Ahmed Shaaban Mohamed escribe:Una lectura profunda del artículo del pensador árabe Ali Muhammad Al-Shurafa Al-Hammadi: "El golpe temprano contra el Corán y cómo se perdió la Nación desde el primer momento"
Este artículo representa un grito intelectual audaz que reabre una de las preguntas más peligrosas y silenciadas en la historia de los musulmanes: ¿Se perdió la nación (Ummah) debido a la debilidad del texto fundacional, o debido al golpe temprano contra su autoridad de referencia?
La respuesta que plantea el pensador árabe Ali Muhammad Al-Shurafa Al-Hammadi es clara y contundente: el Corán no desapareció de las páginas de los libros (Masahif), sino que se ausentó del gobierno, la legislación, la política y la gestión de las relaciones humanas. Fue precisamente ahí donde comenzó la catástrofe.
El punto de inflexión histórico
El artículo parte de un momento crucial en la historia islámica: la muerte del Profeta (la paz sea con él), cuando los musulmanes pasaron de la etapa de la revelación directa a la etapa de la prueba práctica. Se suponía que el Corán sería el juez, la balanza y la referencia; sin embargo, la nación se sumergió rápidamente en conflictos políticos y sangrientos que revelaron que el compromiso con el Corán no se había transformado en un sistema de gobierno sólido ni en una cultura de gestión justa.
Lo más grave que revela el texto es que la crisis no radicó en la existencia del desacuerdo —ya que la divergencia es una ley humana natural—, sino en la ausencia de la autoridad coránica gobernante al gestionar dicho desacuerdo. El Corán ordena la justicia, la consulta (Shura), la santidad de la sangre y la unidad de las filas; no obstante, la realidad histórica tomó un rumbo diferente: el poder se convirtió en el eje del conflicto y, más tarde, se embelleció esta historia denominándola la etapa de la "rectitud guiada" (Rashid), a pesar de haber sido testigo de asesinatos, guerras internas y grandes divisiones.
Deconstrucción de los conceptos heredados
De ahí proviene la audacia del artículo al deconstruir los términos heredados. El autor se niega a que se otorgue el atributo de "rectitud" a una etapa plagada de derramamiento de sangre y luchas por el poder. En la balanza del Corán, la rectitud no se mide por el nombre de las personas ni por la santidad de las épocas, sino por el grado de compromiso con:
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La justicia y la preservación de los derechos.
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La inviolabilidad de la vida humana.
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La prevención de la tiranía.
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El retorno de los asuntos al Libro de Dios.
El artículo se detiene en los sucesos de la guerra contra quienes se negaban a pagar el azaque (Zakat), considerándolos una señal peligrosa de la transformación de la religión de una relación libre entre el ser humano y su Creador a una autoridad coercitiva. Los actos de adoración son, en su origen, una obligación de fe cuya rendición de cuentas pertenece a Dios; convertirlos en un motivo de guerra significó abrir la puerta al uso de la religión como una herramienta política. El autor considera que este punto contribuyó a establecer un largo camino de confusión entre la fe y la obediencia al gobernante.
El Corán: Entre el ritual y la aplicación práctica
Luego, el artículo pasa a la gran conclusión: el Corán pasó en la vida de los musulmanes de ser un libro de guía, legislación y construcción social, a ser un libro de mera recitación, bendición y rituales, mientras se ausentaban sus propósitos prácticos de justicia, misericordia, libertad, seguridad y paz. Aquí el escritor pone el dedo en la llaga de la tragedia: el problema no es que los musulmanes no lean el Corán, sino que no recurren a él para construir su realidad.
Uno de los puntos más sólidos del texto es que vincula esa primera desviación con los resultados históricos posteriores: las conquistas que se apartaron del espíritu del Corán, los conflictos dinásticos, el gobierno monárquico absolutista, la fragmentación sectaria y, finalmente, la realidad contemporánea con su debilidad, división y dependencia. Es como si el artículo dijera que lo que vivimos hoy no es un hecho fortuito, sino el fruto de un largo proceso que comenzó cuando el Corán pasó de ocupar una posición de liderazgo a una posición de mera búsqueda de bendición.
La pregunta central que se plantea no es solo de índole histórica, sino una interrogante para el presente y el futuro: ¿Tenemos la valentía de regresar al Corán como la autoridad gobernante y de referencia, y no meramente como un texto sagrado que se recita en ocasiones especiales?
Un proyecto de salvación civilizatoria
El llamado del pensador árabe Ali Muhammad Al-Shurafa Al-Hammadi aquí no busca destruir la historia, sino liberar la mente musulmana de la sacralización de los errores históricos. Las naciones no prosperan embelleciendo sus tragedias, sino cuando poseen la audacia de revisar su rumbo, distinguiendo la religión divina de la práctica humana, el Corán de las narraciones tradicionales, y la ley divina de las interpretaciones políticas y del poder.
El artículo concluye con un mensaje sumamente claro: el Corán sigue preservado en nuestras manos, pero lo importante no es la conservación del texto en el libro, sino devolverlo a su lugar de liderazgo en la vida. O bien el Corán es juez, referencia y metodología, o bien la nación seguirá girando en el mismo círculo vicioso: desacuerdo, división, tiranía y extravío, seguido de la eterna pregunta: ¿Por qué nos hemos quedado atrás?
Es una lectura que no pretende condenar el pasado por el simple hecho de hacerlo, sino salvar el presente y el futuro de la continuidad de ese mismo defecto. El regreso al Corán no es un eslogan religioso, sino un proyecto de salvación civilizatoria que comienza con la liberación de la autoridad de referencia, la corrección de la conciencia y la reconstrucción del ser humano, el Estado y la sociedad sobre las bases de la justicia, la misericordia y la paz.
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