Ali Muhammad Al-Shurafa Al-Hammadi escribe: Cuando la humanidad abandona la luz de Dios, la tierra se ve sumida en la injusticia y la destrucción
Las tragedias del mundo ya no son escenas aisladas ni conflictos pasajeros; se han transformado en una condición humana generalizada que revela una falla profunda en la relación del ser humano con la metodología de su Señor.
Sangre derramada injustamente.
Hogares destruidos sobre sus habitantes.
Niños asesinados a sangre fría.
Derechos que se pierden como si la misericordia hubiera sido arrancada de los corazones y la justicia se hubiera desvanecido de la tierra.
En el corazón de este oscuro panorama surge la pregunta fundamental: ¿Dónde está la luz que Dios descendió para guiar al ser humano? ¿Y dónde está el impacto del mensaje con el que fue enviado el Mensajero de Dios, Mahoma (la paz sea con él), para sacar a la gente de las tinieblas a la luz?
La revelación del Corán fue un punto de inflexión en la historia de la humanidad; no es solo un libro para ser recitado, sino una metodología de vida que conduce a la misericordia, la justicia y la paz. Dios Todopoderoso dice:
(Este es) un Libro que te hemos revelado para que saques a los hombres de las tinieblas a la luz, con el permiso de su Señor, hacia el camino del Poderoso, el Digno de Alabanza. (Ibrahim: 1)
Él es Quien revela a Su siervo signos claros para sacaros de las tinieblas a la luz. Ciertamente, Dios es con vosotros Compasivo, Misericordioso. (Al-Hadid: 9)
La paradoja del presente
Sin embargo, la realidad de hoy revela una paradoja dolorosa: las personas alzan lemas religiosos, pero en su comportamiento contradicen su esencia. Recitan los versículos, pero no establecen la justicia. Engrandecen a Dios con sus lenguas, pero la injusticia habita en sus actos. Hablan de misericordia mientras la crueldad gobierna sus tratos.
Parece que, para muchos, el mensaje se ha convertido en rituales formales y no en una guía de vida, a pesar de que Dios definió el camino con claridad:
Dios ordena la justicia, la benevolencia y la generosidad con los parientes; y prohíbe la obscenidad, lo reprobable y la opresión. Él os exhorta para que reflexionéis. (An-Nahl: 90)
Y no sembréis la corrupción en la tierra después de haber sido reformada. Invocadle con temor y esperanza. Ciertamente, la misericordia de Dios está cerca de quienes hacen el bien. (Al-A'raf: 56)
Las consecuencias del abandono
Lo que vemos hoy no es más que el resultado natural de abandonar esta metodología: corazones endurecidos, conciencias muertas y mentes carentes de reflexión. Así, los deseos mundanos se han impuesto, las narrativas desviadas han tomado el control y la luz ha sido bloqueada de las almas.
El Corán describió esta situación con una precisión estremecedora:
Y el Mensajero dirá: "¡Oh Señor mío! Mi pueblo ha tomado este Corán como algo digno de ser abandonado". (Al-Furqan: 30)
¿Es que no reflexionan en el Corán, o es que sus corazones tienen cerrojos? (Muhammad: 24)
Cuando el ser humano abandona la luz de Dios, el vacío no permanece vacío; lo llena el caos. Entonces, las leyes divinas del universo se manifiestan sin favoritismos, y los castigos descienden en diversas formas: guerras que lo devoran todo, desastres que sacuden la estabilidad y conflictos que desgarran a las sociedades.
Dios ha explicado estas leyes claramente:
A cada uno lo castigamos por su pecado. Contra algunos enviamos un viento huracanado, a otros los sorprendió el Estruendo, a otros hicimos que se los tragara la tierra y a otros los ahogamos. Dios no fue injusto con ellos, sino que ellos lo fueron consigo mismos. (Al-Ankabut: 40)
Una crisis de conciencia
Lo que ocurre hoy no es una excepción a esta regla, sino una extensión de ella. La corrupción que se ha extendido por la tierra es una creación humana que surge cuando el hombre se aparta de la guía de su Señor:
La corrupción ha aparecido en la tierra y en el mar por lo que las manos de los hombres han labrado, para hacerles gustar parte de lo que han hecho, a fin de que regresen (al camino recto). (Ar-Rum: 41)
No es solo una crisis de recursos o un conflicto de intereses; es, ante todo, una crisis de conciencia y una crisis en la relación con Dios. Cuando el comportamiento se separa de la revelación, la vida se convierte en un conflicto abierto sin valores que la gobiernen ni balanza que la equilibre.
El camino hacia la salvación
Aquí se completa la verdad: la luz que Dios envió para sacar a la gente de las tinieblas es la misma de la que se han apartado, regresando así a la oscuridad. La metodología que vino como misericordia, justicia y paz es la misma que han dejado, transformando sus vidas en angustia y miseria.
La crisis no radica en la ausencia del mensaje, sino en su abandono. No es por falta de guía, sino por el rechazo a ella.
El camino de la salvación comienza aquí: no con nuevos eslóganes ni con más conflictos, sino con un regreso sincero al origen. Un regreso al Libro de Dios para reflexionar, no solo para recitar; para actuar, no solo para pretender. Para establecer la justicia, revivir los valores de la misericordia y consolidar los significados de la paz.
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