Magdi Tantawi escribe: ¿Acaso nos ha alcanzado la miseria por lo que han labrado nuestras lenguas con la difamación y la calumnia?

Jun 6, 2026 - 13:21
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Magdi Tantawi escribe: ¿Acaso nos ha alcanzado la miseria por lo que han labrado nuestras lenguas con la difamación y la calumnia?

Me estremecieron los versículos del Sagrado Corán mientras escuchaba las palabras de Dios, el Altísimo:

﴿إِنَّ الَّذِينَ يَرْمُونَ الْمُحْصَنَاتِ الْغَافِلَاتِ الْمُؤْمِنَاتِ لُعِنُوا فِي الدُّنْيَا وَالْآخِرَةِ وَلَهُمْ عَذَابٌ عَظِيمٌ ۝ يَوْمَ تَشْهَدُ عَلَيْهِمْ أَلْسِنَتُهُمْ وَأَيْدِيهِمْ وَأَرْجُلُهُمْ بِمَا كَانُوا يَعْمَلُونَ﴾

«Quienes difamen a las mujeres decentes, castas, inocentes y creyentes, serán malditos en esta vida y en la otra, y recibirán un castigo terrible. El día que sus propias lenguas, manos y pies atestigüen contra ellos por lo que hicieron». (Surah Al-Nur, 23-24)

Me detuve ante estos versículos preguntándome: ¿Cómo hemos llegado a una época en la que atentar contra el honor de los demás se ha convertido en algo común, de lo que la gente habla en sus reuniones, en las pantallas y a través de las redes sociales, como si solo fueran palabras pasajeras sin peso ni consecuencia?

Dios ha hecho de la acusación falsa contra las mujeres castas un crimen gravísimo que amerita la maldición en esta vida y en la otra, además de un castigo terrible, porque atentar contra la reputación no es una agresión hacia un solo individuo, sino la destrucción de una familia entera y la siembra de la duda, la enemistad y el odio entre la gente.

Hoy en día, la difamación (qadhf) ya no se limita a acusar a las mujeres de inmoralidad, sino que el círculo de la acusación, el desprestigio y la calumnia se ha ensanchado tanto que se ha vuelto una característica de nuestra vida cotidiana. ¡A cuántas personas se les juzga en las páginas de las redes sociales antes de que la gente conozca la verdad! ¡Y a cuántas mujeres u hombres se les ha manchado la reputación debido a un rumor, una publicación o una palabra lanzada por alguien sin pruebas ni fundamentos!

El Altísimo dice:

﴿وَالَّذِينَ يَرْمُونَ الْمُحْصَنَاتِ ثُمَّ لَمْ يَأْتُوا بِأَرْبَعَةِ شُهَدَاءَ فَاجْلِدُوهُمْ ثَمَانِينَ جَلْدَةً وَلَا تَقْبَلُوا لَهُمْ شَهَادَةً أَبَدًا وَأُولَئِكَ هُمُ الْفَاسِقُونَ﴾

«A quienes difamen a mujeres decentes y no presenten cuatro testigos, azotadlos con ochenta azotes y nunca más aceptéis su testimonio; esos son los desobedientes». (Surah Al-Nur, 4)

El Corán no se limitó a prohibir la difamación, sino que estableció condiciones que hacen casi imposible lanzar una acusación sin una prueba concluyente, con el fin de proteger el honor y salvaguardar a la sociedad del caos moral y de la propagación de sospechas y mentiras.

Sin embargo, hoy vivimos una realidad diferente, donde muchas personas participan en la difusión de rumores sin reflexionar y comparten acusaciones sin verificar, considerando esto como parte de su derecho a la libertad de expresión, cuando en la balanza de Dios no es más que agresión, injusticia y corrupción.

Tal vez la desdicha, la estrechez y la agitación que presenciamos en las sociedades no estén lejos de esta gran desviación moral. Dios, Glorificado sea, dice:

﴿وَمَا أَصَابَكُمْ مِنْ مُصِيبَةٍ فَبِمَا كَسَبَتْ أَيْدِيكُمْ وَيَعْفُو عَنْ كَثِيرٍ﴾

«Cualquier desgracia que os acoja es consecuencia de lo que vuestras propias manos han labrado; y Él perdona muchas cosas». (Surah Al-Shura, 30)

Y dice también el Glorificado:

﴿ظَهَرَ الْفَسَادُ فِي الْبَرِّ وَالْبَحْرِ بِمَا كَسَبَتْ أَيْدِي النَّاسِ لِيُذِيقَهُمْ بَعْضَ الَّذِي عَمِلُوا لَعَلَّهُمْ يَرْجِعُونَ﴾

«La corrupción se ha manifestado en la tierra y en el mar como consecuencia de las acciones de los hombres, para hacerles gustar parte de lo que hicieron, a fin de que recapaciten». (Surah Al-Rum, 41)

Cuando la gente subestima la santidad de la palabra, se pierden los valores y el desprestigio, la humillación, la acusación de traición y la difamación se vuelven parte de la cultura social, el precio no lo pagan los individuos solos, sino que lo paga la nación entera en su seguridad, su estabilidad, su moral y su cohesión.

Lo más peligroso de la difamación es que comienza con una palabra y termina con la ruina de una vida entera. Dios nos ha advertido de no seguir las conjeturas y de no transmitir noticias sin cerciorarnos; dijo el Glorificado:

﴿يَا أَيُّهَا الَّذِينَ آمَنُوا إِنْ جَاءَكُمْ فَاسِقٌ بِنَبَإٍ فَتَبَيَّنُوا أَنْ تُصِيبُوا قَوْمًا بِجَهَالَةٍ فَتُصْبِحُوا عَلَى مَا فَعَلْتُمْ نَادِمِينَ﴾

«¡Oh, creyentes! Si se os presenta alguien corrupto con una noticia, verificadla, no sea que perjudiquéis a alguien por ignorancia y luego os arrepintáis de lo que hicisteis». (Surah Al-Hujurat, 6)

Estos versículos no son una mera recitación para conmovernos momentáneamente y luego seguir adelante, sino que son un mensaje de advertencia para cada lengua que lanza acusaciones, para cada mano que escribe mentiras y para cada persona que participa en su difusión o promoción.

Si Dios ha amenazado a quienes difaman a las mujeres honestas con la maldición y un castigo terrible, ¿cómo puede estar tranquilo aquel que ha hecho del desprestigio ajeno un pasatiempo, y de indagar en el honor de los demás un medio de entretenimiento, venganza o para ganar seguidores?

Ha llegado el momento de recapacitar, de devolverle a la palabra su santidad y al ser humano su dignidad. Debemos recordar siempre que lo que escribimos o decimos hoy, lo atestiguarán nuestras lenguas, manos y pies mañana ante Dios; un día en que de nada servirán las riquezas, el prestigio ni los seguidores, excepto a quien se presente ante Dios con un corazón puro (qalb salīm).

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