Escribe Magdy Tantawy: ¿¡Quieres atar tu burro junto a la burra del alcalde!?

Apr 18, 2026 - 10:55
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Escribe Magdy Tantawy: ¿¡Quieres atar tu burro junto a la burra del alcalde!?

En una época en la que dar consejos se ha convertido en una acusación y los modelos a seguir son motivo de burla, ya no resulta extraño que una sencilla campaña para el ahorro de electricidad se transforme en un campo de batalla de debates, acusaciones e incluso sarcasmo.

La campaña "Apaga la luz que no uses" no aporta nada nuevo, ni desde el punto de vista religioso ni desde el sentido común. Todos sabemos que la moderación es el principio fundamental y que el despilfarro es inaceptable, ya sea de agua, energía o incluso de palabras. Sin embargo, la paradoja que desató esta ola de indignación no radica en la idea en sí, sino en quienes la promueven.

Cuando una estrella que vive en una villa iluminada como un aeropuerto internacional sale a hablarte de la bombilla del salón que olvidaste apagar, ahí comienza una escena cómica que no necesita de un guionista satírico, sino tan solo de un poco de honestidad.

La gente no se enfadó por la idea de ahorrar, sino por la doble moral. No se molestaron por el consejo, sino por las formas. Es como si el mensaje les dijera a los pobres "apriétense más el cinturón", mientras que, para los ricos, ese mismo cinturón sigue siendo un mero accesorio elegante.

Y aquí se cuela la pregunta popular y espontánea, que encierra más sabiduría que decenas de campañas mediáticas: ¿Acaso quieres atar tu burro junto a la burra del alcalde?

La pregunta no se trata realmente del burro ni del alcalde, sino de la justicia, del ejemplo a seguir y del sentido de igualdad, cuando a ti se te pide que ahorres mientras ves a otros derrochar sin medida.

El problema no es apagar la luz, sino que quien te lo pide vive bajo una luz constante que nunca se apaga. El problema no es el consejo, sino la credibilidad de quien lo da.

Si la campaña hubiera surgido de una realidad auténtica y de un ejemplo sincero, habría pasado de ser motivo de burla a convertirse en una llamada inspiradora. Pero lo ocurrido reveló una brecha mucho mayor que el simple consumo de electricidad; dejó al descubierto el abismo entre quienes exigen y quienes realmente aplican lo que predican.

Al final, el ahorro sigue siendo un valor noble indiscutible. Pero, antes de pedirle a la gente que apague la luz, primero debes apagar los focos de la contradicción en tu propia vida.

Solo entonces nadie te preguntará por el burro ni por la burra del alcalde, sino que apagarán la luz por convicción, y no por sarcasmo.

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