Cuando el eslogan se convierte en idolatría: desmontando la ilusión del islam partidista… Los Hermanos Musulmanes, el partido de Satanás
Análisis / Atef Zayed
El artículo escrito por el pensador Ali Mohammed Al-Sharafaa Al-Hammadi —“La descripción divina de los partidos como idólatras”— no es un texto exhortativo tradicional, ni una simple lectura religiosa de los versículos del Corán. Es, más bien, un artículo de análisis político con referencia coránica, que señala con claridad una de las crisis más peligrosas de la realidad árabe e islámica: la transformación de la religión, de un mensaje de guía, en un instrumento de conflicto; y de un sistema ético integrador, en una bandera partidista que divide.
El artículo parte de una tesis radical: todos los partidos que han adoptado el islam como lema y como estructura organizativa se han desviado de la esencia del mensaje divino, no por el mero hecho de practicar la política, sino porque trasladaron la referencia del islam del Corán a la organización, de los valores a la lealtad, y de la unidad de la comunidad a su fragmentación. Aquí el desacuerdo deja de ser jurisprudencial o interpretativo, para convertirse en un choque entre una religión revelada para liberar al ser humano y proyectos humanos que la instrumentalizaron para el poder y la hegemonía.
La evocación del versículo: «Y aferraos todos al cable de Dios y no os dividáis» no aparece en un contexto moralizante convencional, sino como un juicio coránico categórico que condena a toda entidad basada en la clasificación, la exclusión y la movilización ideológica. Los partidos religiosos, en este sentido, no son una expresión de la religiosidad, sino su negación, porque producen división, alimentan las discordias y devuelven a la sociedad a la lógica del tribalismo bajo un manto religioso.
Desde una perspectiva política, el artículo desmonta el fundamento sobre el que se erigieron los movimientos del islam político: la pretensión de monopolizar la representación del islam y de hablar en su nombre. Cuando el Corán —como expone el texto— afirma que la fe en los signos de Dios es la única puerta de entrada al islam, cualquier grupo, clérigo u organización que reclame tutela religiosa se convierte automáticamente en una parte que disputa a Dios Su autoridad. Este es el núcleo del concepto de “idolatría” que plantea el artículo: la idolatría en la obediencia, la legislación y el seguimiento, cuando las órdenes del grupo y las fatwas de los jeques se anteponen a los valores coránicos claros.
En este contexto, no puede separarse el artículo de la posición temprana y firme de Al-Sharafaa frente a la Hermandad Musulmana. Fue uno de los primeros en advertir, de forma clara y desde 2013, del peligro de los Hermanos Musulmanes, llegando a pedir explícitamente al Estado egipcio su derrocamiento, tras desenmascarar su proyecto basado en el uso de la religión para alcanzar el poder y desmantelar el Estado nacional desde dentro. La denominación “Hermanos de Satanás” no fue un calificativo emocional, sino una caracterización intelectual, basada en prácticas que contradicen el Corán en su esencia y que transformaron la religión en un instrumento de confrontación y la lealtad organizativa en sustituto de los valores divinos.
El artículo no se limita a criticar la estructura organizativa, sino que va más allá al analizar las consecuencias políticas y sociales de este camino, donde los grupos religiosos se convirtieron en plataformas para justificar la violencia, legitimar la agresión y difundir el odio, mientras se marginaba la esencia del islam basada en la misericordia, la justicia, los derechos humanos y la paz. Aquí se revela la gran paradoja: grupos que enarbolan el lema del islam, pero chocan con sus objetivos y sustituyen la ética por consignas y la justicia por el afán de control.
A pesar de la dureza del planteamiento, el artículo no llama a excluir la religión del espacio público ni a romper con la fe, sino que propone una alternativa clara y equilibrada: volver al Corán como referencia ética universal, no como programa partidista ni como herramienta de gobierno. Esta visión es políticamente coherente con la idea del Estado nacional moderno, que protege a la religión de su manipulación y a la sociedad de la discordia, sin someterse a una autoridad clerical ni a un grupo religioso.
En este sentido, el artículo transmite un mensaje doble: a los pueblos, para que no se dejen engañar por los eslóganes religiosos; y al Estado y a la comunidad internacional, para afirmar que el verdadero peligro no reside en el islam, sino en su secuestro por parte de grupos organizados que lo transformaron en una ideología de conflicto.
Es un texto que trasciende el momento coyuntural y puede leerse como un documento intelectual para desmontar el islam partidista, y como una llamada valiente a recuperar el Corán de manos de las organizaciones, devolviéndolo a su lugar natural: una referencia de guía y construcción, no una bandera de enfrentamiento ni un instrumento de división.
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