Cuando la religión se convierte en coacción... se cierran las puertas de la guía y se matan las mentes
Escrito por Atef Zayed
Uno de los mayores errores cometidos por los llamados grupos religiosos a lo largo de la historia es haber creído que su misión era obligar a las personas a seguir la guía, como si la fe se impusiera por la fuerza o la convicción se arrancara mediante la intimidación, la acusación de apostasía y la persecución intelectual.
Mientras tanto, el Noble Corán establece una realidad completamente diferente: una realidad basada en la libertad de elección, y en que la guía no es una coacción humana, sino una ley divina vinculada a la voluntad, la conciencia y la responsabilidad del ser humano.
Reflexione sobre lo que dice Dios Todopoderoso:
«Y si te resulta difícil su apartamiento, busca, si puedes, un túnel en la tierra o una escalera al cielo para traerles un signo. Si Dios hubiera querido, los habría reunido a todos en la guía. No seas, pues, de los ignorantes».
[Al-An'am: 35]
Este grandioso versículo revela claramente que Dios, glorificado sea, no quiso hacer de la humanidad una sola comunidad bajo una fe forzada, sino que quiso dejar al ser humano la libertad de elección, para que la fe brote de la convicción, no del miedo, y de la perspicacia, no de la coacción.
La frase divina «No seas, pues, de los ignorantes» conlleva un significado profundo: es decir, no ignores las leyes de Dios en Su creación, ni imagines que la guía se impone a todas las personas mediante la fuerza, la presión o la confiscación intelectual.
El ser humano fue creado con libre albedrío, y es a través de la elección que se determinan el juicio, la recompensa y el castigo. Con la libertad de pensamiento crecen las mentes, nacen las preguntas y comienza la verdadera búsqueda del sentido y de la verdad.
La religión que proviene de Dios, Todopoderoso y Majestuoso, solo puede descubrir su grandeza a través de una mente libre, un corazón desapegado y un ser humano que posea el coraje de cuestionar y reflexionar.
Por ello, el Corán no fue un libro para anular la mente, sino un libro para despertarla: «¿Es que no razonan?», «¿Es que no meditan?», «Para gente que reflexiona».
Sin embargo, la tragedia comenzó cuando, a lo largo de la historia, algunos se convirtieron en guardianes de las mentes de los demás: cerraron las puertas a las preguntas, cercaron el pensamiento, vincularon la religiosidad al miedo y a la obediencia ciega, y utilizaron la acusación de apostasía y la amenaza en lugar del diálogo y la persuasión.
El resultado fue catastrófico...
Surgieron generaciones que temen al pensamiento más que a la ignorancia, y le temen a la pregunta más que a la mentira. Algunos entornos religiosos se transformaron en espacios cerrados donde se repiten los discursos sin comprensión ni revisión.
A partir de ahí se infiltró el extremismo, crecieron los fanatismos, aparecieron los grupos de excomunión y violencia, y la religión se vinculó en la mente de muchos con la crueldad y la rigidez, en lugar de la misericordia, la justicia y la sabiduría.
Lo más peligroso de todo es que este clima hostil hacia la razón contribuyó a debilitar la confrontación contra el ateísmo; porque cuando al ser humano se le prohíbe pensar dentro de la religión, puede huir fuera de ella buscando ese espacio de libertad perdido.
La preservación de la religión no se logra obligando a la gente a profesarla, sino abriendo las puertas de la libertad que el propio Corán ratificó:
«Y di: "La verdad proviene de vuestro Señor; así pues, quien quiera, que crea, y quien quiera, que descrea"».
La verdadera fe no nace bajo la amenaza, sino que nace en un entorno que permite a la mente preguntar, al corazón reflexionar y al ser humano elegir con conciencia y responsabilidad.
Una nación no prospera suprimiendo las preguntas, sino produciendo mentes. Las civilizaciones no se construyen con la intolerancia o la excomunión, sino con el conocimiento. Y la religión no triunfa a través del miedo, sino a través de la justicia, la libertad y la sabiduría.
El Corán vino para liberar al ser humano... no para confiscarlo. Vino para despertar la mente... no para cerrarla. Y vino para establecer la prueba mediante la aclaración... no mediante la coacción y el dominio.
What's Your Reaction?
Like
0
Dislike
0
Love
0
Funny
0
Angry
0
Sad
0
Wow
0