa y los quioscos de una modernidad dedicada a desmantelar identidades y a fundar discursos ilusorios de occidentalización.

Es el doctor Mohamed Ghallab, originario del centro de Mallawi, en la gobernación de Minia, heredero de una arraigada tradición de iluminación religiosa y cognitiva que inició el gran ancestro Akenatón en su ciudad Ajetatón, en Tell el-Amarna, vecina de Beni Khaled, lugar de nacimiento de Ghallab. Una cadena continua de iluminación que se prolonga hasta los dos grandes jeques Mustafa y Ali Abdel Razek, y que converge con el decano de la literatura árabe, el doctor Taha Hussein, a quien unieron con el doctor Ghallab, además de la geografía compartida de la iluminación, el fulgor de la razón pese al apagamiento de la vista, así como un recorrido educativo común que comenzó en Al-Azhar, pasó por la Universidad de El Cairo y culminó con el doctorado en universidades francesas.

Sin embargo, el proyecto del doctor Mohamed Ghallab constituye en su esencia una profunda respuesta filosófica a la cuestión de la identidad y el conocimiento en el contexto árabe e islámico contemporáneo, como una pregunta existencial y civilizatoria que surgió bajo la presión del colonialismo cultural y la hegemonía del modelo cognitivo occidental, al amparo del cual se mueven los defensores de la occidentalización, carentes de metodología científica y de autenticidad en su formación intelectual, despojados del manto de la identidad bajo el peso de su rendición ante la opresión de un sentimiento de inferioridad civilizatoria.

El proyecto de Ghallab plantea la cuestión de la identidad como una premisa filosófica basada en una construcción cognitiva que se forma a través de la conciencia, y no como datos dados o moldes rígidos.

De ahí que no deba reducirse la identidad a un encierro absoluto en la tradición con el rechazo del diálogo cultural positivo y de la renovación prudente; del mismo modo, debe rechazarse la disolución en el modelo occidental o la sumisión a sus valores, supuestos y visiones, así como la obediencia acrítica a sus métodos y corrientes.

Por el contrario, es necesario fundar una conciencia filosófica para construir una identidad basada en la posesión de las herramientas del conocimiento y no en el consumo de sus resultados.

El doctor Ghallab ofreció una formulación práctica de la conciencia constructiva en la edificación de una identidad propia, independiente y no subordinada.

Su interés por la filosofía oriental —con la filosofía del Antiguo Egipto a la cabeza— no se presentó como alternativa a Occidente, sino como testimonio histórico de la pluralidad de los caminos de la razón humana, sin exclusividad ni monopolio geográfico occidental.

Asimismo, en el marco de su construcción de una conciencia edificante para una identidad civilizatoria independiente y en su búsqueda de respuesta a la pregunta del conocimiento, Ghallab realizó una crítica profunda a la centralidad del saber occidental y a su devastador impacto negativo en la cuestión de la identidad. Fue plenamente consciente de que la crisis de la identidad árabe moderna está estrechamente ligada, a través de los intermediarios de la occidentalización, los comerciantes de la falsa conciencia y la modernidad que desmantela las identidades orientales, a la hegemonía de la centralidad occidental en la definición de la razón, la filosofía y el conocimiento.

De ahí su liderazgo al introducir las filosofías orientales en la enseñanza académica y filosófica egipcia, como una postura cognitiva de profunda significación civilizatoria que representa una deconstrucción implícita de la idea de la unicidad occidental como único معیار de la racionalidad.

Ello constituye también un intento serio de liberar la conciencia árabe e islámica del sentimiento de inferioridad cognitiva y un esfuerzo persistente por reinscribir al yo árabe e islámico dentro de una historia humana compartida y no en sus márgenes.

Especialmente cuando ha quedado científicamente demostrado que el papel oriental en la historia de la filosofía humana fue antiguo y decisivo en la formación del pensamiento griego, cuyos filósofos aprendieron en Egipto los fundamentos del conocimiento filosófico y científico —ya se trate de Platón, Pitágoras u otros fundadores del pensamiento filosófico griego—, o bien cuando la influencia fue islámica y marcó la Edad Media europea, llevándola de la oscuridad a la Ilustración.

La singularidad que distingue al proyecto filosófico de Ghallab —y que quizá constituye la mayor fuente de incomodidad para los mercaderes contemporáneos de la modernidad y la falsa ilustración, llevándolos a ignorar los esfuerzos del filósofo Ghallab— reside en su afirmación de que la razón no es la única herramienta del conocimiento. La filosofía, tal como la produjeron las filosofías orientales, afirma de manera categórica el papel decisivo de tres factores en la producción del conocimiento, factores que socavan los fundamentos del pensamiento materialista y sus falsas pretensiones:

  1. La experiencia espiritual

  2. La intuición

  3. La purificación ética del alma

Este planteamiento, que incomoda a los quioscos del laicismo, converge profundamente con la realidad de la construcción del conocimiento en la cultura islámica, donde el saber no se separa de los valores, ni la ciencia se disocia de la guía.

De este modo, Ghallab reafirmó, frente a las corrientes materialistas en sus expresiones laicas y modernistas, la necesidad de devolver protagonismo a un modelo cognitivo integrador, coherente con el espíritu de la civilización islámica, y capaz de contribuir a la renovación de la cuestión de la identidad desde dentro.

Todo ello abre ante la conciencia árabe e islámica un nuevo horizonte cognitivo, no subordinado a una modernidad importada y liberado de la cautividad de la centralidad occidental. En el marco de esta conciencia emancipadora, es posible fundar una conciencia filosófica árabe activa en la producción de sentido y no meramente consumidora de él.

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