Atef Zayed escribe: La Guerra de Octubre... cuando todo el pueblo se convirtió en ejército

Oct 3, 2026 - 21:14
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Atef Zayed escribe: La Guerra de Octubre... cuando todo el pueblo se convirtió en ejército

La gloriosa Guerra de Octubre no fue solo una batalla en la que el ejército egipcio cruzó el Canal de Suez y destruyó la Línea Bar Lev; fue la epopeya de todo un pueblo: un ejército luchando en el frente y un pueblo respaldándolo en las ciudades, pueblos, hospitales, fábricas y campos...

En octubre de 1973, se mostró la verdadera esencia de los egipcios. El ciudadano sabía que la batalla no era solo del soldado, sino también la suya. Así, los donantes acudieron a los hospitales para donar sangre, los trabajadores continuaron con sus labores, los ciudadanos cooperaron para hacer frente a las circunstancias de la guerra, y el frente interno se transformó en un amplio espacio de solidaridad y firmeza.

En el corazón de esta epopeya estuvo la mujer egipcia.

Cuando los hombres partieron al frente, la mujer no se retiró, sino que dio un paso al frente para asumir una gran parte de la responsabilidad que dejó su ausencia.

Las mujeres se prestaron como voluntarias en labores de enfermería y atención médica, contribuyendo al cuidado de los heridos y lesionados, mientras que otras ingresaron a los campos de trabajo y producción en fábricas e instituciones para compensar la escasez dejada por la marcha de los hombres al frente.

La mujer no esperaba la vuelta de su esposo, hijo o hermano de la guerra sintiéndose impotente; sabía que había otra batalla desarrollándose en el interior: la batalla por mantener la continuidad de la vida, la producción y la resistencia.

La mujer fue madre, esposa, trabajadora y enfermera, y en cada puesto desempeñó un papel para proteger a la sociedad de los efectos de la guerra.

En las ciudades del Canal, el panorama era más crudo.

Los habitantes de Suez, Ismailía y Puerto Said vivieron años bajo la amenaza de la agresión y los bombardeos, y muchos residentes de las ciudades del Canal se vieron obligados a desplazarse a otras regiones, dejando sus hogares y ciudades bajo el yugo de la guerra.

Sin embargo, el desplazamiento no fue una rendición.

Los habitantes de estas ciudades siguieron siendo parte del sistema de resistencia, llevando consigo la responsabilidad de proteger a sus familias y a su comunidad, mientras el Estado y la sociedad continuaban brindando el apoyo necesario a las ciudades y a los ciudadanos.

El frente interno desempeñó múltiples funciones logísticas y de apoyo, desde la atención médica y el suministro hasta los servicios y la organización de ayudas, lo que contribuyó a mantener la capacidad de resistencia y servir al esfuerzo bélico.

La batalla no estaba aislada de la sociedad; la sociedad misma era uno de los elementos de fuerza en la guerra.

El pueblo que hizo de la disciplina parte de la batalla

En tiempos de guerra, el egipcio no pensaba solo en sí mismo, sino que sentía que su comportamiento era parte de la batalla.

Prevaleció un espíritu de solidaridad y disciplina; los ciudadanos se presentaron para donar sangre, se hicieron filas frente a los hospitales y cooperaron para afrontar las condiciones de la guerra, mientras que trabajadores, agricultores y empleados continuaron desempeñando sus funciones a pesar de la ausencia de muchos hombres que se incorporaron a las Fuerzas Armadas.

El egipcio sabía que mantener el orden, ayudar al necesitado, asumir la responsabilidad y apoyar el esfuerzo nacional eran formas de participación en la batalla.

En octubre, la victoria no fue responsabilidad exclusiva del soldado; el ciudadano fue un socio en ella, cada uno desde su posición.

El soldado que cruzó el Canal no estaba solo en la batalla; detrás de él había una madre esperando, una esposa paciente, un médico curando, una enfermera velando, un trabajador produciendo, un agricultor protegiendo su tierra, un ciudadano donando su sangre y todo un pueblo diciendo a sus soldados:

Estamos con ustedes.

Aquí se manifiesta la grandeza del papel civil en las guerras.

El frente interno no es solo un espacio situado detrás de las líneas de combate; es una extensión del frente militar. Si el soldado empuña las armas en defensa de la patria, el ciudadano lleva la responsabilidad de garantizar la continuidad de la vida, la producción, la solidaridad y la firmeza.

Octubre demostró que la cohesión de la sociedad puede transformarse en una fuerza real frente a la guerra, y que las naciones no triunfan solo con las armas, sino con la voluntad de sus pueblos y su capacidad para soportar los sacrificios.

Por eso, la Guerra de Octubre permanece en la memoria egipcia como algo más que una victoria militar.

Fue un momento que reveló el temple de los egipcios; reveló a la mujer que asumió la responsabilidad del hogar y del trabajo, al trabajador que continuó produciendo, al médico y a la enfermera que enfrentaron las heridas de la guerra, a los habitantes de las ciudades del Canal que pagaron un alto precio, y al ciudadano que puso el interés de la patria por encima del suyo.

En octubre, el ejército egipcio no cruzó solo el Canal de Suez... todo Egipto cruzó con él.

Cruzó el soldado con su arma,

cruzó la mujer con su firmeza,

cruzó el trabajador con su labor,

cruzaron el médico y la enfermera con su humanidad,

cruzó el ciudadano con su disciplina,

y cruzó la nación entera con su voluntad.

Ese es Octubre... cuando toda la patria se convirtió en combatiente, aunque no todos empuñaran un arma.

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