Cómo un diplomático suizo vivió la Segunda Guerra Mundial en Japón
Aunque en Europa la Segunda Guerra Mundial ya había llegado a su fin, en el verano de 1945 los combates seguían siendo igual de intensos en el otro lado del mundo. Las batallas culminaron hace 80 años con el lanzamiento de sendas bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, cuatro días dramáticos que cambiaron el mundo para siempre. 200.000 personas murieron. Camille Gorgé (1893-1978), entonces enviado diplomático suizo en Japón, fue uno de los testigos presenciales que documentaron aquellas jornadas.
7 de agosto de 1945
Una bomba destrozó la ciudad de Hiroshima, un artefacto totalmente novedoso, con una composición misteriosa y una fuerza explosiva mil veces superior a una bomba convencional. La cifra de víctimas mortales debe ser considerable. Al parecer, el trágico suceso se desarrolló en una fracción de segundo.
8 de agosto de 1945
Según parece, la bomba de Hiroshima ha causado 100.000 víctimas. Nadie duda ya de que la humanidad ha entrado en una nueva época con la llamada bomba atómica.
9 de agosto de 1945
Otra desgracia: Nagasaki ha sufrido el mismo destino que Hiroshima. Una segunda bomba atómica ha destrozado la ciudad.
10 de agosto de 1945
Se precipitan los acontecimientos. Parece que el gobierno imperial ha aceptado una capitulación incondicional, con la única reserva de que el emperador mantenga su trono y sus privilegios.
El servicio mensajero bernés al final de la Segunda Guerra Mundial
Efectivamente, en la tarde del 10 de agosto de 1945Enlace externo, el ministro plenipotenciario japonés en Berna, Shunichi Kase, se personó ante el director de la Sección Suiza de Asuntos Exteriores para entregar la declaración de capitulación del Gobierno japonés. Entonces, Suiza mantenía numerosos mandatos de potencia protectora, por lo que también asumía esa función de mensajero entre Japón y EE.UU.
Después se sucedieron un intercambio de notas organizado por Suiza y un intento de golpe de Estado por parte de militares japoneses contra la familia imperial. La mediación se realizó con éxito, mientras que el golpe fracasó. El 2 de septiembre de 1945, la capitulación de Japón puso el punto y final a la Segunda Guerra Mundial.
Al final de la contienda mundial, la Suiza neutral mantenía hasta 219 mandatos de potencia protectora, defendiendo con estos buenos oficios los intereses de numerosos Estados frente a sus enemigos. Esta es la razón por la cual diplomáticos suizos como Gorgé tuvieron entonces un papel importante.
Más información sobre Suiza y sus mandatos de potencia protectora:
Ilustración Helvetia con una paloma
Mostrar másCómo Camille Gorgé fue enviado a Japón
Oriundo de un valle del Jura suizo, Camille Gorgé, tras superar el examen de licenciatura en la Universidad de Ginebra, empezó a trabajar en 1917 como jurista en el Ministerio de Economía en Berna, antes de trasladarse, al cabo de poco tiempo, al Ministerio de Asuntos Exteriores. Ya en una fase temprana se interesó por misiones en tierras lejanas, asumiendo, entre 1924 y 1926, el cargo de un consultor jurídico para el Ministerio de Exteriores en Tokio.
«A Gorgé le fascinaba Japón y apoyó la orientación occidental y la modernidad del gobierno japonés de aquel entonces», explica Pierre-Yves Donzé a Swissinfo. Donzé, que es nativo de otro valle del Jura, vive desde hace casi 20 años en Japón. Hoy es profesor de Historia de Economía en la Universidad de Osaka.
Al investigar las actividades desarrolladas por las empresas suizas en Japón y el papel que desempeñaban, se topó reiteradas veces con el apellido de Gorgé. «Como representante oficial de Suiza en Japón durante los años de la guerra, entre 1940 y 1945, Camille Gorgé contrató en la cancillería de la *legación a numerosos encargados empresariales suizos que habían perdido sus empleos, pero que ya no podían salir del país. Entonces, la *legación representó, durante un tiempo, los intereses de más de 20 Estados».
[N. del T. Legación era una oficina de representación diplomática de rango inferior a una embajada]
Una «mirada única» sobre el papel desempeñado por Suiza en Japón
En colaboración con los historiadores Claude Hauser, Andy Maître y Pascal Lottaz, Donzé empezó a analizar las memorias inéditas del diplomático suizo. Gorgé las había redactado tras su regreso a Suiza y les puso el título de «Recuerdos». Según Donzé, el opúsculo ofrece una «mirada única sobre la vida en Japón durante la Segunda Guerra Mundial y el papel de Suiza como país neutral».
Camille Gorgé había dejado Japón a mediados de los años 1920 como un aficionado y se mostró «escandalizado» (en palabras de Donzé) sobre las condiciones que encontró a su vuelta el 15 de febrero de 1940, un momento que describe con las siguientes palabras en sus memorias:
En el andén di muchos apretones de manos. Mis compatriotas parecen alegrarse de nuestro reencuentro. Sin embargo, en su actitud detecto cierto bochorno. Hablan con voz baja y miran a su alrededor, antes de decir algo. Se percibe una inquietud. El Japón de 1940 ya no es el Japón de 1924. Ahora es un Estado policial que ve enemigos y espías en todas partes. Su xenofobia natural se ha recrudecido.
Ya desde 1937 Japón estaba en guerra con China. Después del ataque japonés a la base naval de Pearl Harbor en diciembre de 1941, las cosas empeoraron aún más para Gorgé, más allá del recrudecimiento de la xenofobia, que él percibió como «natural».
Gorgé habla de agresiones físicas contra él. Además, un diplomático enviado por él a la isla de Taiwán, ocupada por Japón, es asesinado en una embarcación por la policía militar durante el viaje de vuelta al archipiélago nipón. No obstante, decide mantener firme su posición.
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