Magdy Tantawy escribe sobre: La visión del pensador árabe Ali Muhammad Al-Shurafa Al-Hammadi respecto a la filosofía del dinero y del gasto

Aug 3, 2026 - 14:52
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Magdy Tantawy escribe sobre: La visión del pensador árabe Ali Muhammad Al-Shurafa Al-Hammadi respecto a la filosofía del dinero y del gasto

La propuesta del pensador árabe Ali Muhammad Al-Shurafa Al-Hammadi no se detiene en los límites de hablar sobre el dinero como un asunto puramente económico o social, sino que va más allá para reestructurar todo el concepto a partir del Sagrado Corán. La visión que presenta no surge de las teorías económicas tradicionales, ni de la lucha de clases, ni de las filosofías del libre mercado o de la hegemonía del Estado, sino de una pregunta más profunda: ¿Cuál es el verdadero lugar del dinero en la vida del ser humano tal como Dios lo dispuso en Su Libro Sagrado?

A partir de aquí, Al-Shurafa sostiene que la crisis que vive el mundo no es una crisis de producción ni de recursos, sino una crisis de comprensión respecto a la función del dinero y la misión del ser humano. A su juicio, el Corán no convierte al dinero en el eje de la vida, sino que sitúa al ser humano como el centro, haciendo del dinero una herramienta para alcanzar la dignidad humana, instaurar la justicia y difundir la misericordia entre las personas.

En este contexto, el pensador árabe Ali Muhammad Al-Shurafa Al-Hammadi ofrece una lectura diferente del significado mismo de la civilización. Las civilizaciones, en la balanza del Corán, no se miden por el oro y la plata que poseen, ni por las torres y murallas que erigen, ni por las cifras desorbitadas que acumulan sus bancos, sino por su capacidad para formar a un ser humano digno que sienta que Dios no lo creó para ser un número en el mercado, ni un engranaje en una máquina, ni una víctima de la codicia de los poderosos, sino que lo creó como un vicario (jatīfa) en la Tierra para llevar el mensaje de la prosperidad y participar en la creación del bien.

Desde esta perspectiva, considera que la transformación más peligrosa en la historia de la humanidad comenzó el día en que el dinero dejó de ser un medio al servicio del ser humano para convertirse en un fin tras el cual este corre anhelante. En ese instante, las balanzas cambiaron y el valor de la persona pasó a medirse por lo que posee y no por lo que aporta, por lo que acapara y no por lo que edifica, por lo que acumula y no por lo que otorga. De ahí surgieron los grandes conflictos, cuya causa no fue tanto la escasez de recursos como el resultado de la ausencia de conciencia y el colapso del concepto de la responsabilidad como un depósito de confianza (amāna).

Al-Shurafa afirma que la realidad contemporánea ofrece la prueba más clara de ello: la Tierra sigue siendo capaz de producir lo suficiente para todos, los almacenes están llenos de bienes y la ciencia ha alcanzado horizontes nunca antes conocidos por la humanidad. Sin embargo, el número de personas con hambre, desposeídas y sin hogar sigue aumentando. Esto, a sus ojos, demuestra que el problema no reside en el Cielo, que no ha sido escaso en sus bendiciones, sino en el ser humano, que ha sido mezquino con su justicia.

Entre los aspectos más destacados de esta visión se encuentra la redefinición de la propiedad misma. El Corán no reconoce la idea de la propiedad absoluta que permite al ser humano disponer del dinero como si fuera su dueño permanente; en cambio, establece que el dinero pertenece a Dios y que el ser humano es simplemente un administrador depositario de él (mustajlaf), que cumple con su cometido y luego parte.

