Qué le ha pasado a nuestra tranquila calle?

Aug 22, 2026 - 10:42
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Qué le ha pasado a nuestra tranquila calle?

Hay un estado de caos que golpea nuestra calle de una manera que ya no se puede ocultar, tan evidente como el sol en el cenit del cielo.

Nuestra calle, que un día conocimos por su encubrimiento, caballerosidad, solidaridad con los enfermos y necesitados, y los lazos familiares, se ha convertido en un lugar donde escuchamos historias dolorosas que superan los límites de una disputa pasajera.

Una mujer traicionó a su marido y el final fue un crimen que cobró la vida de más de una persona.

Otro expulsa a su madre, privándola de su derecho a la seguridad y la misericordia.

Un tercero convierte una disputa por la herencia en una batalla, tirando los muebles de su hermana a la calle como si los lazos de sangre no tuvieran valor.

Hay quienes levantan machetes y navajas, transformando las peleas en amenazas y armamento.

Otros tratan la muerte y la enfermedad con regocijo, como si las desgracias de la gente se hubieran convertido en motivo de deleite y alegría.

¿Qué nos ha pasado?

El problema ya no es un incidente aislado ni una persona que cometió un error y el asunto terminó.

El problema es que algo ha cambiado en las almas.

Los límites entre el bien y el mal, entre la dignidad y la humillación, entre el desacuerdo y la hostilidad, y entre el valor y el matonismo se han vuelto confusos para nosotros.

Algunas personas han empezado a pensar que levantar la voz es fuerza, que la crueldad es prestigio y que la venganza es una victoria.

Y lo que es más peligroso, que el regocijo por el mal ajeno se ha vuelto a veces más rápido que la misericordia.

Juzgar a las personas es más fácil que ayudarlas.

Difamarlas es más sencillo que protegerlas.

Dios Todopoderoso ha dicho:

"Y hablad a la gente con bondad." (Al-Baqara, 83)

Y ha dicho el Glorioso:

"Ayudaos mutuamente en la virtud y la piedad, y no os ayudéis en el pecado y la enemistad." (Al-Ma'ida, 2)

No necesitamos una calle nueva,

sino que necesitamos un ser humano nuevo dentro de la misma calle.

Necesitamos que la madre vuelva a ser madre,

el hermano vuelva a ser hermano,

el vecino, vecino,

el enfermo, objeto de misericordia,

la muerte, un motivo de reflexión,

y que el desacuerdo, por más intenso que sea, no se convierta en sangre.

¿Qué le ha pasado a nuestra tranquila calle?

Quizás nunca fue tan tranquila como pensábamos.

Pero lo que es seguro es que el silencio ya no es la solución, y que rescatar lo que queda de sus valores es responsabilidad de todos, antes de que el caos se convierta en la norma y la tranquilidad, solo un recuerdo.

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