El investigador Ahmed Shaban Mohamed escribe: La Nación entre la imitación de Occidente y la huida al pasado... ¿Por qué se ha ausentado el Corán?
La crisis de la Nación (Ummah) hoy no radica en la falta de capacidades ni en la escasez de recursos; pues las naciones que nos precedieron en el camino de la civilización no eran ni más numerosas ni más ricas que nosotros.
Nuestra verdadera crisis es mucho más profunda... es una crisis de brújula.
Entre quienes se esfuerzan por imitar a Occidente en todo, creyendo que el progreso solo se logra siguiendo sus pasos, y quienes huyen hacia el pasado aferrándose a sus relatos hasta convertirlos en una referencia incuestionable, la Nación se encuentra perdida, sin saber qué camino tomar.
En medio de este conflicto entre la imitación y el estancamiento, el Corán se ha ausentado como metodología que unifica la visión y guía el camino.
Tal vez esto es lo que el Noble Corán expresó hace siglos al decir:
"Y el Mensajero dirá: ¡Oh, Señor mío! Mi pueblo ha tomado este Corán como algo abandonado". > (Al-Furqán: 30)
Abandonar el Corán no significa dejar de recitarlo, pues los ejemplares se leen en mezquitas y hogares; el verdadero abandono es dejar de lado su metodología de comprensión y acción, dejar de recurrir a él en las diferencias y omitir su papel como referencia que unifica a la Nación y orienta su rumbo.
Dios reveló el Corán para que fuera una aclaración sobre aquello en lo que la gente discrepa, y para que fuera una guía para la humanidad y un sistema que establezca la justicia y logre la paz entre los seres humanos. Si el Corán se convierte en un simple texto recitado sin transformarse en un estilo de vida, el resultado natural es la desunión y la discordia.
De aquí surge la gran pregunta:
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¿Cómo puede una nación dividida en la comprensión de su religión unirse en una palabra común?
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¿Cómo puede una nación portar un mensaje civilizador al mundo si es incapaz de acordar una referencia única que la agrupe?
El Noble Corán no fue revelado solo para ser un libro de bendiciones, sino que Dios lo envió como un libro de guía y un sistema de vida, que aclara a las personas sus divergencias y establece entre ellas la balanza de la justicia.
El Corán ha advertido que descuidar este papel podría llevar a que Dios reemplace a un pueblo por otro que porte el mensaje en el que los anteriores fallaron. Al mismo tiempo, Dios nos asegura que Su luz no se apagará, por mucho que algunos intenten extinguirla:
"Quieren extinguir la luz de Dios con sus bocas, pero Dios no permitirá sino que Su luz se complete, aunque a los incrédulos les pese". > (At-Tawba: 32)
De ahí surge la importancia de los esfuerzos intelectuales que buscan devolverle al Noble Corán su estatus como la referencia unificadora de la Nación y el verdadero punto de partida para construir la paz entre los hombres.
En este contexto, destacan los esfuerzos de la Fundación "Mensaje de Paz", liderada por el pensador árabe Ali Mohamed Al-Shurafa Al-Hammadi, que parten de una idea clara: el Noble Corán porta un mensaje universal basado en la justicia, la misericordia y la paz entre las personas.
Este proyecto intelectual busca redirigir la mirada hacia el Libro de Dios como la referencia suprema donde la humanidad puede encontrarse, resaltando los valores coránicos que llaman al respeto al ser humano, al establecimiento de la justicia y al rechazo de los conflictos religiosos y sectarios. Asimismo, trabaja en promover la cultura del diálogo entre pueblos y religiones, y en revivir el verdadero significado del Islam como un mensaje de misericordia para los mundos.
Esto armoniza con el claro llamado coránico:
"¡Oh, creyentes! Entrad todos en la paz (el Islam)".
La paz en el Corán no es un eslogan político ni un discurso emocional, sino una metodología divina integral para organizar la vida humana.
Hoy, en un mundo convulso por conflictos y guerras, la humanidad parece tener una necesidad urgente de esta metodología que restablezca el equilibrio en las relaciones humanas y ponga una base civilizadora para la convivencia.
La pregunta sigue planteada ante la Nación:
¿Volveremos al Corán para recuperar nuestra unidad y nuestro papel civilizador? ¿O seguiremos divididos y dispersos hasta que se cumpla en nosotros la ley del reemplazo?
La luz de Dios sigue su camino hacia la plenitud, pero el honor de portar esa luz no está garantizado para nadie.
O somos los portadores del mensaje... o seremos testigos de cómo se entrega a otros.
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