Dice el Altísimo:

﴿ وَآتُوهُم مِّن مَّالِ اللَّهِ الَّذِي آتَاكُمْ ﴾ [النوور: 33]

«Y dadles de los bienes de Dios que Él os ha concedido.» [Al-Nur: 33]

Y dice el Glorificado:

﴿ آمِنُوا بِاللَّهِ وَرَسُولِهِ وَأَنفِقُوا مِمَّا جَعَلَكُم مُّسْتَخْلَفِينَ فِيهِ ﴾ [الحديد: 7]

«Creed en Dios y en Su Mensajero, y gastad de aquello sobre lo que Él os ha puesto como administradores.» [Al-Hadid: 7]

Al-Shurafa considera que estos dos aleyas representan una verdadera revolución intelectual en la comprensión de la relación entre el ser humano y el dinero, ya que despojan a la persona de la ilusión de la propiedad absoluta y la sitúan ante la realidad de la administración fiduciaria (istijlāf). Lo que tiene en sus manos no es una propiedad eterna, sino un depósito temporal sobre cuya gestión rinde cuentas antes que sobre su cantidad.

Partiendo de este entendimiento, enfatiza que el acto de dar no es un favor que el rico concede al pobre, sino el cumplimiento de un derecho que Dios ha establecido en el dinero mismo. Por ello, el Corán no utilizó el lenguaje de la caridad opcional al hablar de los necesitados, sino el lenguaje del derecho legítimo.

Dice el Altísimo:

﴿ وَفِي أَمْوَالِهِمْ حَقٌّ لِّلسَّائِلِ وَالْمَحْرُومِ ﴾ [الذاريات: 19]

«Y en sus bienes había un derecho para el mendigo y el desposeído.» [Al-Dhariyat: 19]

Y dice el Glorificado:

﴿ وَالَّذِينَ فِي أَمْوَالِهِمْ حَقٌّ مَّعْلُومٌ ۝ لِّلسَّائِلِ وَالْمَحْرُومِ ﴾ [المعارج: 24-25]

«Y aquellos en cuyos bienes hay un derecho determinado para el mendigo y el desposeído.» [Al-Ma'arij: 24-25]

Al-Shurafa sostiene que estas aleyas trasladan el asunto de la solidaridad social del ámbito de los sentimientos al ámbito de la obligación. El derecho no se otorga si su dueño lo desea, no se posterga si el tiempo es estrecho, ni está ligado a estaciones concretas; se cumple porque es un derecho firme que no prescinde. Esta idea, según su valoración, es capaz de reestructurar la filosofía económica sobre la base de la dignidad humana, en lugar de la cultura de las donaciones y las dádivas.

En su análisis del curso de las civilizaciones, sostiene que las sociedades no colapsan cuando el dinero disminuye, sino cuando se concentra en pocas manos hasta convertirse en un medio de dominación, creación de influencia y monopolio de decisiones. Si el dinero deja de circular, la vida se paraliza; pero si circula entre las personas, el comercio y la producción florecen, y las sociedades se estabilizan.

A partir de aquí, Al-Shurafa vincula esta realidad con la regla coránica eterna:

﴿ كَيْ لَا يَكُونَ دُولَةً بَيْنَ الْأَغْنِيَاءِ مِنكُمْ ﴾ [الحشر: 7]

«...para que [la riqueza] no sea algo que circule únicamente entre los ricos de entre vosotros.» [Al-Hashr: 7]

Considera que esta aleya no es una mera orientación económica pasajera, sino una ley civilizatoria permanente que protege a las sociedades de la división y la explosión social. Cuando la riqueza se limita a un círculo estrecho, los círculos de pobreza se amplían, se genera un sentimiento de injusticia, la confianza entre los miembros de la sociedad se debilita y la propia seguridad se ve amenazada.

En contraste, Al-Shurafa aclara que el Corán no combate la riqueza ni aboga por la pobreza, sino que combate la servidumbre al dinero. Existe una gran diferencia entre la persona que posee el dinero y aquella a la que el dinero posee. Por esta razón, el Corán se centra en liberar el alma de la codicia antes de hablar del volumen de la riqueza.

Dice el Altísimo:

﴿ وَمَن يُوقَ شُحَّ نَفْسِهِ فَأُولَٰئِكَ هُمُ الْمُفْلِحُونَ ﴾ [الحشر: 9]

«Y quienes se libren de la codicia de su propia alma, ésos serán los triunfadores.» [Al-Hashr: 9]

Al-Shurafa interpreta esta aleya explicando que la tacañería/codicia no es un estado financiero, sino una enfermedad moral que hace al ser humano cautivo de lo que posee, viviendo con el temor de perderlo, hasta que el dinero se convierte en un amo que controla sus decisiones y comportamiento. Por lo tanto, el gasto se convierte en un medio para liberar al ser humano de la servidumbre de la materia antes de ser un medio para socorrer al necesitado.

