Entre las doctrinas religiosas y las organizaciones políticas: un artículo del pensador Ali El-Shorafa encabeza el nuevo número de la revista "Kull Khamis"

Aug 27, 2026 - 11:28
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Entre las doctrinas religiosas y las organizaciones políticas: un artículo del pensador Ali El-Shorafa encabeza el nuevo número de la revista "Kull Khamis"
Hoy, jueves 27 de agosto de 2026, se publicó el nuevo número de la revista «Kull Khamis», editada por la Fundación Global Mensaje de la Paz.

El número abre con un artículo del pensador árabe Ali Mohamed El-Shorafa Al-Hammadi, titulado Entre las doctrinas religiosas y las organizaciones políticas, en el que sitúa su propuesta reformista en el centro de un debate contemporáneo fundamental: ¿cómo se alejó a los musulmanes de la referencia unificadora del Corán y se la sustituyó por referencias conflictivas que condujeron a la división, la politización y el conflicto? El autor enfatiza que la unidad de los musulmanes no es un lema político, sino un deber coránico basado en aferrarse al cordón de Dios y rechazar el sectarismo, el cual transforma la religión en una contienda por el poder y el botín, en lugar de ser una guía de orientación, justicia y prevención de la corrupción.


El artículo editorial explica que el mayor peligro de la división no radica en la diversidad de opiniones en sí misma, sino en la transformación de las diferencias en un partidismo doctrinal y sectario. Esto abre la puerta a la invención y falsificación de narrativas, generando una religión paralela que compite con el Libro de Dios como fuente de autoridad. Como resultado, las brújulas se multiplican, los criterios se pierden y la nación se vuelve más vulnerable a la polarización y la violencia. Por el contrario, el retorno al discurso divino restablece un rasero único que regula la fe y la conducta, preserva la vida y recupera el sentido de la hermandad y la compasión.

A continuación, el artículo «Ma Qala wa Dala» (Breve y conciso) sirve como una introducción enfocada al “Diálogo de visiones y metodología” sobre la tesis de El-Shorafa respecto a la nefasta división. El texto resume la esencia de esta idea: la fractura comienza en el momento en que la religión deja de ser una guía para la conciencia y se convierte en una pancarta de alineación política; el criterio de juicio se desplaza de los valores a la identidad, y de la justicia al lema, multiplicando las etiquetas sectarias y partidistas donde la afiliación se impone sobre la balanza de la reforma. Asimismo, destaca los mecanismos que generan la división en la vida cotidiana: fomentar el miedo a cuestionar, sacralizar a los intermediarios y convertir la fe en una “religión defensiva” que justifica la agresión y concibe la política como un botín. Su conclusión práctica sostiene que volver al Corán no significa anular la diversidad, sino reajustar el centro de gravedad hacia un texto sagrado que sea parámetro de justicia, compasión y prevención de la corrupción, y no un almacén de citas selectivas.

El número continúa con un expediente analítico que examina cómo la división se filtra en la sociedad a través del lenguaje cotidiano y los detalles de las relaciones interpersonales, cuando la dicotomía “nosotros/ellos” crea recelos en el saludo, las visitas, el matrimonio y el trabajo. Esto deriva en una ruptura generalizada que debilita la confianza y deja la puerta abierta para que cualquier pequeña chispa desencadene un gran conflicto. Se subraya que la discrepancia solo se convierte en hostilidad cuando los parámetros se multiplican según los intereses de cada grupo, momento en el cual desaparece el marco ético común y se atropellan los valores en nombre de la “defensa de la religión” o el “interés del grupo”.

Otro artículo desmonta la instrumentalización de la religión en la política, mostrando cómo las organizaciones con ropaje religioso se presentan como proyectos sagrados exentos de crítica, transformando la competencia política de un debate de programas a una lucha por la “legitimidad sagrada”. El análisis vincula la polarización con lo que denomina la economía del miedo y la fabricación de un enemigo permanente, proponiendo un camino de salida basado en el Estado de derecho, la neutralización de lo sagrado frente al botín del poder y la erradicación de las fuentes de polarización mediante la garantía de los derechos como tales, y no como “concesiones” de determinados grupos.

En un tercer eje, la edición aborda la discordia en las plataformas digitales y las guerras de pantallas, explicando que la agitación ya no requiere de un orador elocuente ni de un manifiesto extenso; basta un fragmento descontextualizado o un titular provocador para desatar olas de indignación que construyen certezas fanáticas e incitan a la violencia. El artículo advierte sobre los mecanismos de las plataformas para simplificar lo complejo, personalizar el conflicto y generar certezas instantáneas, e insta a desarrollar una “inmunidad digital” basada en la verificación, la comprensión del contexto y la distinción entre el texto sagrado y su interpretación, así como entre la crítica y la incitación.

Un cuarto artículo plantea la cuestión de la dignidad humana como un criterio revelador de la falsedad de la religiosidad violenta, afirmando que la violencia comienza con una idea que deshumaniza a la víctima antes de materializarse en las armas. Se vincula la protección del derecho a la vida con la erradicación de las fuentes de reclutamiento, dado que las organizaciones extremistas se nutren del victimismo generado por la falta de justicia y los castigos colectivos. Se concluye que situar la dignidad humana en el centro invalida cualquier legitimación del atropello, por más que se disfrace de consignas religiosas.

El número concluye con un artículo educativo que remonta las raíces de la discordia a las aulas y los programas escolares, antes que a los púlpitos y las calles. Explica que la división profunda se gesta en silencio en los salones de clase cuando se castiga la pregunta, se premia la sumisión pasiva y se presentan los textos como ritos desprovistos de ética o como batallas de identidad sin reflexión. El texto aboga por enseñar la reflexión profunda, la ética del desacuerdo, capacitar a los docentes en la gestión del diálogo e integrar la alfabetización mediática digital para evitar que el teléfono móvil se convierta en un instructor de odio en lugar de una herramienta de comprensión.

El consejo editorial de la revista Kull Khamis está presidido por el profesor Mohamed Al-Shantanawy.

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