Magdy Tantawy escribe: El mensaje de paz no es un eslogan, sino una responsabilidad ante Dios y la historia
En una época en la que se multiplican las crisis, se expanden los círculos del odio y la división, y se intensifican las tinieblas de las discordias intelectuales y humanas, la **Fundación Mensaje de Paz Global** continúa su camino con una profunda fe en que la buena palabra es capaz de reconstruir al ser humano. Sostiene que la misericordia, la tolerancia y la cooperación no son eslóganes que se proclaman, sino un enfoque de vida y un mensaje obligatorio hacia toda la humanidad.
Nos esforzamos al máximo para alcanzar el verdadero concepto de la fundación y construir juntos un edificio que irradie civilización y luz, bajo esta oscuridad que ha comenzado a rodear al mundo por todos lados, donde el ser humano, en muchas ocasiones, se ha vuelto ajeno a los valores de la misericordia, el amor y la justicia.
Quien se acerca al pensamiento del pensador árabe **Ali Muhammad Al-Shurafa Al-Hammadi**, lee sus libros o debate con él, se da cuenta de que está ante una escuela humana y moral integrada, basada en la humildad, la paciencia, la misericordia, el respeto al ser humano y el trabajo por el bien y la paz, sin esperar nada a cambio ni buscar la gloria personal.
El patrocinador intelectual, literario y material de la fundación ha presentado un modelo excepcional de generosidad y asunción de responsabilidades, creyendo que la edificación del ser humano es el proyecto más grande que se puede ofrecer a las patrias y a las generaciones venideras. Por lo tanto, quien tiene el honor de estar cerca de esta escuela intelectual y humana, y luego no se ve influenciado por sus valores ni traduce sus principios en comportamiento, moral y acción, debe revisarse a sí mismo con sinceridad y preguntarse qué ha ganado con esa cercanía.
> Nosotros no trabajamos por las apariencias ni buscamos ganancias inmediatas; más bien, esculpimos en la roca para presentar a la sociedad modelos que lleven la antorcha de la esperanza, la luz, el amor, la tolerancia y la cooperación. Lo hacemos para que Dios sea testigo de que lo intentamos, nos esforzamos y luchamos con la buena palabra y el trabajo sincero, tomando el Libro de Dios como guía y la biografía de nuestro noble Profeta como camino y método de misericordia, justicia y reforma.
A partir de aquí, la responsabilidad no recae sobre un individuo en particular, sino sobre todos, porque el verdadero éxito de cualquier proyecto humano solo se logra con el espíritu de equipo, la devoción, la disciplina y la honestidad en el trabajo y la palabra. Por ello, la autorreflexión se ha convertido en una necesidad urgente para que la marcha se enderece y cada individuo preserve la santidad del mensaje que porta.
El principio de recompensa y castigo no es simplemente un sistema administrativo, sino un valor moral y una justicia que protege los derechos, salvaguarda los esfuerzos y otorga a cada persona lo que merece de acuerdo con su devoción, entrega y respeto por la responsabilidad que asume.
Hagamos que Dios sea el supervisor de nuestras palabras y acciones, y recordemos siempre que las obras más grandes son aquellas que se construyen sobre la honestidad, la devoción y el amor, y que la historia solo inmortaliza a quienes poseen mensajes sinceros, aquellos que trabajaron por el ser humano y no por sí mismos.
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