Dice el Altísimo:

﴿ خُذْ مِنْ أَمْوَالِهِمْ صَدَقَةً تُطَهِّرُهُمْ وَتُزَكِّيهِم بِهَا ﴾ [التوبة: 103]

«Toma de sus bienes una contribución para purificarlos y santificarlos con ella.» [Al-Tawba: 103]

Pues cuando el ser humano da, se libera del egoísmo y se despoja de la ilusión de que lo que posee es la fuente de su verdadera seguridad.

Al-Shurafa señala que el mundo contemporáneo habla mucho sobre el desarrollo sostenible, la justicia social y los derechos humanos, pero ignora la base moral que preserva estos principios. El ser humano ha logrado conquistar el espacio y alcanzar logros científicos asombrosos, pero no ha podido erradicar el hambre ni garantizar una vida digna para cada persona, porque la crisis, en su esencia, es una crisis de conciencia y no una crisis de capacidades.

Por ello, enfatiza que el Corán redefine el éxito mismo: el éxito no reside en el volumen de la riqueza que la persona deja tras de sí, sino en la cantidad de bien que deja para la gente, la justicia con la que contribuye a instaurar y la misericordia que difunde en la sociedad.

Dice el Altísimo:

﴿ وَالَّذِينَ يَكْنِزُونَ الذَّهَبَ وَالْفِضَّةَ وَلَا يُنفِقُونَهَا فِي سَبِيلِ اللَّهِ فَبَشِّرْهُم بِعَذَابٍ أَلِيمٍ ﴾ [التوبة: 34]

«Y a quienes atesoran el oro y la plata y no los gastan en el camino de Dios, anúnciales un castigo doloroso.» [Al-Tawba: 34]

Al-Shurafa considers que el atesoramiento (kanz) en el concepto coránico no es el mero ahorro legítimo, sino la retención del dinero impidiéndole cumplir su función social y humana, transformándolo en un instrumento para obstaculizar los derechos y cerrar las puertas del bien.

Dice el Altísimo:

﴿ أَرَأَيْتَ الَّذِي يُكَذِّبُ بِالدِّينِ ۝ فَذَٰلِكَ الَّذِي يَدُعُّ الْيَتِيمَ ۝ وَلَا يَحُضُّ عَلَىٰ طَعَامِ الْمِسْكِينِ ﴾ [الماعون: 1-3]

«¿Has visto a quien desmiente el Juicio? Ése es quien rechaza al huérfano y no estimula a alimentar al necesitado.» [Al-Ma'un: 1-3]

A través de estas aleyas, establece que la fe en el Corán no consiste en consignas ni en ritos desconectados de la realidad, sino en una conducta práctica que se manifiesta en la protección del huérfano, el cuidado del necesitado y la preservación de la dignidad humana.

Dice el Altísimo:

﴿ وَتَعَاوَنُوا عَلَى الْبِرِّ وَالتَّقْوَىٰ ﴾ [المائدة: 2]

«Cooperaos en la piedad y la devoción.» [Al-Ma'ida: 2]

Y dice el Glorificado:

﴿ إِنَّمَا الْمُؤْمِنُونَ إِخْوَةٌ ﴾ [الحجرات: 10]

«Ciertamente, los creyentes son hermanos.» [Al-Hujurat: 10]

Al-Shurafa sostiene que esta hermandad no es una relación afectiva temporal, sino una base civilizatoria que hace al ser humano responsable de su sociedad del mismo modo que es responsable de sí mismo.

Dice el Altísimo:

﴿ مَّثَلُ الَّذِينَ يُنفِقُونَ أَمْوَالَهُمْ فِي سَبِيلِ اللَّهِ كَمَثَلِ حَبَّةٍ أَنبَتَتْ سَبْعَ سَنَابِلَ فِي كُلِّ سُنبُلَةٍ مِّائَةُ حَبَّةٍ وَاللَّهُ يُضَاعِفُ لِمَن يَشَاءُ ﴾ [البقرة: 261]

«El símil de quienes gastan sus bienes en el camino de Dios es como el de un grano que hace germinar siete espigas, y en cada espiga hay cien granos. Y Dios multiplica a quien Él quiere.» [Al-Baqara: 261]

Y dice el Glorificado:

﴿ وَمَا أَنفَقْتُم مِّن شَيْءٍ فَهُوَ يُخْلِفُهُ ﴾ [سبأ: 39]

«Y cualquier cosa que gastéis, Él la restituirá.» [Saba': 39]

Al-Shurafa interpreta estas espigas como algo que no representa una mera multiplicación material, sino la multiplicación de la seguridad, la estabilidad, la confianza y el amor dentro de la sociedad. Cada moneda que se mueve en el camino del bien previene las causas del crimen, la desesperación y el odio, creando un entorno más estable para todos.

A continuación, Al-Shurafa explica que el Corán convierte el gasto en el camino de salvación frente a la perdición individual y comunitaria.

Dice el Altísimo:

﴿ وَأَنفِقُوا فِي سَبِيلِ اللَّهِ وَلَا تُلْقُوا بِأَيْدِيكُمْ إِلَى التَّهْلُكَةِ وَأَحْسِنُوا إِنَّ اللَّهَ يُحِبُّ الْمُحْسِنِينَ ﴾ [البقرة: 195]

«Y gastad en el camino de Dios y no os arrojéis con vuestras propias manos a la perdición. Y haced el bien, pues Dios ama a los bienhechores.» [Al-Baqara: 195]

Considera que la perdición a la que se hace referencia no radica en el gasto, sino en paralizar el dinero e impedirle cumplir su misión. Cuando la gente se abstiene de cumplir con sus deberes y la riqueza se congela en manos de un grupo reducido, la brecha social se ensancha y la sociedad entera queda expuesta a la desintegración.

Dice el Altísimo:

﴿ فَأَمَّا مَنْ أَعْطَىٰ وَاتَّقَىٰ ۝ وَصَدَّقَ بِالْحُسْنَىٰ ۝ فَسَنُيَسِّرُهُ لِلْيُسْرَىٰ ۝ وَأَمَّا مَن بَخِلَ وَاسْتَغْنَىٰ ۝ وَكَذَّبَ بِالْحُسْنَىٰ ۝ فَسَنُيَسِّرُهُ لِلْعُسْرَىٰ ﴾ [الليل: 5-10]

«En cuanto a quien da, es temeroso de Dios y da fe de la mejor recompensa, le facilitaremos el camino hacia la facilidad. Pero en cuanto a quien es tacaño, se considera autosuficiente y desmiente la mejor recompensa, le facilitaremos el camino hacia la dificultad.» [Al-Layl: 5-10]

Al-Shurafa estima que estas aleyas presentan una ley coránica constante que confirma que la generosidad abre las puertas de la facilidad y que la tacañería conduce a la dificultad, por mucho que el ser humano crea que está preservando su riqueza.

Al término de esta visión, queda de manifiesto que el pensador árabe Ali Muhammad Al-Shurafa Al-Hammadi no presenta una lectura moralizante o sermoneadora sobre el tema del dinero, sino más bien un proyecto civilizatorio integral que reordena la relación entre el ser humano y la riqueza a la luz del Sagrado Corán. En esta visión, el ser humano es el fin, el dinero es el medio, la justicia es un deber obligatorio y la misericordia es la base de la prosperidad.

Por ello, el valor real de esta propuesta no radica únicamente en ser un llamamiento al gasto, sino en constituir una refundación de la filosofía de la civilización misma: una civilización en la que el dinero sea un siervo del ser humano y no su amo, y en la que la riqueza se convierta en un instrumento para edificar la dignidad humana y no en un medio de monopolio y control. Cuando el ser humano comprende que lo que tiene en sus manos es una responsabilidad depositada, que el derecho de los necesitados es un pacto entre él y su Señor, y que el gasto es una inversión en la seguridad y estabilidad de la sociedad, solo entonces la historia comienza a escribir un nuevo capítulo titulado Justicia, con un mensaje grabado en sus páginas llamado Misericordia, y cuya conclusión es la Dignidad del ser humano tal como Dios la dispuso para todos los mundos.

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